Los aportes de la promoción al arte

Enviado por Eduardo Herrera el Vie, 05/03/2021 - 10:21
Cultura

La promoción y la publicidad estimulan, legitiman y protegen la obra de un artista. Pueden diseñarse por las instituciones culturales, por iniciativa privada o por el impulso personal de los creadores. La publicidad, a pesar de tener un amplio alcance, es pagada y por lo general, en nuestro país, la forma de comunicación que prevalece para influir en los públicos es la promoción.

Esas campañas promocionales en defensa del arte y sus creadores se esbozan desde las institucionales culturales que acompañan al artista; aunque cada creador también puede trazar sus propias acciones para generar interés sobre su obra en los diferentes segmentos de audiencia.

La promoción del arte no es un fenómeno novedoso; se tiene constancia de él desde el siglo XV y XVI, cuando surge la concepción del “artista”, a partir de la noción renacentista del hombre y el mundo, distinta del anonimato y la religiosidad del arte medieval. Incluso, desde la Roma Antigua, ya funcionaba el mecenazgo, o sea, el patrocinio a artistas y escritores. Pero, lógicamente, el suceso ha evolucionado con los siglos.

Hoy, los contenidos promocionales se divulgan en los medios de comunicación, en las plataformas digitales y las redes sociales, por comunicadores, especialistas, promotores culturales; y por supuesto, por los mismos autores. Nuestras instituciones subvencionan exposiciones, puestas en escena, libros, conciertos, y coleccionan obras, lo cual representa una ayuda económica a la creación. Igualmente, ofrecen becas y premios, que también contribuyen financieramente a la producción artística. En la medida en que estas entidades se convierten en promotoras, incentivan a más artistas a continuar creando y, a los públicos a tener un mayor acercamiento al arte.

El valor de la promoción para el arte es inestimable, ineludible, indispensable. La promoción ayuda a los artistas a insertarse en el mercado, de hecho, es la única forma para hacerlo, ya que por mucho talento q posean los hacedores, el arte “engavetado”, desconocido, no cumple su objeto social y su fin: proporcionar disfrute estético y sensibilizar al público. Algunos pensarán que la crítica de arte también posiciona al artista dentro del mercado, pero ¿acaso la crítica (sea negativa o laudatoria) no es también promoción?

En la medida en que sea efectiva la campaña promocional, aumentará la demanda del público por el producto artístico; lo que favorecerá con creces la legitimación de la obra, y el esfuerzo de su artífice por madurarla en su concepción. Así también, cuando el artista se autopromociona, despierta en él la creatividad y la transdisciplinariedad.

La obra de arte necesita la promoción para llegar a los públicos, venderse, autentificarse. Sin promoción, la obra es solo un evento personal; con ella, se vuelve un acontecimiento cultural.

Por Yanetsy Ariste
Tomado de www.rguama.icrt.cu

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