YA ES EL CUARTO ANIVERSARIO

Cuarto AniversarioLa Tertulia “Figuras Pinareñas” en su segunda edición veraniega trajo a su espacio a los poetas Luis Figueroa y Raúl Tortosa en su cuarto aniversario.

La librería Raúl Cepero Bonilla y el Proyecto Ateneo sirvieron de marco para esta simbiosis que se produce ahora entre el programa de Lecturas de Verano que lleva adelante el Instituto del Libro y el espacio que recuerda a los pinareños más destacados por su aporte a la sociedad y su historia, desde aquella tertulia inaugural dedicada exactamente en agosto de 2003, al hombre de valía que fue Efraín Martínez Andréu y vio desfilar en estos cuatro años a otros intelectuales, patriotas, héroes, científicos, médicos y pedagogos, artistas de renombre, pinareños y pinareñas en fin, que han contribuido y contribuyen aún con el engrandecimiento de la patria chica, de la provincia amada, de la entrañable Ciudad.

Y esta Tertulia no varió sus objetivos al dedicarse a dos pinareños destacados en la literatura y en el servicio prestado a la sociedad, que hace cuarenta años, junto a sus primeros versos ya aportaban valiosa contribución a las tareas más dignas y consecuentes de la sociedad pinareña y como parte de la primera generación de poetas de la Revolución, se nuclearon en torno del primer taller literario provincial primero y como fundadores después de la Brigada que recordaba a sus hermanos mayores Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, antecesoras ambas de la actual Asociación Hermanos Saíz.

Precisamente Luis Figueroa es el autor de aquel breve poema publicado en la primera edición del Boletín “Juventudes” de la Brigada Hermanos Saíz titulado “A mis hermanos mayores”: “Esos hermanos de siempre/nos llevan de la mano/con flores de sangre en el pecho/regando el perfume más próximo al combate/con hermosos corazones en las manos/ para querer limpiamente/ la historia de esta tierra/donde germina la semilla-plomo./ Para que hablemos primero/Para convencer después, /Esos queridos hermanos de siempre/Que han dejado un recuerdo/Candente como sus propios cuerpos”.

Y justamente, fiel a sus palabras y consecuente con sus ideas, Figueroa se ha convertido en el máximo divulgador de la obra de los Hermanos Saíz y formando parte de un colectivo de autores primero y más tarde de manera personal ha publicado dos volúmenes antologando la obra de los hermanos mártires de San Juan y Martínez, el más reciente presentado durante el acto conmemorativo de sus muertes en este 50 aniversario.

Y si se trata de Raúl Tortosa Rodríguez el otro miembro generacional que arriba a sus sesenta años con la satisfacción de la labor realizada como hombre, revolucionario, padre y compañero... como artista e intelectual consecuente con sus principios que lo llevarían al cumplimiento de misión internacionalista a la tierra de sus ancestros, esos que en la piel y las creencias lo marcaron para que defendiera la identidad y el carisma del cubano orgulloso de sus raíces...y se hizo poeta y pedagogo, destacándose en ese servicio útil de moldear y guiar a las nuevas generaciones desde sus talleres literarios -que desde los ochenta lo convirtieron a él en una verdadera institución pinareña dentro de la institución de la Cultura- ...¿Qué decir? Sino que esta Tertulia “Figuras Pinareñas” sería una trampa, como diría Tortosa “Hay ciertas trampas en las que en nombre del amor he caído”, porque se respiró amor fraternal en esta tarde del miércoles con ese desenfado de la conversación entre amigos.

De Tortosa, por su último libro, escribí en reseña similar a esta lo siguiente: “Lo que me satisface de este nuevo libro de Tortosa, es su apego a la fuerza que lo impulsa desde siempre: la honestidad del artista que no brinda gato por liebre, que no plagia, ni siquiera en estos momentos en que incluso escritores considerados de valía (gracias a la crítica “de hierro colado” que padecemos), se escudan en las permisiones de la postmodernidad y el más reciente “corta y pega” de Internet para “vendernos” su obra”.

Fiel a sí mismo, al rigor expresivo, a la palabra sin hermetismos, acusando “una implicitación de original sugerencia en reclamo de lo estético y moral con una rica dosis de organicidad” - como escribe el fraterno Lorenzo Suárez-, Tortosa no es el “guajiro natural”, pero sí el “poblano natural” de nuestros lares, el poeta de la ciudad, el pinareño que ha hecho del oficio de maestro y de poeta uno solo y lo ha encarnado, con la pasión de individuo que comparte lo sabido y aprende de todos. Es ya una institución dentro de otra institución que antecedió, desde sus talleres literarios en la década del ochenta”.

“Por eso confío en que este no sea su último libro y que en el próximo, arranque con esos poemas que me hacen pensar en la grandeza de mi amigo cuando escribe sobre Las trampas de la vida, o nos lega un Aviso y se despide con una oración que titula Bienaventurados, ante la cual sólo nos queda decir: amén”.

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