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LA
COLONIA JUDÍA DE PINAR DEL RÍO Y
SU VÍNCULO CON LA MASACRE DEL SAN LUIS
(EN EL 66 ANIVERSARIO DE UNA SÓRDIDA HISTORIA)
Llevado
del ardor patriótico, uno de los tantos
adolescentes pinareños que vivieron la
época heroica de la Guerra de Independencia
organizada por José Martí, se alistó
en las filas de la Revolución y lo hizo
nada menos que a las órdenes del Generalísimo,
como parte de su escolta.
El 9 de marzo de 1897 fue herido en combate, durante
la acción de Santa Teresa, la cual fue
librada por Máximo Gómez en persona,
quien le apodaba cariñosamente, “el
cabito de su escolta”, aunque ya para esa
época ostentaba la graduación de
sargento.
El General Bernabé Boza, Jefe de Estado
Mayor de Gómez, nos da la noticia en su
Diario de la Guerra cuando narra la acción;
luego de hablarnos acerca de la forma temeraria
en que el General marchó al frente del
ataque con su escolta, en aquel rudísimo
combate que duró dos horas, nos dice que
en la escolta se lamentaron varios heridos, entre
los cuales destaca al alférez Juan Felipe
González y al sargento Manuel Benítez,
“el cabito”: “que es un niño
habanero de quince años que se para donde
lo hacen los hombres”.
No es la única vez que las páginas
de la Historia grande recogen el nombre de este
pinareño nacido realmente en Puerta de
la Güira; y por ello lo encontraremos más
tarde como Coronel y ya en la República,
como Jefe del Distrito Militar de Pinar del Río,
hasta que fue depuesto a mediados de la década
del 30 del siglo pasado... en mayo de 1939, época
en que se vincula con la historia que nos ocupa,
era Jefe del Departamento de Inmigración
de la República. Él es, punto de
enlace entre un acontecimiento internacional y
nuestra historia local.
Me refiero a la masacre del San Luis, como ha
querido que se titule esta estampa, quien me aportó
mucho de la información que aquí
brindo, el consultor Hebraísta Jorge del
Valle y González.
Este hecho, de connotación universal, tiene
que ver con la Colonia Judía de Pinar del
Río, o “el Reparto Benítez”,
el cual, la prensa de la época y la nota
propagandística sobre sus “bondades”,
lo presentaba como “una zona fresca y saludable
para adquirir su vivienda, en la parte alta del
noroeste de la Ciudad Capital de Pinar del Río,
al final del Paseo de la Alameda, muy próxima
al Hospital Civil y al recientemente inaugurado
Hospital de Maternidad, con una bella vista sobre
las vegas de El Guayabo y de El Cangre, contra
la cual se estampa, al fondo del paisaje, más
allá del valle del silencio, el mítico
Cerro de Cabras”. Allí se establecería
la colonia de los Judíos, esas propiedades
serían compradas por los protagonistas
de la masacre del San Luis... esas casas fueron
construidas para los que nunca llegaron...
Veamos el entramado del hecho... aquel buque trasatlántico
llamado el San Luis, el cual transportaba hacia
la Isla de Cuba a un nutrido grupo de judíos,
930 de ellos con visado oficial, que huían
de Alemania, buscando su libertad, fueron, luego
de surtos en el Puerto de La Habana, rechazados,
reenviados a su país de origen, traicionados,
vendidos a la muerte o al destino incierto. En
principio, sus visas fueron extendidas por Manuel
Benítez y sus destinos concluirían,
según contrato, en nuestra ciudad, en esa
colonia o reparto construido para ellos.
Esa ilusión fue masacrada, esa esperanza
lo fue también; sus protagonistas lo serían
en su mayor parte; y pocos sobrevivieron del campo
de reconcentración al que fueron confinados
a su regreso a la nación del Fürer.
Recientemente,
conmemorando el aniversario 66 de esa tragedia,
se repuso un filme por la televisión cubana,
que nos acercó a los intensos dramas personales
de algunos de los condenados, de aquellos que
atisbaron nuestras costas como el paraíso,
como la tierra prometida y en el último
minuto, cayeron al abismo del cual huían.
El investigador Jorge del Valle nos dio su apreciación
al respecto de toda la intríngulis del
asunto durante una extensa charla, de la cual
hacemos la presente síntesis:
“Yo
creo - nos dice – que hay varios personajes
en esta sórdida historia que pueden cargar
con la responsabilidad que todavía hoy
le atribuyen a Manuel Benítez; y resulta
injusto, o al menos desacertado acusarlo a él
de engaño a los judíos en esta situación,
él no es el máximo responsable de
lo ocurrido, incluso, quizá ni supiera
que se estaba fraguando tal medida, la cual era
netamente gubernamental. Por otra parte, el enlace
con los judíos que pagaron sus visas y
firmaron el contrato, fue el señor Berenson,
judío también, fue él quien
obtuvo la autorización de Benítez
para las 930 visas que fueron vendidas entre 500
y 700 dólares cada una; y Berenson era
además el nexo con las restantes autoridades
cubanas, Fulgencio Batista entre ellas... probablemente
el Presidente Laredo Bru, quien debió firmar
el decreto de devolución no haya tenido
parte en la decisión, ello debió
fraguarse entre el embajador norteamericano y
Batista...
Yo estoy casi seguro – insiste este investigador
– que Manuel Benítez no tomó
parte de ese sucio asunto; incluso él era
amigo personal de muchos judíos y aunque
se beneficiaba del negocio, tal y como había
aprendido de su maestro en esos asuntos, el también
judío – de origen ruso – Jacobo
Básker Wolf, él no hubiera sido
capaz de tal decisión. Pienso además,
que la inteligencia norteamericana no informó,
por desconocimiento, negligencia, o maquinaciones
propias de esa turbia institución, acerca
de la real situación existente en Europa
y particularmente de los judíos en Alemania,
a partir de 1936; quizá un informe oportuno
a la Secretaría de Estado o al Presidente
Roosevelt, hubiera cambiado el destino de El San
Luis. El embajador yanqui en Cuba pudo haber actuado
en su trato ingerencista habitual, sin órdenes
de su administración... me llama la atención
– continúa diciendo Valle –
que unos meses antes, se había permitido
la entrada a puerto norteamericano de un buque
cargado de judíos, entre los cuales, la
familia Kissinger introdujo un adolescente que
más tarde ha llegado a influir tanto en
la seguridad interna y en la política exterior
de los Estados Unidos y es considerado como uno
de sus “tanques pensantes”, me refiero
a Henry Kissinger”.
Este
acucioso investigador nos demuestra que tiene
mucho más que aportar al respecto de esta
historia mostrándonos documentos de primera
mano, donde incluye uno de los visados, prensa
de la época, fotografías y todo
un cúmulo de informaciones y anécdotas
que bien pudieran recogerse en un libro ciertamente
revelador, aunque nos limitemos ahora a esta breve
estampa.
Queden pues sus palabras como una de sus verónicas
esta vez clavada en el cuello taurino de la historia
oficial sobre este sórdido asunto... y
queden las nuestras, en ese tránsito que
recorremos en cada Estampa de la Vueltabajo entre
la historia y el mito, y entre éste y la
realidad misma en que se inserta; respondiendo
esta vez al porqué del nombre de ese espacio
que pertenece a uno de nuestros consejos populares
urbanos que para muchos fue “La Colonia
Judía” o “El Reparto Benítez”.
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