|
AIRES DE CARNAVAL EN VUELTABAJO
Ahora cuando se respira de nuevo aires de Carnaval en la Ciudad de Pinar del Río, esta vez, con el firme propósito de que sean como fueron aquellos de los años sesenta, -década que no sólo fue prodigiosa para la música- acuden a nuestra mente aquellas elecciones del estrellato femenino que luego presidiría las bellas carrozas en los Paseos carnavalescos a lo largo de la Calle principal, con sus aceras ocupadas por sillas de tijera en minúsculos palcos improvisados, desde los cuales los pinareños con su familia podían ir a verlas pasar y lanzarles serpentinas o recibir las que desde las propias carrozas lanzaban a diestra y siniestra las bellezas elegidas. En otras carrozas, haciendo derroche de imaginación, entidades o empresas de importancia en coordinación con las organizaciones de masas enriquecían el ya grandioso espectáculo, no sólo con vehículos similares sino con la organización de las comparsas que arrollaban tras sus carrozas, comparsas que eran asesoradas por la Dirección de Cultura la cual adicionaba a sus artistas profesionales y aficionados como bailarines, faroleros, payasos, saltimbanquis o titiriteros y muñecones.
Y detrás, el pueblo mismo cerraba el desfile arrollando con la conga que arrastraba a todos con el sonar de tambores y tumbadoras y la corneta china.
Con disfraces los llamados “mascaritas” jaraneaban con los espectadores y todo era jolgorio y música; y pitos y matracas hacían de las suyas, sobre todo gracias a los infantes.
Más tarde, al concluir los paseos, en ambos extremos de la Calle principal se amenizaba el baile para jóvenes y adultos y una que otra calle lateral se prestaba para la improvisación de restaurantes al aire libre para ser atendidos por los trabajadores de Rumayor y de El Criollo, mientras los restaurantes citadinos magnificaban sus ofertas, así como los centros culturales y otras instituciones.
Tanto el primer Carnaval luego del triunfo revolucionario, aquel de 1960, como los sucesivos y sobre todo aquellos de 1965 y 1966 quedan en la memoria de los pinareños de entonces y de hoy, como los que debemos rescatar en las presentes y futuras fiestas carnavalescas y superarlos luego, porque junto a nuestras fiestas tradicionales, aquellas de Los Bandos, del siglo XIX, o las Verbenas de principios del siglo XX dedicadas al Santo Patrón o aquellas de la década del cuarenta dirigidas por el Comité Todo por Pinar del Río, en las cuales no sólo se retomaba lo mejor de las anteriores, sino que se impulsaba la Fiesta de los Barrios, haciendo confluir todo el festejo en La Feria de San Rosendo…todas ellas contribuyeron al enriquecimiento espiritual del pinareño y constituyen patrimonio intangible de la localidad.
Foto de David Ortega Rodríguez
|