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La
Sobrevida
Al
lector:
Esta
colección de poemas resulta un inventario.
Recoge obras creadas entre 1970 y 1985, que integraron
diversos cuadernos, los cuales fueron premiados
en diferentes concursos, lejos de la posibilidad
real de ser publicados.
Ahora, gracias al empuje editorial que nos convoca,
verán la luz estos textos con los cuales
tenemos una deuda. Textos que se empeñan
en llamarnos la atención como reales sucesos
del entorno individual del autor, concebidos años
atrás, pero que se proyectan sobre las
líneas sonoras de la espiritualidad para
recibir, al margen o a favor del tiempo, la ciudad
en un verso urgente, el hombre tras sus huellas,
la vida como un estilo inevitable.
Fiel a su generación, el autor invoca el
coloquio en su tránsito por las finas ligaduras
de la poesía. Digamos que se advierte cierta
ironía en los poemas que abren y cierran
el cuaderno, e incluso, algún humor en
poemas como "Calles de mi pueblo natal".
Predominan sin dudas el razonamiento, la idea,
el concepto; aunque la temática amatoria
se carga de lirismo. Se advierte, por último,
que se ha mantenido la línea temática
que recorre como en todo primer libro lo civil,
lo amatorio, lo elegíaco y la poética.
Descarga emocional y búsqueda de estilo
es todo inventario que persigue como este, decir
presente. Hoy , al asumir su lectura, ¿colección
del recuerdo?, ¿poesía ajena a las
"Calles de mi pueblo..."?. Nada, nada
es ajeno.
Así, como surge este proyecto, surgirán
otros más con el necesario signo del enriquecimiento
y la justa paciencia del artista.
Pinar
del Río, mayo 2000.
Emilio Caro Reyes.
Selección de
poemas
Convergencia
Si
dos pueden ser uno somos nosotros.
Cuando
duermo contigo ya no eres tuya
y mi cuerpo es una parte de los dos.
Tú
a quien tantas veces en la noche busco
conoces el fuego
que por tu culpa nace dentro de mí.
Me
has dado tu boca y el placer de tu carne
y ahora que respiramos suavemente
y hundimos en el techo nuestros ojos,
pensamos en otros amantes,
sin techo que mirar así,
bajo bengalas, que a la luz de sí mismas,
iluminan edificios en la noche bombardeada.
Porque
aquí donde nos amamos
todos los días pueden encontrarse
las gentes que se conocen.
Pero
en el país
donde esos amantes repiten nuestros actos
cada mañana,
al salir a las calles
pueden encontrarse muertas
las gentes que hasta ayer se conocieron.
Una rabia sordísima me asalta y tú
lo notas.
Mi dulce compañera,
sincronicemos nuestros relojes
por los amantes de Beirut.
Mi
querida musulmana,
el enemigo del amor es insaciable,
pero ya construiremos un techo imposible para
sus
balas.
Esta mujer
Esta mujer es mía,
lo supe en el pasado
la noche que velaba el sueño de la tribu
y fui sobre sus ancas.
Fue
mi botín de guerra en la Ciudad de Tiro.
Por
ella corté el Nudo Gordiano,
batallé en las Cruzadas...
para ella buscaba el Santo Grial.
Fui
quemado por hereje en la hoguera de su pelvis,
crucificaron su cuerpo sobre el mío.
Esta
mujer se sublevó conmigo,
por ese entonces rompíamos los instrumentos
y no nos dejábamos comer por las ovejas,
fuimos al nuevo mundo
y el siglo de las luces nos llenó de esperanzas.
Esta
mujer es mía,
desde su forma de bestia o de naranja
su valor de uso es apreciable...
sus efectos,
sus lágrimas,
sus actos desesperados,
su luz, su desnudez,
esta mujer fue mía hasta el disparo.
Mi esposa
¿Dónde pace el rebaño de
sus sueños
cuando duerme a mi lado esta mujer?
Como un árbol entre piedras
así es mi amada entre todas,
bajo su sombra
me acosté complacido
y su fruto fue dulce hasta dolerme;
desde entonces,
sus senos
son dos potros
galopando en el llano de mi pecho.
Crece desde su cuerpo la luz,
alcanza para todo esta mujer.
Los besos de su boca
son más dulces,
que el café que me brinda en las mañanas.
Su nombre es un perfume que me sigue,
del hogar calentado por sus manos,
al trabajo repleto por su ausencia.
Su
amor es un pan inagotable.
Cuando
me ataca el mundo por sorpresa,
yo apaciento mi bestia entre sus lirios.
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