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  Actualizado el 28 de enero del 2009
 

Curiosidades

RAMILLETE DE CURIOSIDADES PINAREÑAS

Por Gerardo Ortega Rodríguez

  • El parque de La Independencia, ya centenario, nos recuerda a “La Mejorana”, aquel lugar donde en 1895 se reunieron nuestros tres grandes de la Historia. En él se unen Maceo, Máximo Gómez y Martí, esta vez en el nombre de tres calles. Ellos, como se sabe, no llegaron a la independencia, ni siquiera Gómez, que estuvo vivo, izando la bandera, porque la independencia verdadera llegaría mucho después. Estas calles, con sus nombres, sí llegan a ella.
  • Si a usted le preguntan de quién es el caballo blanco de Maceo, en cualquier lugar de Cuba, puede pensar que se están burlando, pues en la pregunta ya está la respuesta; o si le piden que diga cuál es el color del caballo blanco de Maceo. En ambos casos, es obvio que el caballo es de Maceo y que su color es blanco. Pero, en Pinar del Río, la respuesta es otra... porque el caballo no es caballo, sino bodega; no es blanco, pues está pintado de azul y no es de Maceo, sino de la empresa de Comercio (aunque, está en una de las esquinas de la calle Maceo).
  • La exigencia por la construcción de azoteas, sobre todo a partir de 1922 para los inmuebles de las principales calles de la Ciudad de Pinar del Río, llevó a una solución intermedia que consistió en la construcción de “falsas azoteas”; es decir, de portal de placa, solamente, con una baranda (más bien veranda) remedando balcón. Por circunstancias que sería extenso explicarlas, hay en Pinar, en una de sus calles principales, la más importante, sobre lo que hoy es Academia de Ajedrez y antes Club Pinareño Rafael Morales, una azotea con baranda de metal, la única. Fue trasladada y no construida para allí, por eso el 1883 que presenta, formado por el propio dibujo del enverjado, no se corresponde con la fecha de la construcción de la falsa azotea ni del inmueble.
  • Hay en la ciudad de Pinar del Río una tinaja, más bien un tinajón de Camagüey. Sería prolijo el explicar cómo vino o por qué se trajo para ser colocado ahí, en el jardín de lo que es hoy la sede de la Federación de las Mujeres Cubanas en nuestra Ciudad; pero, podemos sintetizar diciendo que el amor que sentía el esposo por la mujer que en esa casa compartía su vida y el deseo de aliviar la nostalgia de su compañera por el terruño camagüeyano, fueron los elementos que influyeron para que el tinajón viniera a estar con nosotros y ya cumpla casi su media centuria en ese lugar.
  • La recurrencia histórica no sólo se da por coincidencias marcadas ex profeso, es decir, intencionadamente. A veces, por olvido de una de las partes, o sea, por no conocer que ya se había hecho lo que ahora se hace, ocurren sorprendentes coincidencias. La “globalización” ha influido para que algunos establecimientos nuestros se titulen como en otros lugares y desde hace mucho así se llaman –incluso, en Marianao, desde hace mucho uno se llama así: “Café Raúl”- pero realmente “cafetería” es lo usual para nosotros. Es cierto también que “el Café” trasciende las posibilidades de “la cafetería”; pero, de lo que se trata aquí es de decir que el “Café Pinar”, no surgió recordando que muy, pero que muy cerca, hubo una torrefactora del “Café Pinar”, de Camoira, más bien de Trueba y Camoira... y tan cerca, que el olor dulzón que queda en la memoria de muchos pinareños impediría disfrutar del lugar, que por cierto, como zaguán de casa patriarcal tiene historia mayor y de mucha enjundia.
  • Otra recurrencia que quiero compartir con ustedes es la siguiente: Resulta que la esposa del Oficial Mambí Alberto Herrera, cuyo busto estuvo emplazado algún tiempo en el parque donde hoy está el de pioneros, estableció “una cocina colectiva”, es decir, un lugar para dar comida a necesitados, (a los empobrecidos por las calamidades de la guerra y a otros pobres pinareños)... el lugar seleccionado, salvando las enormes diferencias por supuesto, está muy, pero que muy cerca, del seleccionado ahora para el expendio de “cajitas de comida” que allí se estableció, al fondo de la actual Casa de Cultura... sin conocerse este antecedente por los implicados.
  • Pinar del Río, además de estas curiosas recurrencias, tiene en su historia nombres con una carga de ironía que hace recordar aspectos de la idiosincrasia española, el canario menos querido de los canarios, el escritor Benito Pérez Galdós, da suficientes muestras de esa ironía en su obra. Pues bien, Pinar del Río no tuvo ómnibus hasta muy entrado el siglo XX y aún entonces los primeros eran tirados por mulas, no eran de motor... sin embargo, uno de los primeros periódicos se llamó así y era la década del cincuenta del siglo XIX.
  • Otra ironía pinareña en su historia, relacionada con los nombres, está dada por su primer taller de impresión capaz de imprimir con una calidad extraordinaria tanto el periódico como los volantes y programas del teatro, las tarjetas, invitaciones y cuanto material se le solicitara por los pinareños de entonces. El nombre del establecimiento gráfico, del taller, era “El Ferrocarril”, pero este llegaría más de veinte años después, en abril de 1894 a esta Ciudad.
  • También resulta irónico que haya comenzado a llamarse popularmente “Yagrumas”, (la calle que lleva el nombre de un hermano de Isabel Rubio: Antonio Rubio), después que fueron cortadas las yagrumas; y que en muchos pinareños quede la costumbre de llamarle “la esquina de La Ceiba”, a la que tuvo ceiba y bodega con ese nombre, en La Alameda, aunque ellas no estén desde hace tiempo.
  • La ironía más evidente en cuanto al nombre de las calles es la de “Virtudes”, la cual fue una especie de “zona de tolerancia judicial” y en la esquina de “La Chafarina”; y en todo el segmento conocido por “La California” realmente no se practicaban tales “virtudes”.
  • Algunos inmuebles pinareños, construidos inicialmente como viviendas enormes, tienen trece columnas. Su constructor por encima del precio ajustado, pedía trece onzas de oro, porque –según explicaba- colocaba una bajo cada columna. Eran trece, porque de este modo hacía una alegoría a la última cena de Jesús con sus doce apóstoles. Pero, no vaya usted a comprobarlo tumbando alguna columna, porque ya cierto señor desconfiado lo hizo y no encontró nada. El constructor se defendió entregando una onza al propietario descontento y diciéndole: “Tiene usted razón, amigo mío, no quise premiar la columna dedicada a Judas Iscariote, esta moneda es suya y búsquese otro que le reconstruya su columna, quizá él si coloque en su base esa onza de oro, pero yo no me rebajaría a ello, como no me rebajo a desconfiar de los amigos”.
  • Junto con el Parque de La Independencia y el Palacio de Guasch, el coliseo municipal, el vetusto teatro Milanés, constituye un símbolo para nuestra Ciudad. Antes, desde 1845, en ese mismo lugar, se llamó, trasladando su sede: “Lope de Vega” y hasta 1898 mantuvo ese nombre. Milanés se llama desde hace ya 106 años de los 159 con que cuenta. De manera que ya con ese nombre es centenario. Pero, no lo es en funciones. Varios años ha estado clausurado por diferentes reparaciones, por ello se ha “reinaugurado” en 1912, en 1922, en 1975 y desde hace ya 14 años espera una nueva “reinauguración”. De manera que, aunque todavía es mayor el tiempo en que se ha mantenido prestando servicios, que el dedicado a sus reparaciones, es un caso relevante desde el punto de vista negativo y quizá no deba por ello figurar entre las curiosidades pinareñas que incluyo en este “Ramillete”. Pero, más de una persona me ha solicitado el score y aquí lo tienen: 77 a 29, a favor del ejercicio de sus funciones, o redondeando: 80 X 30, si les resulta mejor.
  • Por si acaso, me despido en alta, con esta curiosidad número 13 (vaya preparando sus trece monedas): Resulta que por culpa de un trece del calendario, se retrasó la ocupación norteamericana de la Ciudad de Pinar del Río y la recepción en este teatro Milanés de George Davis, oficial al frente de esas tropas, a sólo unos días de la recepción, en el mismo local, del General Juan Lorente de la Rosa, al frente de las tropas mambisas que reemplazaron a las españolas al finalizar la guerra (ocasión en que fue rebautizado el teatro con el nombre de Milanés). Pues bien, desembarcados en La Coloma, en la noche del 12 de diciembre de ese año 1898, los yanquis, a las doce de la noche, estaban cerca de Las Taironas y George Davis ordenó acampar contra la voluntad de los suboficiales, que no comprendían por qué debían sufrir tal incomodidad estando tan cerca de la Ciudad. Tampoco entendieron por qué todo el día trece se mantuvieron en ese lugar y sólo el 14 de diciembre hicieron entrada en Pinar del Río... el día anterior era martes trece y eso no lo había olvidado el supersticioso George Davis.


Y, hasta el próximo “ramillete”.

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