
LA PROVINCIA DE PINAR DEL RÍO
(Es
nuestra ciudad la que le da nombre).
Pinar
del Río ocupa una posición aventajada
en nuestra geografía insular, su extensión
territorial de cerca de once mil kilómetros
cuadrados, penetra en el Golfo de México
y su extremo oeste se acerca a la península
de Yucatán, hacia donde sus primeros habitantes
se trasladaron como padres fundadores de la cultura
maya, según las leyendas y tradiciones
que recientemente se han retomado, luego del descubrimiento
de enigmáticas formaciones megalíticas
al oeste de Guanahacabibes, hundidas en el mar,
como aquel “templo azul de Votán,
que se hunde en el mar” al cual también
aluden entre otros el pasmoso Noda, el científico
Humboltd y nuestro José Martí.
Aunque
los españoles no fundaron la villa de Pinar
del Río durante la primera etapa de la
Colonización, son varios los historiadores
que señalan que una de aquellas primeras
siete villas, la de San Cristóbal de La
Habana, fue fundada en la costa sur de lo que
sería la provincia de Pinar del Río,
es decir, que el primer asentamiento de la Ciudad
de La Habana no sería, como tradicionalmente
se explica “a orillas del Mayabeque, cerca
de Batabanó” sino más al oeste,
en tierras que habrían de ser pinareñas.
Por
otra parte, el sabio cubano y tercer descubridor
de Cuba, Don Fernando Ortiz hace hincapié
en la “villa agrícola” existente
entre 1514 y 1524, que sirvió de trampolín
para el descubrimiento de la Nueva España
(después México) y a la cual se
refiere Bernal Díaz del Castillo como “punta
de Guaniguanico”, a ella envía por
abastecimiento el propio Hernán Cortés,
en 1518; y otros cronistas la mencionan también.
Las
no descubiertas aún Haciendas de Velázquez,
citadas por él en su testamento, en el
cual describe un centro productivo de relativa
importancia y que cada vez más historiadores
lo identifican con la citada villa agrícola,
hacen pensar en una colonización un poco
más temprana que lo que admiten hoy los
textos de Historia sobre nuestra provincia.
No
obstante tales elementos, “el país
de los guanahatabeyes”, como fue llamada
primeramente por algunos cronistas y por el Padre
de las Casas, también conocida como “Sotavento”
(término marinero, pues aún no existían
caminos y las esporádicas visitas se indicaban
desde las embarcaciones), fue conocida por mucho
más tiempo como “la Vueltabajo”
o “Vuelta Abajo”, término que
más tarde acogería para su denominación
su cultura material más importante: la
del tabaco.
Así
llegamos a la denominación que erróneamente
se ha definido como la primera que tuvo la provincia,
es decir, la de “Nueva Filipina”;
lo que ocurre cuando se conforma, por iniciativa
del entonces Capitán General de la Isla
de Cuba Felipe de Fondesviela, Marqués
de la Torre, la jurisdicción que llamará
de ese modo, a partir de julio de 1774.
Lo
cierto es que no se llamará Pinar del Río
hasta el 9 de junio de 1878 y lo será a
partir de la unión de esta jurisdicción
con otras tres, ya que la primera sólo
se extendía desde el Cabo de San Antonio
hasta el río de Los Palacios.
La
Vuelta Abajo o Vueltabajo, es pues, la denominación
más justa para todo este territorio que
describe desde su inicio su más grande
escritor, Cirilo Villaverde, cuando baja la meseta
de Anafe y encuentra un país diferente,
una región distinta; también así
le llama el más grande de sus científicos,
el sabio Tranquilino Sandalio de Noda; es además
la más cercana descripción de lo
que sería nuestra provincia hasta la nueva
División Político-Administrativa.
Sépase
también, que durante cierta época
se nos trató de llamar “Occidente”
en contraposición por la que mucho tiempo
fue llamada “Oriente”.
Lo
cierto es que, pocos escenarios exhiben tanta
belleza natural como Pinar del Río, pues
el encanto de su pródiga naturaleza constituye
un atractivo de primer orden para los visitantes.
En todo su territorio abundan valles intramontanos,
poljas entre antiguos mogotes, que en ninguna
parte del planeta podrán admirarse y sus
enclaves arqueológicos hacen su historia
sumamente interesante, pues no se trata sólo
de esa etapa documental o predocumental de la
historia escrita o propiamente dicha, sino que
puede admirarse en sus formaciones de Viñales,
por ejemplo, además de un portento de belleza
natural, un libro de la naturaleza donde podemos
leer páginas de una historia geológica
sumamente antigua.
Viñales,
como “Paisaje Cultural de la Humanidad”,
la “Reserva Mundial de la Biosfera Sierra
del Rosario” o la “Reserva Mundial
de la Biosfera Península de Guanahacabibes”
convertida en “Parque de Parques”
según proyecto reciente, el “Centro
internacional de Buceo de María la Gorda”,
son, entre otros, atractivos de este territorio
que culturalmente enriquecen las motivaciones
para descubrir esta región, donde se da
por otra parte el mejor tabaco del mundo, la exclusiva
Guayabita del Pinar, el privilegio de la naturaleza
y la insospechada posibilidad de internarse en
la más absoluta paz, esa que ha propiciado
a sus artistas plásticos convertirse en
los más connotados paisajistas del país,
porque un paisaje de tanta belleza no podía
quedar sin sus pintores.
Pero,
un aliciente más, es la virginidad que
aún existe en zonas de endemismo natural
por sus especies faunísticas y florísticas,
así como por estudios sociológicos
y antropológicos. Los interesados por la
tradición oral, encuentran también
una rica fuente no explotada aún como en
otros lugares y hasta las leyendas se entrelazan,
como en ninguna parte, con la Historia; es por
ello que ésta resulta más sugerente
y sugestiva aún.
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