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  Actualizado el 28 de enero del 2009
 

LA PROVINCIA DE PINAR DEL RÍO

(Es nuestra ciudad la que le da nombre).

Pinar del Río ocupa una posición aventajada en nuestra geografía insular, su extensión territorial de cerca de once mil kilómetros cuadrados, penetra en el Golfo de México y su extremo oeste se acerca a la península de Yucatán, hacia donde sus primeros habitantes se trasladaron como padres fundadores de la cultura maya, según las leyendas y tradiciones que recientemente se han retomado, luego del descubrimiento de enigmáticas formaciones megalíticas al oeste de Guanahacabibes, hundidas en el mar, como aquel “templo azul de Votán, que se hunde en el mar” al cual también aluden entre otros el pasmoso Noda, el científico Humboltd y nuestro José Martí.

Aunque los españoles no fundaron la villa de Pinar del Río durante la primera etapa de la Colonización, son varios los historiadores que señalan que una de aquellas primeras siete villas, la de San Cristóbal de La Habana, fue fundada en la costa sur de lo que sería la provincia de Pinar del Río, es decir, que el primer asentamiento de la Ciudad de La Habana no sería, como tradicionalmente se explica “a orillas del Mayabeque, cerca de Batabanó” sino más al oeste, en tierras que habrían de ser pinareñas.

Por otra parte, el sabio cubano y tercer descubridor de Cuba, Don Fernando Ortiz hace hincapié en la “villa agrícola” existente entre 1514 y 1524, que sirvió de trampolín para el descubrimiento de la Nueva España (después México) y a la cual se refiere Bernal Díaz del Castillo como “punta de Guaniguanico”, a ella envía por abastecimiento el propio Hernán Cortés, en 1518; y otros cronistas la mencionan también.

Las no descubiertas aún Haciendas de Velázquez, citadas por él en su testamento, en el cual describe un centro productivo de relativa importancia y que cada vez más historiadores lo identifican con la citada villa agrícola, hacen pensar en una colonización un poco más temprana que lo que admiten hoy los textos de Historia sobre nuestra provincia.

No obstante tales elementos, “el país de los guanahatabeyes”, como fue llamada primeramente por algunos cronistas y por el Padre de las Casas, también conocida como “Sotavento” (término marinero, pues aún no existían caminos y las esporádicas visitas se indicaban desde las embarcaciones), fue conocida por mucho más tiempo como “la Vueltabajo” o “Vuelta Abajo”, término que más tarde acogería para su denominación su cultura material más importante: la del tabaco.

Así llegamos a la denominación que erróneamente se ha definido como la primera que tuvo la provincia, es decir, la de “Nueva Filipina”; lo que ocurre cuando se conforma, por iniciativa del entonces Capitán General de la Isla de Cuba Felipe de Fondesviela, Marqués de la Torre, la jurisdicción que llamará de ese modo, a partir de julio de 1774.

Lo cierto es que no se llamará Pinar del Río hasta el 9 de junio de 1878 y lo será a partir de la unión de esta jurisdicción con otras tres, ya que la primera sólo se extendía desde el Cabo de San Antonio hasta el río de Los Palacios.

La Vuelta Abajo o Vueltabajo, es pues, la denominación más justa para todo este territorio que describe desde su inicio su más grande escritor, Cirilo Villaverde, cuando baja la meseta de Anafe y encuentra un país diferente, una región distinta; también así le llama el más grande de sus científicos, el sabio Tranquilino Sandalio de Noda; es además la más cercana descripción de lo que sería nuestra provincia hasta la nueva División Político-Administrativa.

Sépase también, que durante cierta época se nos trató de llamar “Occidente” en contraposición por la que mucho tiempo fue llamada “Oriente”.

Lo cierto es que, pocos escenarios exhiben tanta belleza natural como Pinar del Río, pues el encanto de su pródiga naturaleza constituye un atractivo de primer orden para los visitantes. En todo su territorio abundan valles intramontanos, poljas entre antiguos mogotes, que en ninguna parte del planeta podrán admirarse y sus enclaves arqueológicos hacen su historia sumamente interesante, pues no se trata sólo de esa etapa documental o predocumental de la historia escrita o propiamente dicha, sino que puede admirarse en sus formaciones de Viñales, por ejemplo, además de un portento de belleza natural, un libro de la naturaleza donde podemos leer páginas de una historia geológica sumamente antigua.

Viñales, como “Paisaje Cultural de la Humanidad”, la “Reserva Mundial de la Biosfera Sierra del Rosario” o la “Reserva Mundial de la Biosfera Península de Guanahacabibes” convertida en “Parque de Parques” según proyecto reciente, el “Centro internacional de Buceo de María la Gorda”, son, entre otros, atractivos de este territorio que culturalmente enriquecen las motivaciones para descubrir esta región, donde se da por otra parte el mejor tabaco del mundo, la exclusiva Guayabita del Pinar, el privilegio de la naturaleza y la insospechada posibilidad de internarse en la más absoluta paz, esa que ha propiciado a sus artistas plásticos convertirse en los más connotados paisajistas del país, porque un paisaje de tanta belleza no podía quedar sin sus pintores.

Pero, un aliciente más, es la virginidad que aún existe en zonas de endemismo natural por sus especies faunísticas y florísticas, así como por estudios sociológicos y antropológicos. Los interesados por la tradición oral, encuentran también una rica fuente no explotada aún como en otros lugares y hasta las leyendas se entrelazan, como en ninguna parte, con la Historia; es por ello que ésta resulta más sugerente y sugestiva aún.

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Sitio del historiador Gerardo Ortega dedicado a Pinar del Río
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