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VISITANTES
DEL CABO
ADVERTENCIA
(Que inicialmente creí innecesaria)
Este
texto es sólo un capítulo - ya sintetizado
incluso - de una obra mayor que fue tomando cuerpo
en algunos de los 21 años en que viví
en las proximidades de la península y compartí
con naturales de la misma, quizá guarde
aún documentos primarios y alguna que otra
entrevista o comunicación de uno u otro
de los once informantes más estables que
tuve (uno de ellos el fraterno Fico Varela, ya
retirado de este mundo) así como el primer
borrador de este trabajo concluido ya en 1984,
cuando también di fin a mi "Novísima
Guía de Forasteros para la Península
de Guanahacabibes"; todo el texto parte además
de un trasfondo común que no es otro que
aquella primera crónica o relato histórico
(primera versión de lo que sería
la Monografía Histórica del Municipio
Sandino) que quizá conserve el Archivo
Provincial de Historia al cual fue entregada su
versión de 1980.
Los
dos capítulos anteriores tratan el uno
sobre los aborígenes que nos visitaron,
pues ni siquiera existe el homo cubensis - tampoco
el pinarindio autóctono - y se refiere
al período anterior a la historia documentada,
la cual comúnmente es llamada prehistoria
o historia precolombina (manera errónea
según mi punto de vista)...En esa primera
parte me refiero incluso a un lapso en que no
hemos sido visitado aún, pero ya existe
una "Historia" geológica interesante
y otra del "Biotopo" que conformará
el habitat del futuro visitante.
Y
el otro capítulo trata de los no aborígenes,
visitantes primeros no sólo de esta parte
occidental, sino de la Isla toda e incluso del
Occidente, es decir, los provenientes del Viejo
Mundo. En este capítulo, por supuesto,
aludo a las referencias que anteceden con mucho
a los españoles que nos "descubrieron",
nos "conquistaron" y nos "colonizaron"
según los libros de texto. Y este segundo
capítulo de visitantes se entremezcla con
el período que aborda el que ahora presento.
Aunque
para los acostumbrados a visitar la península
es harto conocido, así como para el que
simplemente haya leído al respecto de ella,
e incluso, para el que conversa con cualquier
nacido allí, concluyo esta presentación
diciendo una verdad de perogrullo: La península
es el cabo. Y no se trata del conocimiento que
pueda o no tener la población acerca de
la figura poética que se denomina según
la retórica: sinécdoque y que consiste
en denominar la parte por el todo o viceversa,
sino que los naturales, los asiduos y los que
de la península hablan, prefieren llamar
a esa zona como "El Cabo" y Cayuco (es
decir, Manuel Lazo) es "La puerta del Cabo".
Por ello, no me parece atendible cierta sugerencia
de "cambio de título" - a pesar
de que esta haya sido quizá la menos disparatada
al respecto -.
Capítulo
Tercero
Introducción:
La
escasez de documentos – apenas un centenar
– impide que completemos una historia sobre
los “musimanes” y sus antecesores
los piratas, corsarios, bucaneros y otros “hermanos
de la costa”; al menos una historia desde
el punto de vista científico, pues, como
ha dicho alguien: “la piratería es
una guerra sin archivos”.
No
obstante, por la utilización del vocablo
“musimanes” se comprende que solo
me referiré a Pinar del Río donde
esta palabra (corrupción de musulmanes,
palabra de por si equivocada) generalizó
a los visitantes de nuestras costas al menos entre
1790 y 1830 1.
Y
en específico, la Península de Guanahacabibes,
pues “...guarda aún el recuerdo de
piratas que la habitaron en tiempos remotos”...
en ella....” Huyendo de las persecuciones
de los hombres y de la naturaleza misma; guareciéndose
de armadas justicieras y de ciclones tropicales,
de tormentas del cielo y del mar, muchos acudieron
a las entrañas ásperas y difíciles
de la península para guardar algún
secreto tesoro”2.
Sé
bien que tendré pocas fuentes, porque “El
cronista de esta aventura debe confiar en escasas
memorias, contados diarios de navegación,
inseguros documentos de gobierno y más
próximos nuestros tiempos, en dudosas leyendas
e increíbles trabajos de prensa”
3. Pero va siendo una
verdad tremenda para estos menesteres que “no
vale tanto el caudal de información, sino
la astucia conque se aprovecha el mismo”.
Redacto
pues este tercer capítulo reduciéndolo,
para mayor utilidad, y como divertimento, para
no aburrir.
Pago
derecho de consulta a diversos textos que podrán
constatarse según bibliografía,
pero agradezco desde ahora al decano César
García del Pino por los documentos que
me trasunta del archivo general de Indias y su
obra sobre corsarios; a los ya retirados Ramiro
Guerra, Fernando Portuondo y José L. Franco
por sus textos fundacionales; al Sr. Esquemeling,
a Don Sebastián Fornaris y a Don Joseph
Fernández del Cueto (pirata el primero,
corsarios los otros) y a los piratescos “Cornelio
Ch. Goslinga y Francisco Mota; estos, entre otros,
han sido mis fuentes.
Gracias.
Desarrollo:
En
1527 se hundió frente al Cabo de San Antonio
el navío “La Nicolasa”, embarcación
en la cual el conquistador Francisco de Montejo
trasladaba gran parte de los tesoros de Yucatán
hacia España y en 1537, más exactamente,
el 15 de marzo de 1537 se recoge el primer acto
de piratería , el mismo se refiere a la
acción de franceses al norte de la provincia
de Pinar del Río, a bordo de un patache.
Más tarde se extendería la acción
piratesca francesa por todas las costas de la
península dejando su impronta en la toponimia,
nominando por ejemplo el Cabo Francés,
la playa Francés y otros puntos. 4
En
1550 se advierte, como señalaba ya, la
presencia de piratas franceses que hacen aguada
y se proveen de agua y leña cerca de Cortés.5
El
12 de Agosto de 1568 John Hawkin, el pirata Inglés,
se presenta ante La Habana que había sido
saqueada por Jacques de Sores; pero una fuerte
tormenta lo arrastra hacia el Golfo de Méjico
averiando a su nave El Jesús, por eso echa
anclas cerca de la Península de Guanahacabibes
para carenar y sustituir los mástiles quebrados.
Todavía cuando se inicia el mes de septiembre
está en Corrientes, a él y sus seguidores
de igual nacionalidad se deben los topónimos
de farallón del Inglés y Playa de
los Ingleses. 6
El
27 de Abril de 1585, Francis Drake, el terrible
pirata inglés dobla el cabo de San Antonio
y se aprovisiona de agua y leña durante
varios días en la costa norte de Pinar
del Río y entre el 20 y el 25 de mayo,
el antiguo grumete de John Hawkin; ahora su jefe
y al frente de 30 buques, se abastece de leña
y agua en las costas de la Ensenada de Corrientes,
en la playa de los ingleses. Frente a esta playa,
Francis Drake, unos años después
en 1594, vería irse a pique su nave vicealmiranta
cargada de tesoros, el buque Hope (Esperanza). 7
El
24 de Marzo de 1597 recibirá su patente
de corso el primer navegante holandés que
hará su aparición en las proximidades
del Cabo de San Antonio, se trataba de Johan Van
der Veken. Pronto los Holandeses, como los franceses
e ingleses estarán en nuestras costas. 8
Comienzan
a aparecer “los rescatadores”, es
decir, bucaneros, filibusteros, raqueteros, ladrones
del mar y de la costa que “comercian de
rescate” y de “contrabando”.
Entre ellos, se destacan los Holandeses o “Flamencos”
como se les llama. Desde 1585, con el objetivo
de prever, vigilar y comunicar rápidamente
a La Habana, la presencia de estos contrabandistas,
así como para avisar sobre posibles ataques
piratas, el capitán General Gobernador
Luxán había ordenado todo un sistema
de aviso desde Cabo Corrientes y Cabo de San Antonio
con vigías y hombres a caballo para avisar
de todo posible ataque.
Específicamente
en Corrientes y en San Antonio se ubicaron vigías,
pero además, en puntos intermedios y es
por eso que María La Gorda, ese lugar,
fue llamado “Guanal de la Vigía antigua”
porque allí hubo también un puesto
de vigilancia.
En
1626, en la lucha contra los Holandeses se distinguió
Diego Vázquez de Hinostrosa quien al frente
de 150 hombres defendió junto al Cabo de
San Antonio a la Armada de Honduras que era atacada
por los piratas. En esa zona, desde años
atrás, era común que los ingleses
(y ahora los holandeses) capturaran a los navíos
españoles que viniendo de América
Central doblaban el Cabo para protegerse en La
Habana.9
Así
por ejemplo, el 8 de julio de 1610 se certificaba
cómo había sido capturado un navío
español a la altura del Cabo de San Antonio
por parte de piratas ingleses. Se da cuenta de
la cantidad de cueros y otras mercancías,
así como el dinero que fue incautado a
los tripulantes. En dicho documento del archivo
de Indias se dice que se les perdonó la
vida a los españoles y los dejaron abandonados,
semidesnudos en la costa.10
El
pirata o corsario holandés que mejor se
destaca por estos tiempos iniciales fue Pieter
Pieterszoon Heyn (o Piet Hayn) quien había
nacido cerca de Rotterdam en 1577 e inició
su carrera naval aproximadamente en 1593, a los
16 años. Fue hecho prisionero por los españoles
y enviado a galeras. Estuvo encarcelado en La
Habana. Liberado por un intercambio de prisioneros
en 1598 o en 1602 (o en ambos pues estuvo preso
más de una vez). Ya en 1611 era patrón
de navío y en 1622 regresó al caribe.
En
1623 era vicealmirante de una flota holandesa
y poco después almirante.
En
1627 asolaba las costas de Guanahacabibes y desde
ellas atacaba y destruía a los buques españoles.
Piet Hayn acostumbraba ocultar parte de sus naves
en la zona de Los Morros mientras que otras amenazaban
a las flotas españolas frente al Cabo de
San Antonio, cuando eran perseguidas “huían”
de los españoles, quienes caían
sorpresivamente en la trampa tendida por Piet
Hayn.11
También
por este año otro oficial Holandés,
Píeter Andrews Ita atacó al Intendente
Diego Vázquez de Hinostrosa a la Altura
del Cabo de San Antonio en combate que lo hizo
replegarse huyendo por toda la Ensenada de las
Corrientes hasta que se escapó hacia la
costa sur. Esto ocurrió desde finales de
julio hasta principios de agosto de 1927.12
Otra táctica de los Corsarios Holandeses
iniciada por Piet Hayn era la de ocultar las fuerzas
de su segundo, Henry Jong y tomar entre dos fuegos
a los buques españoles frente al Cabo de
San Antonio, haciendo aparecer a aquel desde la
Ensenada de Corrientes, después que los
españoles pasaban en dirección norte.13
El
19 de junio de 1626, otro almirante Holandés,
Hendrickz, después de causar estragos en
la tierra firme y de apoderarse de muchos barcos
españoles, se dirige a La Habana, dobló
el Cabo de San Antonio este día. 14
Otro
Holandés Cornelis Corneliszoon Jol, el
tercero y quizás más famoso de los
“Pata de Palo” que asolaron el Caribe,
hizo de la punta del Holandés su campamento
habitual y el 9 de agosto de 1633 en su urca,
cerca del Cabo de San Antonio atacó el
Galeón del Almirante de la flota de Cartagena,
causándole muerte. Don Miguel Rondín
sería destrozado por un cañonazo,
pero su Galeón no se rendiría. 15
Jol,
es decir, Pata de Palo merodeó muchos años
por Corrientes y el Cabo de San Antonio por eso,
realmente él fue quien pudo determinar
el nombre de la Punta del Holandés aunque
también se dice que fue la punta de Lolonois;
lo cierto es que en varias oportunidades y en
numerosas noticias, como por ejemplo, la del 30
de agosto de 1638 es ubicado por los españoles
en ese lugar, donde hacia campamento y desde donde
se incorporaba a diversas batallas para regresar
siempre ahí.16
Desde
1628 el Capitán General, Gobernador Don
Lorenzo Cabrera había destacado cierto
número de soldados en los puertos de vigía
entre San Antonio y Corrientes y por ello podía
mantener cierta vigilancia sobre los enemigos
del mar. No obstante, entre el 31 de agosto y
el 5 de septiembre de 1638 el oficial español
Carlos de Ibarra, que viajaba al frente de siete
galeones y cuatro urcas más un patache
que se envió a la altura del Cabo de San
Antonio, se enfrentó a 16 embarcaciones
holandesas que lo sorprendieron, estas actuaban
bajo el mando de Pata de Palo...Ibarra logró
salvar los 10 millones de monedas de oro que transportaban,
pero el combate y las persecuciones duraron cinco
días.17
Al
parecer, según los testimonios, Cornelis
Corneliszoon Jol, es decir, Pata de Palo, infligió
más daño a la navegación
española que cualquier otro capitán
neerlandés, excepto Piet Hayn... era un
valioso servidor, como corsario, de la compañía
de la India Occidental perteneciente a los Países
Bajos, desde 1626 hasta 1641 en que muere.18
La guerra holanda – portuguesa de la década
de 1650 fue realmente más una contienda
entre los corsarios autorizados de cada país
que entre las fuerzas armadas de cada beligerante,
por eso, surge en nuestra zona, en el mismo Cabo
y el resto de la península otro filibustero,
otro ladrón del mar: el portugués.
Y su aparición no indica la desaparición
de los flamencos (ni de los ingleses o franceses)
todas estas nacionalidades junto a los españoles
y los criollos, que también los hubo, infectaron
nuestras costas.19
Esta
segunda mitad del siglo XVII es la que marca además
la introducción del término bucanero
para sustituir el de pirata (que actuaba por su
cuenta y riesgo) y el de corsario (que actuaba
en nombre de una nación). Según
Esquemeling, cuyo libro constituye el más
auténtico testimonio que de la vida bucanera
nos ha quedado, señala no solo el origen
del nombre sino que hace un somero recuento de
sus actividades.20
Los
indios caribes de las Antillas tienen la costumbre
de cortar en pedazos a sus prisioneros dice Esquemeling
– colocan esos pedazos sobre una parrilla
a la cual llaman barbacoa para asarlos y el lugar
en que eso hacen es llamado bucán. A la
acción de asar y ahumar le llaman bucaner.
De ahí la palabra bucanero.21
“Piratas
de la América” llama Esquemeling
el famoso cirujano–pirata a su libro. En
él nos da su testimonio acerca de cómo
se convierte en uno de ellos, nos describe las
islas y numerosos paisajes del Caribe que visita,
su flora y fauna y los personajes más significativos
en sus aventuras. Así vemos, por ejemplo,
que dedica el capítulo VI a hablarnos “de
los piratas más célebres de aquellas
costas”.
Esquemeling
menciona en orden cronológico a Pedro el
Grande, Pedro Francisco y Bartolomé Portugués,
detengámonos en este. Bartolomé
Portugués, hizo campamento habitual cerca
de Caleta del Piojo desde 1650, tan conocido era
ello que el 27 de septiembre de 1652 cuando le
fue mercedado a Don Luis de Antigua el Corral
que ocupaba todo ese extremo occidental, no se
opuso a que se denominara “El Portugués”,
quedando de tal modo en la toponimia del lugar,
la impronta del famoso pirata. 22
En
1662 Bartolomé Portugués iba de
Jamaica, con su barca armada de cuatro piezas
de artillería y treinta hombres, hacia
el Cabo de Corrientes cuando encontró un
navío que venía del Mar Caribe y
Cartagena destinado para La Habana y Española,
armado con veinte cañones gruesos y setenta
hombres, tanto pasajeros como marineros: acometióles
dicho Portugués, pero el navío se
defendió esforzadamente.... no obstante
después de un largo combate de varios encuentros
se hizo de él.
Teniendo tan grande navío en su poder,
se dirigió hacia las proximidades del Cabo
de San Antonio, no obstante, fue sorprendido cuando
iba a refrescarse y hacer aguada en aquel lugar,
por una escuadra española que venía
de México, y luego de una fuga infructuosa
fue derrotado y hecho prisionero. Luego escaparía
espectacularmente. 23
También
Esquemeling menciona a Roc Brasiliano, a Luis
Escot, , a Mansvelt, Juan Davit y Francisco Lolonais.
En 1663 el famoso pirata portugués Roc
“el brasiliano” se hizo a la mar con
sus dos docenas escasas de hombres y navegando
por el Cabo de San Antonio halló un navío
que desde Nueva España se dirigía
hacia Maracaibo. Iba cargado el Galeón
español de diversas mercancías y
gran número de reales de plata. Lo asaltó
con gran facilidad y con su nueva presa se dirigió
hacia Jamaica. Tanto Roc el Brasiliano como Bartolomé
Portugués se enriquecieron en su comercio
de filibusteros en toda la costa sur-occidental
de Cuba y en el asalto a naves españolas. 24
Por
su parte, algunos unen a este pirata con el filibustero
Francis Nau “El Olonés” uno
de los últimos franceses de la piratería
que actuaron cerca del Cabo. Esquemeling no lo
menciona de este modo, sino que le llama como
apuntamos ya, Francisco Lolonois. Es Francisco
Mota quien lo identifica como Jean Javiel Nau
aunque lleva a su obra un grabado que reproduce
su figura y le nombra Francis Lolonois. Pudieran
ser más de uno, pero no hay dudas que Mota
identifica todos estos nombres con un solo personaje
y sigue a Esquemeling en todas sus partes; debido
a que el pirata nació en Oloné,
es decir en “Sables de Oloné”
25
Precisamente
el segundo al mando de este sanguinario “Olonés”,
sería el terror de los mares, el pirata
más temido, el filibustero mayor, Henry
Morgan, aunque otros aventureros del mar menciona
Esquemeling tales como Miguel de Basco, Antonio
Supins o del Pozo, Moisés Van Vin, Moisés
Vanvlein, Pierre le Picard, Le Sievur Simón
Masvelt y Hausel, es sobre Henry Morgan, al cual
llama Juan Morgan, sobre el cual Esquemeling nos
da la información más rica en su
libro. 26
Pero
todos ellos con contemporáneos y junto
a ellos, corsarios, piratas y filibusteros, de
cinco naciones: ingleses, franceses, holandeses,
portugueses y españoles aparecen los criollos
Diego Grillo, Pitaluga y otros que desarrollan
sus actividades en la segunda mitad del siglo
XVII.
Para que se tenga una idea de la profusión
de ladrones del mar en toda esta zona de Guanahacabibes
debemos conocer que cuando en 1665 se redacta
el memorial del Capitán Sebastián
Fernández Gamboa, recomendando al Rey que
se estableciese un astillero en la Bahía
de Jagua, en ese documento, hace un análisis
de toda la costa sur de Cuba y enjuicia tanto
la ensenada de Corrientes como el Puerto de Cortés,
los cuales, según el informante, aunque
son buenos para astilleros, “están
plagados de piratas y filibusteros”
De
todos modos, me permito significar que de todos
los piratas mencionados hasta el momento, el que
más trasciende en la oralidad, en la leyenda,
es Bartolomé Portugués, no solo
es uno de los primeros en dejar como impronta
su nombre en la toponimia (Pata de Palo, Jol,
el Holandés, en la península que
cierra la bota de la península es anterior). 27
En
1668 (se recoge en el libro Piratas de América,
de Esquemeling) se conoció por última
vez del famoso y sanguinario filibustero Bartolomé
Portugués. Se dice allí que el mismo
dejó sus tesoros enterrados en la Peña,
sitio costero de la Ensenada de Corrientes, lo
que además informa Francisco Mota en su
libro Piratas en el Caribe. En 120 mil pesos oro
calcula su tesoro este historiador de la piratería. 28
Atendiendo
a esta nota, el tesoro del “Portugués”
sería, junto con el de Guayaquil, segundos
en importancia del Tesoro de Mérida, el
cual es probablemente el más conocido por
la oralidad y la literatura. 29
También
en 1668 visita Henry Morgan por primera vez esta
zona de Guanahacabibes y el 30 de Abril de 1669
se da noticia de que “el terror de los mares”
hace su campamento en las costas de Corrientes,
de donde sale, incursiona en los mares próximos
y regresa en diversas ocasiones según señalan
los vigías de Cabo Corrientes. 30
En
1670 otro famoso pirata ya aludido, Francisco
Lolonois “El Olonés” de origen
Francés, merodeó por la costa sur
de Guanahacabibes y se señala que el Cabo
Francés, cercano a la Bahía de Cortés
puede deberle su nombre por haber hecho de ese
lugar estancia pasajera en más de una ocasión. 31
El
30 de septiembre de 1697 se firmó un Ryswick,
Holanda el tratado de Paz entre Francia, Inglaterra,
Holanda y España, el cual pone fin al filibusterismo
y a la guerra entre estas naciones... pero la
realidad no cambiaría tan rápido
como se deseaba y todavía durante el próximo
siglo se suscitarían hechos significativos
en nuestros mares y costas, haciéndolo
constar de tal modo. 32
Así entramos en el siglo XVIII y tropezamos
con el Inglés Charles Gant recorriendo
toda la costa sur de Cuba y haciendo fuertes sus
correrías entre el sur de La Coloma y la
Ensenada de Corrientes alternando con los flamencos
(holandeses) en el comercio de contrabando y en
el saqueo y asalto a las naves y los enclaves
españoles. También la primera María
Pirata, Mary Read, hace sus incursiones piratescas,
en el Caribe. Inglesa, hija de prostituta, fue
soldado en Flandes estuvo en negocios de hospedería;
se convierte en pirata holandés y viene
a las Antillas. Como travestista no fue descubierta
y se la tuvo por hombre. Murió combatiendo
contra un buque inglés en 1720.
Algunos
historiadores sugieren que haya sido en 1710 cuando
ocurrieron los hechos que dan pie a la leyenda
oral más fastuosa de la historia del corso
y la piratería : la del tesoro de Mérida
(La de México). Cuenta Mota que este famoso
tesoro acumulado durante siglos y amenazado constantemente
por invasiones iba a ser depositado en La Habana
por considerarse la ciudad más segura en
esos primeros años del siglo XVIII. Este
tesoro consistía según se dice,
en 640 libras de oro en barras, 20 múcuras
de barro llenas de monedas de oro, numerosos candelabros
y la corona de la virgen de Campeche toda de oro
y piedras preciosas, embarcado lo anterior con
las debidas condiciones de seguridad y cuando
el barco se hallaba a la altura del Cabo de San
Antonio, varias embarcaciones inglesas iniciaron
su persecución. Comprendiendo el Capitán
de Navío español su imposibilidad
de llegar hasta la Habana, recaló en el
lugar llamado Riíto, entre Cabo Francés
y Cabo Corrientes ; y allí buscó
lugar donde depositar su valioso cargamento. El
Galeón Princesa de Toledo en el cual venía
se perdió después de desembarcar
el tesoro de Mérida y nadie pudo después
dar razón del lugar del enterramiento. 33
En
esta leyenda existen algunos visos de realidad
atendiendo a los datos que han podido rastrearse
y a la personificación de Inglaterra entre
los asaltantes, pues hay que decir que a pesar
de la paz de UTRICH, la guerra continuó
(sobre todo entre España e Inglaterra)
y solamente Inglaterra hubo de perder entre 1713
y 1725 en manos de los piratas más de 300
barcos y todavía en 1761 los periódicos
de Londres se quejaban porque “los corsarios
de Martinica desolan nuestro comercio. Se puede
evaluar en sumas inmensas las presas hechas sobre
nosotros en los meses de marzo a mayo”. 34
Las
actividades corsarias cubanas y españolas
durante la primera mitad del siglo XVIII más
bien se incrementaron. Entre 1742 y 1745 por ejemplo
se concedieron más de 50 patentes de corso
a criollos y españoles. 35
Pero
poco a poco se fueron exterminando los piratas,
corsarios y filibusteros. Al finalizar la guerra
de los siete años en Europa, apenas daban
señales de existencia dice José
Luciano Franco. Y el 11 de Mayo de 1763 la “Gazete
de Comerce” afirmaba que “sí
se comete todavía piratería en América,
es por algunos navíos cuyos marineros se
han sublevado contra sus oficiales....pero es
raro que esas tripulaciones rebeldes ejerzan largo
tiempo sus fechorías”. 36
Sin embargo en nuestra zona, se incrementó
la acción de la piratería y el filibusterismo
así como del comercio de contrabando durante
estos años. Ello, en parte, se debe a ser
“tierra de nadie”, lo que se puso
de manifiesto con la Toma de La Habana y sus alrededores
por los ingleses en 1762, al este de la zona ocupada
por los ingleses, gobernaba España desde
Santiago de Cuba; pero al oeste, en lo que sería
buena parte de Pinar del Río, ni ingleses,
ni españoles.
El
11 de abril de 1772 comienza el diario de navegación
de Don Sebastián Fornaris en su compaña
como corsario a bordo de su balandra “Resguardo”.
Esta
balandra fondeó varias veces en la Ensenada
de Corrientes donde hizo campamento ocasional
este corsario y por eso quedó su impronta
en la toponimia como Playa Resguardo. 37
El
15 de julio de 1772 también comienza el
diario de Don Joseph Fernández del Cueto,
corsario criollo que visitó nuestras costas
en numerosas ocasiones cumpliendo órdenes
del Señor Gobernador. En la hoja correspondiente
al 19 de Julio puede leerse “Me levanté
a las 5 de la mañana siguiendo mi giro
con mis embarcaciones y a las 10 de la mañana
(diez de la vuelta de afuera) descubrí
dos embarcaciones que a lo que parecía
era una Goleta de Gabias y una Balandra y teniendo
el Cabo Corrientes yo en la mano como a las 4
de la tarde, aunque algo distante del Bermudeño
y del Guairo y quedándoseme el viento calmo
fue preciso darme fondo en dicho Cabo a esperar
las dichas embarcaciones; y como el Guairo es
de más diligencia, como a las cinco de
la tarde llegó a dicho fondeadero hasta
el habla (cercano) y como en dicho fondeadero
no se alcanza fondo sino en el placer y quedándose
calmo, el rigor de las corrientes lo asotaventó
de un modo que le fue preciso desatracarse de
la tierra y habiendo acaecido lo mismo al Bermudeño
que se hallaba más retirado cerró
la noche con una turbonada desde tierra y mucha
lluvia, de suerte que no tuve más remedio
que tener farol toda la noche para que no se perdieran
mis embarcaciones”. 38
El
20 de julio de 1772, sigue diciendo el corsario
cubano Don Joseph Fernández del Cueto:
“A las 5 de la mañana me levanté
en Vuelta de afuera con viento fresco, tanto para
huir de las corrientes como por si los divisaba
(a los barcos enemigos) y como a las 6, descubrí
5 embarcaciones, un bergantín y una balandra
a barlovento (este) y de la parte de sotavento
(oeste) una fragata y una goleta inglesa y mi
Guairo y presumiendo que la balandra que acompañaba
el Bergantín a barlovento fuese la mía
y hallarme al mismo tiempo del Cabo de San Antonio
que de la Balandra y el Bergantín, me fondeé
en compañía del Guairo y habiendo
quedado calmo el viento como a las tres de la
tarde, mandé un bote pescador que se halla
en este Cabo para que fuese a bordo y tomara razón
de la Balandra a lo que dijeron que no la conocían
por lo que me determiné mandar la canoa
a las 6 de la tarde con 4 hombres y el práctico
balidos de la colina a que la reconociesen, lo
que no me permitieron las corrientes y como a
las siete de la noche entró el viento fresco
del nornordeste de suerte que consideré
que las corrientes y el viento no le dejaron en
toda la noche agarrar la tierra; sin embargo,
de haberle tirado un cañonazo y haberle
hecho una fuerte candela en tierra...” Al
otro día, sin recuperar la Balandra, hizo
fondo en Punta Cajón. 39
En los oficios enviados por parte del primer teniente
gobernador de la Nueva Filipina, jurisdicción
creada en 1774, correspondientes a los años
1776 y 1777, entre Antonio Fernández y
el capitán General Marqués de la
Torre, se puede leer notas acerca de “las
vigías de Corriente y San Antonio; noticias
sobre flotillas inglesas avistadas, necesidad
del reconocimiento de la Ensenada de Corrientes;
necesidad de defensa de la Bahía de Cortés
contra piratas; nueva flotilla inglesa merodeando
las costas; naufragios etc. 40
En
1777 los capitanes de partido Tomás de
Sierra de Guane del Norte (Mantua) y Manuel Castillo,
de Guane del Sur se ven comprometidos en el comercio
de contrabando con los filibusteros. 41
En
1778, en oficios enviados por Antonio Fernández,
Gobernador de la nueva Filipina al Capitán
General de Isla de Cuba, Diego Joseph Navarro,
pueden verse los siguientes asuntos: “Buques
avistados desde el punto de Vigía del Cabo
de San Antonio.... Establecimiento de Vigías
en Punta Colorada, Cabo Corrientes y otros lugares”. 42
En
1780 según puede leerse en un documento
correspondiente al legajo 1268 de la Sección
XI del archivo de Indias, de Sevilla, según
nos informa César García del Pino;
desde Guane, comunica su Capitán de Partido
diversas denuncias al reciente Gobernador, así
como un bando notificando “la expulsión
de los ingleses” y un listado con los nombres
que integran la valerosa compañía
de Guane que hizo huir a los Ingleses. 43
Ya
en 1815 la prensa de La Habana, el Diario de la
Habana se convierte en fuente de información
para la historia de la piratería. Se reproduce
en él la Real Orden firmada el 15 de junio
donde se planteaba “la necesidad de armar
buques contra piratas” y en agosto de 1817
publica un anuncio oficial ofreciendo premios
y parte del botín a los capitanes mercantes
que apresaran o destruyeran barcos corsarios o
piratas enemigos. 44
Ese
mismo año, pero el 29 de junio, un corsario
español llamado Juan Manso, que comandaba
el bergantín Consulado, tuvo una fuerte
refriega con corsarios neogranadinos en el Cabo
de San Antonio, haciéndolos huir, pero
teniendo que regresar a La Habana para reparar
las fuertes averías sufridas. 45
De
contrabandistas y corsarios se vieron inundadas
e invadidas nuevamente las aguas y costas occidentales
y la Isla de Pinos, debido a las prohibiciones
de la metrópoli sobre el comercio de la
Colonia; y la guerra iniciada en 1812 entre Inglaterra
y Estados Unidos contribuyó extraordinariamente
a la extensión del corso, el contrabando
y la piratería. Estados Unidos autorizó
en dos años a 517 corsarios, los cuales
apresaron más de 1300 barcos de los ingleses
y sus aliados. 46
Y en 1819, en marzo, el Congreso de la Unión
votó la ley contra la piratería;
de este modo Estados Unidos, que no necesitaba
ya para sus propios fines de expansión
comercial, basarse en la piratería; al
valerse de un medio a cuyo sostenimiento tanto
habían contribuido; adoptó el socorrido
papel de defensor de la moral internacional y
decidió deshacerse del instrumento de la
piratería. John Quincy Adams, dirigió
una comunicación el 10 de Julio de 1820
al representante suyo en Buenos Aires y a otros
explicando su decisión y la del Congreso.
Otros mandatarios, el de Argentina primero, el
6 de octubre de 1821, publicaron entonces decretos
prohibiendo el corso. 47
Bolívar
se sumó a la prohibición el 18 de
enero de 1821, personalmente, en carta fechada
este día en Bogotá y dirigida al
Capitán Louis Ausy. Sin embargo, pese a
la gestión de Quincy Adams y de todas las
leyes prohibitivas, los corsarios y piratas continuaron
sus operaciones, sobre todo en las costas de Guanahacabibes,
sentando allí las bases para sus correrías
en el Caribe. Por eso, los mismos Estados Unidos,
que tanta utilidad habían sacado anteriormente
del corso, inician una serie de enfrentamientos
marítimos a partir de 1822. Ya España
se había declarado impotente para limpiar
estas costas de Guanahacabibes, el sur de Pinar
del Río y la Isla de Pinos. 48
Los
refugios piratas de San Antonio y esos otros lugares,
fueron testigos, en ocasiones, de pequeños
desembarcos de tropas norteamericanas en persecución
de los piratas. 49
Es
en 1822 cuando la prensa recoge que la portuguesa
María Cruz Gómez, antes pirata,
ahora negrera, llegó a hundir frente a
Matanzas su goleta “María Pequeña
con varias decenas de negros en sus bodegas, antes
de ser apresada y escapó en una embarcación
menor. Algunos relacionan esta segunda María
de la historia de la piratería con la que
luego dará el topónimo de María
La Gorda a la playa de la Ensenada de Las Corrientes.
También
hacia 1822 empezó a navegar las aguas litorales
de la Isla de Pinos una goleta llamada La Barca
cuyo capitán, Pepe “el Mallorquin”
llegó a hacerse famoso como pirata. La
goleta disponía de un cañoncito
y su tripulación la formaban 40 hombres,
diestros en la aventura y armados para la misma.
Sin embargo, terminó sus días esta
embarcación en las costas de la Ensenada
de las Corrientes dejando su impronta en playa
y caverna de la península. Según
Francisco Mota, (así lo cuenta en Piratas
en el Caribe), esta nave fue destruida en Isla
de Pinos, hundida por cañonazos de ingleses. 50
Además de La Barca otra embarcación
El Limeño dejó su huella en la toponimia
costera de la península. Gaspar Antonio
Rodríguez, alférez en Dragones que
se insubordinó en 1824 en Isla de Pinos,
luego de muchas aventuras y desventuras a partir
de la orden de arresto que se libró contra
él, el 25 de agosto de 1824. Ayudado por
los ”musulmanes de la costa”, pasó
junto a otros amotinados de una embarcación
a otras hasta que apresaron la Goleta Adelina
y más tarde la goleta Merced y ya en el
Cabo de San Antonio, tratando de partir hacia
Yucatán y no teniendo práctico que
lo ayudara, tuvo que continuar hacia las costas
meridionales de Guanahacabibes y luego de asaltar
la goleta El Limeño y trasladarse a ella,
la hizo su nave y durante semanas navegó
por otros mares llevando a cabo distintos asaltos
a embarcaciones pequeñas y de cabotaje.
Según Francisco Mota “el rastro de
estos arriesgados hombres se perdió en
el tiempo. 51
Sin embargo, como testigo del hundimiento de esa
embarcación en la Ensenada de las Corrientes,
está el litónimo de El Limeño,
lugar donde desembarcó la expedición
de Rafael Cruz y con él, Gutiérrez,
dándole a su vez, sobrenombre al lugar.
El 20 de diciembre de 1823 cayó en manos
de las autoridades españolas como sospechoso
de piratería Aaron Smith, médico
que había caído antes prisionero
de piratas cuando aquellos habían asaltado
su barco, del cual era pasajero, “El zephir”,
el 26 de julio de 1821. Su testimonio acerca del
incidente piratesco y de su estancia en Guanahacabibes
ilustra un capítulo interesante de la vida
de los “hermanos de la costa”. 52
En
1825 dan inicio las tropelías del pirata
inglés Eduardo Low, uno de los últimos
que habitaron en Guanahacabibes. Cinco años
más tarde fue capturado en el Cabo de San
Antonio luego de cruenta lucha. 53
En
1828, José A. Saco, comentando el informe
de Labadía a la Academía, sobre
la Isla de Pinos, señaló que en
la isla, como en la zona de los Remates de Guane
la situación se mantiene igual que en 1797,
“que los vecinos no quieren que se fomente
la isla porque les va mejor en el comercio de
rescate en esos lugares”, y concluye diciendo;
“no sirve más que de abrigo de piratas
y contrabandistas extranjeros”. Estas palabras
de Saco reflejan muy bien la situación
de la península. 54
Hacía
1830 el Alférez Veguilla de Espinoza, a
las órdenes del “Apostadero de La
Habana”, inició una campaña
y después de librar a La Habana del grupo
de aventureros que infestaban sus aguas, continúo
su labor en Guanahacabibes, donde cortó
la carrera de Antoñuelo el Sevillano, otro
de los piratas que realizó fuertes depredaciones
en el litoral de Cabo Corrientes. Este marino
andaluz había empezado su carrera de aventurero
junto a los llamados “musulmanes”
de la costa y durante varios años vivió
refugiado en los recovecos del Cabo de San Antonio
dificultando la frecuente navegación que
en aquellos tiempos se realizaba por aquel litoral.
Si la aventura a gran escala se hizo imposible
a partir del telégrafo y del vapor, la
pequeña delincuencia marítima proliferó
en diferentes recovecos del litoral. En Cabo Corrientes,
María La Gorda con su lupanar, Juan Claro,
Pitaluga, Juan Sierra y Antonio Perjuicio, así
como Enrique el Pirata, Marín y Denis,
entre otros, lo poblaron con sus historias y dejaron
su impronta en los topónimos litorales.
Todavía en 1902, aunque resulte increíble,
la prensa se hace eco de una acción piratesca
en el Cabo de San Antonio.
Según
Francisco Mota existen numerosas leyendas, tradiciones
y aún noticias más o menos documentadas,
sobre la existencia y tesoros en nuestro país.
“La realidad, a lo largo de un siglo ha
justificado la razón de estas leyendas...
el litoral... tan propicio al vivir piratesco...
no podía verse libre de este acuciante
folclore, máxime cuando en más de
una ocasión la realidad ha premiado, con
riquezas enterradas, la tenaz preocupación
de algún que otro “curioso”. 55
Resultaría
poco menos que interminable la relación
de los lugares de Cuba en las que, ya sea por
la constancia histórica, ya sea a través
de tradiciones o leyendas, se supone que existan
pretéritos tesoros enterrados... existen
datos, hechos históricos y hasta documentos
que certifican la existencia en los litorales
cubanos, de varios centenares de lugares donde
la riqueza del pasado se halla esperando a los
buscadores del presente. 56
La
parte más occidental de nuestra isla- hoy
provincia de Pinar del Río – fue
una de las zonas más afectadas en todos
los tiempos por la actividad pirática (dice
Francisco Mota en su libro Piratas en el Caribe).
Buen refugio para carenar, excelente puerto de
espera para asaltar las flotas de nueva España
y de Tierra Firme; en su litoral hallaron cuartel
más de uno de los grandes de la piratería.
Y también, en muchas ocasiones, fue en
sus costas precisamente donde dieron su última
batalla. 57
Las
costas del Occidente cubano estuvieron generalmente
libres de vigilancia durante largos períodos
históricos esto dio lugar a que en ellas
hallasen refugio un sin número de aventureros.
La península de Guanahacabibes puede considerarse
uno de los más habituales centros piratas
del caribe. 58
“El
Cabo de San Antonio, aislado durante siglos –
continúa diciendo Mota – fue refugio
permanente de más de un pirata famoso.
El que más tiempo permaneció en
él, fue el sanguinario Bartolomé,
apodado “ El Portugués “ Ello,
como ya explicamos entre los Cayuelos y Caleta
del Piojo y queda luego demostrado por su impronta
sobre la toponimia ya que el corral que se merceda,
lleva su nombre. 59
Precisamente
sobre Los Cayuelos, en el mismo Cabo de San Antonio
“se dice que hubo importantes tesoros enterrados”
plantea Francisco Mota. También Antonio
Núñez Jiménez, trasladando
informaciones de Publio Parra menciona el descubrimiento
"casual" de uno de ellos. 60
También Máximo Valerio en su libro
inédito (¡enviado al Concurso Casa
de Las Américas!) se refiere a otro tesoro
en Los Cayuelos – que de manera tangencial
es mencionado en la Asamblea de Constitución
del PURS en el Seccional Distrito Guanahacabibes
en 1963 cuando un militante protesta porque “había
un camión y una excavadora abandonados
al lado de un hueco” cerca de Los Cayuelos;
a esto quizás se refiera Mota cuando agrega
que “Hay noticias de que, todavía
en 1960 unos Norteamericanos anduvieron buscando
en esa zona”.
Aunque
también en esta zona menciona la posibilidad
de tesoros en Punta del Holandés, no se
refiere a Pitaluga, pirata criollo de origen Mantuano,
que según la tradición oral y la
leyenda, ocupó la cueva de La Sorda, explorada
por Núñez Jiménez- aunque
sin el derrotero que conserva la esposa de un
nieto de Pitaluga-; ni habla “del tesoro
del Jagüey” que el sobrino-nieto de
Denis (hoy farero) pudiera relatar – aunque
sólo de oídas por escuchárselo
a su tío, (aquel que encendía y
apagaba la planta generadora de electricidad para
el poblado de Los Cayuelos, hoy desaparecido).
Tampoco habla Mota del tesoro más próximo
a la Caleta del Piojo donde habita aún
quien espera por “un iluminado” para
mostrarle cómo pudo bien-casar a sus hijas
y quedó sin embargo él, como queda
aún, sin riqueza alguna, apegado al lugar.
El
tercer tesoro de Los Cayuelos no ha sido encontrado,
11 informantes que tuve hablan – hablaron
– acerca del mismo, 9 de ellos de alguna
manera fueron consultados nuevamente hace unos
5 años. Se localizaron tres jagüeyes
... ninguno es el que se menciona en el derrotero. 61
Mota
también se refiere a la caleta de aguas
muertas, cerca de Uvero Quemado y a la Cueva de
Los Negros y su conuco cercano. No dice que es
dato histórico porque quizás no
estuviera informado al respecto de la cimarronería
en la Península y específicamente
a la realidad histórica de lo ocurrido
con la figura de Rafael Lazo ni haya conocido
las décimas que al respecto recuerdan en
la memoria colectiva aquellos hechos. 62
Se
refiere Mota también a las Cuevas de la
Furnia y sus alrededores equivocando un tanto
los nombres y ubicación de algunos que
pueden precisarse un poco leyendo los trabajos
de Núñez, el cual también
se “asesoró” por Máximo
Valerio Ceballos. Y por supuesto, dedica algunos
párrafos al tesoro de Mérida.
63
Otras
informaciones referentes al corso y la piratería
pudieran agregarse al presente trabajo que por
supuesto – forzoso es decirlo – carece
de un trabajo literario en estos momentos y del
que ya tenía en formato mayor (recuérdese
que esto es una apresurada síntesis de
un texto mayor que llevo escrito y que solo es
el tercer capítulo de un libro de cinco,
acerca de los visitantes del Cabo).
Sugiero se consulten mis dos capítulos
entregados al CITMA para el libro que se publicaría
en Paraguay en 1995, los cuales versan sobre La
historia cultural y Las leyendas y tradiciones
de la península de Guanahacabibes; así
como mis trabajos “La Toponimia del Cabo”;
“Farmacopea del Cabo”; “Novísima
Guía de Forasteros para la Península
de Guanahacabibes”, y “La monografía
del municipio Sandino” por su relación
con los elementos que aquí se abordan,
así como las entrevistas que ofrecí
a Cuba Internacional en febrero de 1992 y a Bohemia
en 1996. Preparo además un texto sobre
“Referencias históricas, mitos y
leyendas relacionadas con la supuesta ciudad sumergida
al oeste de Pinar del Río” que quizá
resulte de interés.
1 Así les llama Cirilo Villaverde en su excursión
a Vuelta Abajo. 1838.
2 Fragmentos iniciales
en mi “Novísima guía de forasteros
para la Península de Guanahacabibes”
1989.
3 Me alerta, Francisco
Mota en “ Piratas en el Caribe” 1984.
4 Así lo recogí
en mí “Fechario de la Península
de Guanahacabibes”, inédito, 1993
(ficha #18 y #20. Fernando Portuondo en su Historia
de Cuba, epígrafe 91 da su versión
sobre la segunda noticia.
5 En el mismo texto
(ficha #21).
6 En Piratas en el Caribe,
de Francisco Mota. Página 61. (y ficha
#23 de mi fechario).
7 En” Manual de
Historia de Cuba” de Ramiro Guerra, página
85 y ficha # 25 de mi fechario.
8 En “Los Holandeses
en el Caribe” de Cornelis Ch. Goslinger,
página 56.
9 Francisco Mota en
“Piratas del Caribe” página
87.
10 Documentos para la
historia de la colonia, de César García
del Pino (y ficha # 33 de mi fechario)
11 Ficha # 38 de mi
fechario. Abundante información en página
159 y siguientes de “Los Holandeses en el
Caribe” OB CIT.
12 Ficha # 37 de fechario
sobre la Península de Guanahacabibes.
13 Francisco Mota Obra
citada, página 87 columna 2.
14 Manual de Historia
de Cuba Ramiro Guerra página 105.
15 Francisco Mota obra
citada, páginas 92, 93 y 94.
16 Ficha # 39 del fechario
citado.
17 Ficha # 40 del fechario
citado.
18 Los Holandeses en
el Caribe OB CIT páginas 204 y 211.
19 Los Holandeses en
el Caribe, obra citada, página 310 y reflexiones
propias del autor.
20 Tomado de Francisco
Mota, obra citada, página 98 segunda columna.
21 Según Francisco
Mota esta explicación pertenece a Esquemeling
(no dice dónde la brinda) puede leerse
en Piratas en el Caribe, página 98, segunda
columna.
22 Esquemeling Piratas
de la América, página 131 –
134 y ficha #43 del fechario ya citado.
23 Esquemeling. Obra
citada, Pág. 131 y ficha # 46 de fechario
ya citado.
24 Fechario ya citado,
ficha # 47.
25 Esquemeling obra
citada, Pág. 143 y siguiente. Mota obra
citada, Pág. 126 y siguientes.
26 Esquemeling obra
citada, página 181 y siguientes. Mota obra
citada, Pág. 114 y siguientes.
27 “La Toponimia
de la Península de Guanahacabibes”.
Gerardo Ortega. 1985 Fondos Raros Biblioteca Provincial.
28 Fechario citado,
ficha # 54.
29 “El Tesoro
de Mérida: ¿Leyenda o Realidad?”.
Gerardo Ortega. 1996 Archivo Provincial.
30 Fechario citado,
ficha # 56.
31 Fechario citado.
Gerardo Ortega. Ficha # 57.
32 Piratas en el Caribe,
Francisco Mota, página 134, segunda columna.
33 “El tesoro
de Mérida: ¿Leyenda o realidad?”
Gerardo Ortega 1996 Archivo Provincial de Historia.
34 En “Piratas,
corsarios, filibusteros y contrabandistas siglo
XVIII y XIX” de José Luciano Franco
Ver Ensayo Histórico, La Habana, 1974,
página 47 y siguientes.
35 Francisco Mota, obra
citada. Páginas 144 – 145.
36 José Luciano
Franco Obra citada. Páginas 47 y 48.
37 Gerardo Ortega. Fechario
citado. Página # 42.
38 Diario de Don Joseph
Fernández del Cristo y Fechario ya citado,
ficha # 93.
39 Diario de Don Joseph
Fernández del Cueto y fechario ya citado,
ficha # 94.
40 Legajo 1180 del Archivo
Nacional de Historia Sala de la Colonia Ficha
# 103.
41 Oficio del Legajo
1181–A del Archivo Nacional de Historia,
Sala de la Colonia. Ficha #107.
42 Legajo # 1261, numerados
los oficios entre 1 y 133, años 1778 y
1779. Sección XI Santo Domingo. Tomado
de AGI. (Trasuntados por César García
del Pino).
43 César García
del Pino obra citada y ficha # 114 de Fechario
citado.
44 Francisco Mota –
obra citada, página 173.
45 Francisco Mota –
obra citada, página #165. Diario del Gobierno
de La Habana del 5 de julio, archivo.
46 José Luciano
Franco. Obra citada. Página # 53.
47 José Luciano
Franco obra citada. Páginas 80 y 81.
48 Francisco Mota obra
citada, Páginas 175 y 176.
49 Francisco Mota, obra
citada, Páginas 176.
50 Francisco Mota, obra
citada, Páginas 108.
51 Francisco Mota Obra
citada. Página # 189.
52 Francisco Mota Obra
citada. Páginas 192 – 194.
53 Fechario citado.
Ficha # 157.
54 Fechario citado.
Ficha # 162.
55 Francisco Mota. Libro
citado. Página # 195 y fechario citado.
Ficha # 165.
56 Francisco Mota. Libro
citado. Página # 220.
57 IDEM. Página
# 224.
58 Francisco Mota. Obra
citada. Página # 224.
59 Gerardo Ortega Rodríguez.
“La toponimia de la Península de
Guanahacabibes”. Biblioteca Provincial.
60 Antonio Núñez
Jiménez – “El pueblo cuenta
su historia”.
61 Información
clasificada.
62 Francisco Mota. Obra
citada. Página # 225.
63 Leer más de
20 páginas. Gerardo Ortega Rodríguez.
“El tesoro de Mérida: ¿Fantasía
o Realidad?”. Documento entregado al Archivo
Provincial en 1996.
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