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LA
TOPONIMIA DE LA PENINSULA DE GUANABAHABIBS COMO
PARTE IMPORTANTE DE NUESTRA HISTORIA CULTURAL.
RESUMEN
En
este trabajo se incursiona primeramente en las
características geográficas, históricas
y ambientales de esa región tan peculiar
que es la península de Guanahacabibes y
luego se pasa a analizar la toponimia, es decir
el origen de los nombres propios de los lugares
más relevantes de esa zona.
Se reconocen no solo anotaciones históricas
que nunca antes se han organizado en un mismo
texto, labor acuciosa que hizo recurrir al autor
a una variada bibliografía; y a partir
de ese momento se insertan leyendas tomadas de
voz de habitantes del lugar mediante cerca de
una decena de entrevistas, las cuales enriquecen
el estudio de la toponimia de la península
de manera sustancial.
La ponencia describe además condiciones
propias del lugar, desde el punto de vista geográfico,
para lo cual se basa en una interesante investigación
del BANFAIC de la década del 50, los siempre
útiles trabajos del compañero Antonio
Núñez Jiménez que tanto ha
estudiado esta región y los resultados
del levantamiento topográfico realizado
por la Academia de Ciencias entre 1979 y 1980.
Se explica que la iniciativa para realizar este
tipo de trabajo estuvo condicionada por la exhortación
hecha por el grupo de trabajo del Ministerio de
Cultura que visitó nuestro municipio con
el objetivo de mapear el territorio en la labor
de atlas cultural y con el cual el autor colaboró
hace algunos años.
Lo más importante que como valoración
concedemos al presente trabajo es su originalidad
pues no conocemos de obra anterior con los mismos
fines del enriquecimiento que aporta a las investigaciones
socio – culturales que sobre la zona del
Cabo, se están realizando en la actualidad.
INTRODUCCIÓN
Una
de las zonas más ricas de la Historia Cultural
de nuestra provincia es la península de
Guanahacabibes, la arqueología ha destacado
en ella poco más de cien sitios habitados
por dos de nuestras culturas aborígenes,
y una de ellas, la conocida por Cayo Redondo,
toma su nombre del lugar, situado en esta península,
en que fue encontrado un ajuar completo de dicha
cultura, pero la confluencia no se limita a ese
período de nuestra Historia, también
la cultura española, no del todo homogénea
entonces, se radicó en este paisaje desde
el siglo XVII en los distintos hatos y corrales
y se consustanció además en el poblado
indígena de El Cayuco, donde fue agrupada
toda suerte de aborígenes incluyendo los
trasladados de la zona oriental por la colonización,
los cuales correspondían a otros grupos
o líneas culturales.
Es significativo además la existencia de
una colonia francesa en el poblado de la Grifa,
limítrofe de esta península y la
llegada a la zona de porquerizos catalanes con
sus piaras de cerdos y su siembra en encinas …
y los otros españoles, ya en el siglo XVIII,
huyendo del estanco del tabaco y de los sucesos
de Jesús del Monte – la mayoría
canarios – que se radicaron en el istmo
de La Fe – Cortés, donde ya había
además pontevedreses y por último,
la raza negra, huyendo de los cafetales de Los
Órganos y no perseguidos en la zona porque
inicialmente no eran mano de obra para el cultivo
del tabaco, fue consustanciándose en la
medida que perdía el miedo y salía
del Cabo, abundando por eso esta raza en la zona
del Cayuco.
Aunque la arqueología y la etnología,
así como los estudios de las costumbres
de cada grupo poblacional serían campos
atractivos para trabajos interesantes al respecto,
nuestro objetivo va encaminado a tratar la historia
de los nombres propios, es decir, la toponimia
de la zona periférica de la Península
de Guanahacabibes, aspecto que sin dudas enriquece
el conocimiento de esta zona de confluencias culturales.
Por la riqueza del tema no pretendemos agotarlo,
sino tomar algunos hitos fundamentales, referirnos
a algunos ejemplos y dejar planteada la invitación
a la profundización por parte de nuevos
investigadores. De manera que perseguimos, como
objetivo secundario propiciar y despertar aún
más el interés por las investigaciones
de la vida cultural de esta zona que hoy ha devenido
de desértica y atrasada, en un importante
territorio de riqueza forestal que consta además
con dos reservas naturales de la flora y fauna
y que produce miel, cera, especies marinas y aporta
además sus recursos al turismo, sin dejar
a un lado la actividad científica que se
desarrolla en él y el hecho de que se ha
convertido en un bastión de defensa de
nuestro país.
DESARROLLO
Delimitado
nuestro objeto de estudio, la península,
hay que decir que se extiende desde el istmo La
Fe – Cortés, que es una zona baja,
en parte arenosa y lacustre hasta el Cabo de San
Antonio. Tiene como extensión, entre sus
puntos más distantes 101 km y su anchura
máxima es de 34 km. De su área total
1625 km2, 1050 km2 corresponden al diente de perro,
125 km2 a la ciénaga litoral norte y 450
km2 a suelos fértiles, en general algo
arenosos.
Observando su mapa, encontramos numerosos accidentes
geográficos menores, donde registramos
los nombres que han llamado nuestra atención,
especificando en algunos de ellos su origen y
apoyándonos para esto en la Historia y
en la Leyenda, en las fuentes bibliográficas
consultadas y en las entrevistas practicadas a
los habitantes del lugar.
Si abordamos cronológicamente la toponimia
de la zona habría que remontarse al origen
nativo de algunos lugares, pero como estos, lógicamente,
surgen de la prehistoria a la historia nominados
por españoles, es obvio que de la mano
de estos obtengamos los primeros datos.
Sobre el papel aparece por primera vez y solamente
avistada el jueves 12 de junio de 1494, una parte
de nuestra zona costera, (que no tomaría
nombre hasta algunos años después
y gracias a otro ilustre visitante del lugar en
cuestión), nos referimos a la albúfera
de Cortés, la cual queda descrita por Colón
durante su segundo viaje, en su diario de navegación;
documento que llega a conocer Hernán Cortés
de alguna manera y por eso se refugia en dicho
lugar para carenar una de sus naves en febrero
de 1519 cuando viaja a la Conquista de la Nueva
España (México).
Es Significativo que sobre este hecho, el ilustre
Fernando Portuondo señala en su libro “Historia
de Cuba 1492 - 1898” página 18 que
dicho lugar fue la bahía de La Coloma y
señala que “casi agotados los víveres
y descontenta la tripulación después
de mes y medio de navegación costeando
335 leguas el mismo país, Colón
ordenó al escribano Pérez de la
Luna levantar acta donde todos los expedicionarios
juraron que creían a Cuba tierra firme”.
No obstante, en su obrita posterior titulada “El
Segundo Viaje” de Cristóbal Colón
incluye la carta de Miguel de Cúneo, participante
de esa expedición, quien señala
que viajando al oeste noroeste unas 60 leguas
después de Isla de Pinos avistaron tierra
firme y continuaron viajando al noroeste para
encontrar El Catay, “según la opinión
del señor almirante” … “Hallamos
que eso era un golfo. Al verlo viramos y volvimos
por nuestro camino”. Calculando tales distancias
se comprende que en vez del puerto de La Coloma,
se trata de la albúfera de Cortés.
Para concluir con esta enmienda, los autores del
“Atlas de Cuba” de 1979 dirigidos
por el ingeniero Carlos Manuel Ibarra Martín
en el mapa sobre Descubrimiento y Colonización
que aparece en la página 104 se muestra
correctamente lo que venimos diciendo en cuanto
a la visita del almirante a las proximidades de
nuestro territorio, ya que la descripción
del puerte de mar que hace en su diario el navegante
se corresponde con la de la albúfera de
Cortés.
Es decir que en 1519 sería visitado el
extremo sur oriental de la península por
aquel que le daría nombre y se trata del
actual puerto de Cortés. No obstante comenzamos
por él debido a que nuestro primer cronista,
el descubridor Cristóbal Colón,
nos dejó en las páginas de su diario,
con fecha tan temprana como 1494, una descripción
de dicho lugar.
Se comprende pues que le antecede en la nominación,
el punto más occidental, es decir, el Cabo
de San Antonio 2, el cual toma nombre de labios
de Sebastián de Ocampo quien fue el primero
en avistarlo durante el bojeo o viaje de circunnavegación,
lo que debió ocurrir en los meses finales
del año 1509 según algunos autores,
pero nosotros hemos podido comprobar luego de
diversas consultas que la fecha más exacta
se acerca a mediados de enero y de aquí
deducimos que haya sido descubierta el 17 de enero
de 1510 y como esta fecha indica la fiesta de
Antonio Abad o San Antón, ello explica
que se haya ofrendado ese día de regocijo
por haber descubierto el final de la Isla, la
cual bordeaban desde su costa norte, con el nombre
de ese santo Anacoreta de la Tebarda. Se reafirma
esta suposición nuestra con dos hechos,
uno, la costumbre reiterada de nombrar por motivos
religiosos y haciendo uso del santoral, de las
tierras descubiertas en fechas significativas
del mismo, con el santo en cuestión, y
dos, que este punto geográfico siguió
llamándose durante algún tiempo
como san Antón, nombre con que aparece
en el santoral y el que se conoce por San Antonio.
Así lo podemos ver por ejemplo en La Verdadera
Historia de la Conquista de la Nueva España,
de Bernal Díaz del Castillo, Tomo I, página
18 donde señala que “un 8 de febrero
de 1517 salimos de Puerto Ajaruco que está
en la banda del norte y en doce días doblamos
la punta de San Antón”.
El tercer lugar de la península, nominado
en orden cronológico, fue el de la Ensenada
de las Corrientes por otro cronista, esta vez
Alvar Núñez Cabeza de Vaca el cual
señala en su diario de navegación
“Partidos de aquí y llegados a Guaniguanico
nos tomó otra tormenta, que estuvimos a
tiempo de perdernos. A Cabo de Corrientes3 tuvimos
otra: estuvimos tres días. Pasados estos
doblamos el cabo de san Antón “....
Ello ocurrió entre el 3 y el 6 de abril
de 1527 pero por la forma en que utiliza los nombres
, se comprende que no es el primero que los usa
y por ello puede haber ocurrido que el Cabo de
Corrientes y la Ensenada de Corrientes4 hayan
sido nominados por el propio Sebastián
de Ocampo, primero en haber visitado , en 1510
tales sitios . No obstante , la explicación
del nombre se determina simplemente por las fuertes
corrientes marinas que confluyen en ese lugar
. Sabido es que la costa norte pinareña
es bañada por una corriente que al llegar
a San Antonio encuentra la Corriente del Golfo
mucho más potente y una parte de su fuerza
retoma la costa sur de la península hasta
la Ensenada de Corrientes donde ya solo le queda
, al salir a la altura de ese Cabo , sumarse a
la Corriente del Golfo y seguir su ruta; de esta
manera, es significativa la existencia de tales
corrientes en ese lugar .
Fuera de Cortés , San Antonio y Corrientes
( Cabo y Ensenada ) había que tener en
cuenta la zona norte de la península donde
se detuvo Pánfilo de Narváez en
su bergantín cundo escribió desde
allí a Diego de Velázquez, confirmándole
el fin de la Conquista en 1513, aunque no nomina
el lugar se señala haber varado “cerca
de unos cayos de leña”, es decir,
que no hacían tierra firme . Como sabemos,
en lo adelante esos cayos hasta hoy son conocidos
como Cayos de la Leña5, aunque es de suponer
que el nombre pudo haberse oficializado mucho
después por los miembros del corso y la
piratería, los cuales se abastecían
de leña en ellos .
Y por último, atendiendo a estos primeros
cincuenta años de nuestra historia habría
que mencionar las primeras noticias del interior
de la península y del primer lugar , periférico
de ella: por encontrarse en su borde oriental,
nos referimos al pueblo o “poblado de las
cayucas”6. Este fue el único asentamiento
indígena de la zona y el que derivó
poco a poco su nombre hasta el de Cayuco, nombre
que ostentó y por el cual se le conoce
por muchos todavía hasta fecha muy cercana,
en que pasa a llamarse Manuel Lazo en homenaje
al ilustre oficial mambí hijo de esa localidad
.
Era en sus inicios dos agrupaciones de bohíos
a bajareques a orillas norte y sur de una laguna
que allí existió y se comunicaban
los pobladores atravesándola en troncos
de árboles ahuecados a los cuales llamaban
cayucas , de ahí la primera visión
del poblado de las cayucas .
Y andando el tiempo y marcando estos límites
entre 1587 y 1729 se concierta la Colonización
en todo este territorio de la península
y tomados los nombres de origen español
por ser estos quienes desarrollaron la gesta colonizadora,
transcribimos aquí, con sus fechas de bautizo
tales lugares, lo que puede comprobarse en el
Prontuario de Mercedes y Encomiendas, publicado
en La Habana en 1587. Estos nombres de lugares
fueron los siguientes:
El primer corral concedido en esta zona fue el
de San Juan7 con fecha 1 de mayo de 1587, lugar
que hoy se conoce por el nombre de Vallecito de
San Juan o simplemente Vallecito. Fue concedido
al español Juan Alonso de Bazán,
la entrega se hacía válida quince
días después por corresponderse
a resultas de testamento y ello coincidió
con el día de San Juan, de ahí el
nombre recibido. Los demás hatos y corrales
o encomiendas fueron:
El Corral de Los Serranos8, el 16 de marzo de
1597, el Corral de La Jaula9, el 13 de agosto
de 1661. El cuarto corral fue el de La Grifa10,
el 2 de septiembre de 1661. El quinto, el Hato
de San Bolondrón11, el día 9 de
enero de 1664. El sexto fue el corral de San Ubaldo12
el 5 de agosto de 1664. Luego se entregó
el Hato de Melones13, el día 27 de marzo
de 1687, más tarde el Corral de La Carabela14el
día 12 de diciembre de 1687. Después
el Corral de Maspotón15 cedido en igual
fecha que el de La Carabela y el último
fue el Corral de Remates16, el 15 de mayo de 1729,
con lo que quedó completa la nominación
de los puntos o lugares interiores de la península.
En este mismo período de tiempo, la Toponimia
del Cabo, como también se le llama a gran
parte de la península, se fue desarrollando
en sus costas, pero esta vez bajo la impronta
de otro agente humano diferente del que desarrolló
la colonización, me refiero a los corsarios
y piratas.
“La piratería –guerra sin archivos-
ha ido dejando sus anécdotas en decenas
de lugares de nuestro archipiélago. La
escasez de documentos impide llegar a lo que pudiéramos
considerar historia en el sentido científico
de la misma. Se trata de una crónica de
la tan violenta como extraordinaria aventura.
La historia del corso y la piratería en
este extenso mediterráneo americano sería
más amplia y compleja. Muchas de las actividades
marítimas llevadas a cabo frente a sus
litorales y a través de sus estrechos y
sobre sus islas y arrecifes pudieran ser clasificadas
bajo la común denominación del corso
y la piratería. No hay territorio del Caribe
que no haya sufrido la presencia de los aventureros
en cualquier momento de su historia”.
De este modo se explica en la introducción
a su libro “Piratas en el Caribe”
Francisco Mota y ciertamente, corresponde a la
península de Guanahacabibes, en toda Cuba,
haber sido el lugar más visitado por estos
aventureros del corso y la piratería, por
lo cual su toponimia debe numerosos nombres a
ellos, como veremos a continuación.
Antes de dar inicio a tal recuento y repitiendo
que los hechos del corso y la piratería
son contemporáneos con la colonización
de la península, veamos la comprobación
de tal cosa en la descripción que hace
de Cuba en 1571 el geógrafo López
de Velazco:
“Hay en esta Isla ocho pueblos, una ciudad
y siete villas y en todas como doscientos cuarenta
vecinos españoles, ninguno encomendero,
porque en toda la Isla no hay más que nueve
pueblezuelos de indios, en que habrá como
doscientos setenta indios casados que no tributan
ni están encomendados a nadie”.
Es decir, que nuestra toponimia de Guanahacabibes
es de las más ricas y abundantes, así
como una de las más antiguas del país
y del continente pues más de cien topónimos
sobrepasan ya los cuatrocientos años de
existencia.
Dice Francisco Mota, volviendo a nuestras costas,
que sus accidentes serían “refugio
y cuartel de bucaneros y piratas. Algunos llegarían
a ser, de su nombre, eponimia de piratería”.
Nosotros pudiéramos agregar que debido
al apartamiento de la península de cualquier
lugar habitado de la Isla, esta constituía
un buen lugar para el avituallamiento de la necesaria
leña, del agua no menos necesaria, agua
para beber, agua para higienizarse, para cocinar...
y del lugar seguro para enterrar tesoros o para
hacer cuartel, o para huirle a las tormentas.
La presencia de los piratas franceses alrededor
de 1550 en nuestras costas debe haber decidido
el nombre de Cabo Francés17 y Playa Francés18..
los piratas ingleses relacionaron el Farallón
del Inglés19 y la Playa de los Ingleses20...
y los holandeses el de Punta del Holandés21...
Así mismo, Carabelas22, Carabelitas23,
Cueva del Pirata24, María la Gorda25, Resguardo26,
Perjuicio27, La Barca28, Playa Antonio29, son
nombres de nuestra toponimia del corso y la piratería.
Al respecto de este grupo de lugares, podemos
ampliar en relación con la Playa de los
Ingleses y el Farallón del Inglés,
con la siguiente historia contada por Francisco
Mota:
John Hawkin, pionero de la piratería inglesa
visitó en sus correrías, varias
veces, la Isla de Cuba... el 12 de agosto de 1568
hace la visita a La Habana, pero, una fuerte tormenta
lo arrastra hacia el Golfo de Méjico y
se avería considerablemente al desarbolarse
su nave, echa anclas al sur de la península
de Guanahacabibes para carenar y sustituir sus
mástiles dañados. Es significativo
que al sur de la península de Guanahacabibes
el lugar que puede prestarse para refugio de tales
tormentas es la gran bolsa que representa la Ensenada
de las Corrientes y precisamente al centro mismo,
al interior de la misma, se encuentra la Playa
de los Ingleses y el Farallón del Inglés...
y que conste que nos limitamos a considerar la
posibilidad o factibilidad histórica del
hecho en cuestión.
También otro inglés, más
famoso aún, Francisco Drake, fue avistado
a finales de mayo de 1586 por los vigías
españoles del Cabo de San Antonio, cuando
abandonaba el sur de la península donde
se había abastecido de leña y de
agua. Uno de sus buques en 1595, acabó
sus días en el litoral meridional de la
península , como nos cuenta la Historia
y es preciso recordar que los lugares mapeados
por un navegante, son utilizados después
por sus sucesores, que conocen de los mismos por
las famosas cartas de mareo y a partir de las
relaciones marinas que primero van a las respectivas
bitácoras y luego se generalizan.
Hay que decir que algunas de estas noticias quedan
dadas también por los vigías o centinelas
que en diversos puntos fueron ubicados de manera
permanente por la corona española en la
península (en el Cabo de San Antonio y
en el Cabo de Corrientes desde fecha tan temprana
como la de 1585).
En relación con los holandeses, su presencia
en nuestras costas y el nombre de Punta del Holandés,
sugerimos las siguientes referencias históricas:
En 1627 el Teniente Diego Vázquez de Hinostrosa
fue atacado por unos piratas holandeses que surgieron
de las costas meridionales de la península
y lo hostigaron desde las proximidades del Cabo
de San Antonio hasta cerca de La Habana.
Al año siguiente, el holandes Piet Heyn,
que mandaba una flota corsaria envió a
su segundo Henry Jong a las cercanías del
Cabo de San Antonio para regresar cogiendo de
popa a la Flota Española que venía
de Veracruz, mientras él, con la mitad
de sus barcos la enfrentaba por la proa. Esta
hazaña de Piet Heyn sería imitada
después por otros, pues la estrategia de
ubicar embarcaciones al sudeste del Cabo de San
Antonio donde no podían ser advertidas
por los vigías resultó muy provechosa.
Nótese que, precisamente, esa es la ubicación
de la Punta del Holandés.
También Pata de Palo, conocido pirata incursionó
por estos lugares cercanos a la Punta del Holandés
y se cuenta como este holandés desarrolla
algunos combates a partir de este lugar, entre
los cuales se destaca la del 30 de agosto de 1638.
Otros piensan que por el nombre de la Punta del
Holandés pudiera relacionarse con el pirata
famoso llamado el Holandés, pero no son
datos históricos los que me acompañan
para esta aseveración, queden pues las
anécdotas contadas como abanico de posibilidades
para la explicación toponímica del
lugar. Francis Nau, como se llama el Holandés
pudo no obstante conocer por las cartas geográficas
tal accidente geográfico porque ya en 1667
aparecía en ellas.
Es significativo que las decenas de nombres costeros
que hemos ido dando a conocer y sobre los cuales
aún no hemos concluido su explicación
correspondan, es bueno que anotemos esto desde
ahora, casi totalmente a la costa sur de la península,
porque es la navegable ya que la costa norte es
baja, llena de manglares y de ciénaga litoral,
no presentando playas ni lugares propicios para
el abastecimiento de agua potable y para el refugio
de tormentas.
Hemos dejado para el final, porque corresponden
al siglo XIX los nombres de María la Gorda
y Perjuicio, con relación a la primera
hay datos históricos y una leyenda interesantísima
que todavía se trasmite oralmente y recogemos
de dos de nuestros informantes para esta figura
que explica dos de los lugares costeros del sur
de la península: las Tetas de María
la Gorda30, sendos salientes de la costa y la
Playa de María la Gorda, famosa desde el
mismo siglo XIX por ser lugar escogido para desembarco
de expediciones revolucionarias.
María la Gorda, de origen portugués,
se hizo pirata e incluso se dedicó a la
trata negrera carrera que concluyó su actividad
en 1822 al hundir su goleta “María
Pequeña” a la altura de Matanzas.
Había hecho su campamento más o
menos fijo en el lugar que se conocería
por María la Gorda en recuerdo a su figura.
Hasta ahí lo poco de historia que pudimos
rastrear por Francisco Mota y por Esquemeling.
Ahora, su leyenda es además atractiva.
Se supone que María, obligada en su juventud
por un pirata portugués que luego de arrasar
con una población de Honduras acampó
en el Cabo, en las proximidades del actual María
la Gorda, tuvo que quedar con una parte de la
dotación del buque en ese lugar, así
como con avituallamiento y por parte del botín
en el cual se incluían algunas mujeres.
Se dice que el pirata en cuestión nunca
regresó y que María, de acuerdo
con las restantes mujeres se amotinó y
dueña de la situación sojuzgó
al segundo al mando que había quedado al
frente del campamento obligando a los marineros
a seguirla en una primera incursión piratesca
que dio resultado. Andando el tiempo su campamento
era visitado por distintos aventureros pues se
cuenta que con las demás mujeres y otras
que obtuvo montó un lupanar y un almacén
de avituallamiento haciéndose famosa desde
entonces (por su fonda y posada para los hermanos
de la costa) y dando su nombre al lugar.
Y en cuanto a Perjuicio, llamado Antonio Perjuicio
son conocidas sus correrías en la zona
de Guanahacabibes, como por ejemplo en 1902 se
informa en la prensa que el barco Juana Taraya
fue perseguido por La barcaza pirata de Antonio
Perjuicio. Este pirata criollo le da nombre a
Perjuicio, lugar del sur de la península
de guanahacabibes y quizás a la Playa Antonio.
También existe una leyenda sobre la existencia
de Resguardo, otro pirata criollo pero el nombre
de resguardo es genérico como sinónimo
de protección o abrigo y pudiera estar
allí su explicación.
No queremos concluir este repaso histórico
de la toponimia del cabo o de la península
de guanahacabibes sin señalar que otros
nombres fueron dados por la influencia religiosa
y de ahí surgen El Judío31, El Fraile32,
La Cruz33, La Bóvela34 etc, otros por las
características de la flora: La Yagruma35,
El Veral36, La Majagua37, La Caleta del Mangle38,
El Uveral39, Uvero Quemado40, Los Troncones41,
Las Canas42, etc; otros por la fauna y el Comercio
de Rescate La Machorra43, La Pasada de las Vacas44,
El Verraco45, La Bajada de la Iguana46, Caleta
del Piojo47, El Agüají48, etc, y por
último, muchos de los nombres se deben
a las características geográficas
y topográficas, La Furnia49, Riito50, La
Bajada de la Peña51, Las Cadenas52, Punta
Gorda53, Caletones54, La Bajada55, Playa Larga56,
Caleta Larga57, Cayuelos58, etc. Pero todos estos
nombres (o en su mayoría) parecen haber
surgido a partir del siglo XVIII y la mayor parte
de estos en el siglo XIX o incluso en el XX.
CONCLUSIONES
Toda
una toponimia, herencia del habitat indígena,
de la Conquista y Colonización de los aventureros
que habitual o circunstancialmente nos visitaron
a lo largo de cuatro siglos fue quedando impresa
en nuestra realidad geográfica e histórico
- social.
En el perímetro de la península
puede irse señalando, por los nombres de
los distintos accidentes geográficos todo
un pedazo de nuestra historia y por las primeras
mercedes aquí relacionadas y esos nombres
de corsarios y piratas, comprobamos la enorme
riqueza toponímica de la zona, una de las
más antiguas e interesantes del país.
En el presente trabajo basándonos en los
textos señalados, la visita a diversos
lugares citados y entrevistas a moradores de la
zona hemos recogido información sobre este
bello legado histórico cultural que forma
parte indiscutible de nuestras raíces y
que debe tener su lugar entre las investigaciones
que se promuevan en torno de la cultura pinareña.
Agradecemos a todos los
entrevistados y en especial a Francisco Varela,
Estrella Valdés, Juan Izquierdo y Periquito
Decelis por sus valiosas informaciones y a la
compañera Guelmis Lazo Álvarez que
tuvo a bien teclear esta ponencia.
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