Regrese al Inicio
     
 

LA PENÍNSULA DE GUANAHACABIBES: SU HISTORIA (1494-1844)

Los antecedentes más remotos que existen acerca de la península de Guanahacabibes, están dados por el diario de navegación del Almirante Cristóbal Colón.
Fernando Portuondo en su obra "El segundo viaje de descubrimiento" abunda al respecto comentando la carta de Miguel de Cúneo y acepta, conocedor de las investigaciones de Feliberto Ramírez Corría, la apreciación de Ramiro Guerra acerca de la Ensenada de Cortés como lugar más al Occidente visitado por Colón. (1)
El Almirante de la Mar Océana se acercó a la Ensenada que más tarde se llamaría de Cortés por la visita de ese otro intrépido navegante. Allí dicta al escribano Fernando Pérez de Luna que “de aquí adelante va la costa della al mediodía”, es decir, que la costa viraba bruscamente al sur y creyó haber llegado al Quersoneso Aureo; es así cómo en un punto de la ensenada de Cortés, el jueves l2 de junio de l494 se origina el primer documento histórico que interesa a este territorio, esa costa que viraba bruscamente al sur, era la parte sur oriental de la península de Guanahacabibes. (2)
Después, al ser descubierto durante el bojeo de la Isla, el Cabo de San Antonio, esta acta carecería de valor, pues se demostraba que Cuba no era parte de un continente.
El bojeo se desarrolló entre finales de l508 y principios de l509, la fecha más apropiada para la llegada al cabo de San Antonio se acerca a mediados de enero y por ello nos permitimos sugerir que haya sido el día l7 ya que esa fecha indica en el santoral la fiesta de Antón Abad, esto explicaría el porqué de su nombre. (3)
El bojeo contribuyó a que las miradas de los colonizadores de La Española comenzaran a dirigirse hacia el oeste. Poco después se iniciaría la Conquista de Cuba. Diego Velázquez sería Adelantado y Gobernador de la Isla y la otra figura que se hará fundamental por su importancia en la conquista de la zona más occidental es Pánfilo de Narváez, éste descuella desde el principio de su llegada a Cuba dentro del grupo guerrero, es el segundo hombre de la conquista y quien concluye la misma; porque, entre los meses de octubre y de noviembre de 1514, sojuzgará a los aborígenes de Guanahacabibes. Al menos en este último mes, está en los Cayos de la Leña, al norte de la península de Guanahacabibes. Y su ilustre acompañante, Bartolomé de Las Casas nos dice que estos aborígenes:
"Guanahatabeyes según se llaman, vivían en un estado de salvajismo más avanzado"(4)
Las tierras “conquistadas” por Narváez en el extremo occidental Velázquez las convierte en sus famosas Haciendas y con ello completa la conquista y da inicio a la Colonización.
A partir de l5l7, cuando Velázquez piensa en anexarse las tierras del continente utilizando esta parte más occidental como trampolín en sus incursiones, este territorio adquiere relevancia y entra con un nuevo impulso a la Historia, su nombre en varias oportunidades será recogido por diferentes viajeros en sus crónicas.
Francisco Hernández de Córdoba por ejemplo, al frente de la primera expedición que viaja hacia la conquista de la Nueva España dobla por el Cabo de San Antón o de San Antonio, según nos cuenta Bernal Díaz del Castillo, el 20 de febrero de l5l7.
También Bernal Díaz, el l8 de abril de l5l8, esta vez acompañando a Juan de Grijalva, en la segunda expedición al continente, menciona al Cabo de San Antonio y su viaje hacia la Isla de Cozumel a la cual arriba dos días después.
Y el 11 de febrero de l5l9 este cronista nos dice que el piloto conocido por Camacho no cumple lo indicado por Cortés acerca de esperarlo a la altura del Cabo de San Antonio, donde él esperaba reunir su flotilla antes de continuar hacia la conquista del continente. Esta vez dos embarcaciones, bajo las órdenes de Pedro de Alvarado irían por la costa norte y las restantes acompañarían a Cortés por el Sur. Bernal Díaz, que venia en la nave con Pedro de Alvarado anota en su historia que al ver que Camacho no hacía caso de lo instruido, optó por seguirlo, de manera que aventajaban a Hernán Cortés en cerca de dos días de navegación en dirección a Méjico. (5)
En realidad, el l3 de febrero el intrépido capitán se encontraba carenando una de sus embarcaciones en la albúfera que a partir de entonces se denominaría con su apellido: Cortés. Ese día hubo que arreglar el gobernalle de la nave de Pedro de Morla, uno de sus hombres. Antón de Alaminos; el navegante experimentado que ya durante el segundo viaje de Colón había estado en ese lugar, sirvió de práctico.
Y entre otras crónicas sobre Guanahacabibes debe tenerse en cuenta el testimonio de Alvar Núñez Cabeza de Vaca quien tuvo que protegerse en la Ensenada de Corrientes, al sur de este territorio, huyendo de una tormenta, en l527, para ello aprovechó las corrientes marinas que lo llevaron hasta allí, de ahí que llamara a esa Ensenada de las Corrientes, al igual que al Cabo que le permitió encontrar su refugio.
Las Haciendas de Velázquez fueron utilizadas como base de aprovisionamiento para los barcos que se dirigían al continente, ello implicaría el traslado hacia ésta zona de aborígenes más desarrollados, para la cocción de alimentos, la preparación del casabe y de carnes saladas, etc. y la siembra de cultivos de subsistencia, la cría de caballos y de cerdos, así como la preparación de tocinos. Hernán Cortés, se abastece en una población agrícola que parece haber existido cerca de la desembocadura del Cuyaguateje, la noticia nos la da Bernal Díaz, cuando estando Cortés en San Cristóbal de La Habana (del sur) en los primeros días de febrero de 1519 nos dice que envió a un hombre suyo, a un lugar cercano...
"a la punta de Guaniguanico, a un pueblo que allí estaba de indios, donde hacían casabe y tenían muchos puercos para que cargase el navío de tocino, porque aquella estancia era del gobernador Diego Velázquez ". (6)
Encontramos también la referencia en el libro “Por la ruta de Hernán Cortés” de Fernando Benítez, pero mayor claridad y precisión tiene la cita de Fernando Ortiz:
"Se funda una población agrícola al oeste, en la Ensenada de Cortés, para avituallar las empresas de Yucatán y México y apenas estas se realizan, aquella desaparece, y Cuba y La Española casi se despueblan para acudir a loa fabulosos alicientes de tierra firme y del mar del sur ". (7)
Otra característica que tipifica el territorio de la península de Guanahacabibes, además de su carácter de trampolín hacia “tierra firme”, es la relacionada con la historia del corso y la piratería, ello se constata en su toponimia, leyendas y tradiciones culturales.
" La piratería - Guerra sin archivos - ha ido dejando su anécdota en decenas y decenas de lugares de nuestro archipiélago. La escasez de documentos impide llegar a lo que pudiera considerarse historia en el sentido científico de la misma. Se trata de una crónica de la tan violenta como extraordinaria aventura".
De este modo se explica en la introducción a su libro " Piratas en el Caribe " Francisco Mota y corresponde a la península Guanahacabibes haber sido el lugar más visitado por esos aventureros del corso y la piratería... estas costas y sus accidentes, serían:
" Refugio y cuartel de bucaneros y piratas". (8)
Precisamente, la presencia de los piratas franceses alrededor de 1550 en las costas de este territorio más occidental debe haber decidido el nombre de Cabo Francés; los piratas ingleses relacionaron el Farallón del Inglés y la Playa de los Ingleses y los holandeses, quizás el famoso Olonés, el de Punta del Holandés. Asimismo, Carabelitas, Cueva del Pirata, María la Gorda, Resguardo, Perjuicio, La Barca, Caleta de Antonio, son nombres de la toponimia de Guanahacabibes que proceden del corso y la piratería.
Al respecto podemos anotar en relación con la Playa de los Ingleses y Farallón del Inglés: " John Hawkin, pionero de la piratería inglesa visitó en sus correrías varias veces la Isla de Cuba, el 12 de agosto de 1568 hace la visita a La Habana, pero una fuerte tormenta lo arrastra hacia el Golfo de México y avería fuertemente al Jesús, desarbolándole; echa anclas al sur de la península de Guanahacabibes para carenar y sustituir los mástiles quebrados ".
Es significativo que al sur de Guanahacabibes el lugar que se presta para refugio de tales tormentas es la gran bolsa que presenta la Ensenada de Corrientes y precisamente al centro interior de la misma se encuentran los lugares conocidos por Farallón del Inglés y Playa de los Ingleses.
También Francis Drake fue avistado a fines de mayo de 1586 por los vigías del Cabo de San Antonio cuando abandonaba el sur de la península donde se había abastecido de agua y leña. Uno de sus buques en 1595 acabó sus días en el litoral de la península. Estas noticias, son dadas por los centinelas que en diversos puntos fueron ubicados de manera permanente en el Cabo de San Antonio y en el de Corrientes desde 1585 (andando el tiempo habría de emplazarse en esos puntos sendos faros).
En cuanto a los piratas holandeses, su presencia en las costas de la península de Guanahacabibes y el nombre de Punta del Holandés sugiere las siguientes posibilidades enmarcadas en estos datos históricos.
En 1627 el teniente Diego Vázquez de Hinostrosa fue atacado por unos piratas holandeses que surgieron de las costas meridionales de la península y lo hostigaron desde las proximidades del Cabo de San Antonio hasta La Habana. Por esto España refuerza su presencia en el Cabo Corrientes y al año siguiente, el Gobernador General Don Lorenzo Cabrera dispone establecer guardia armada y algunas embarcaciones rápidas en dicho lugar debido a la presencia, cerca del Cabo de San Antonio, de una escuadra holandesa al mando de Pietre Andreus Ita.
En ese año Piet Heyn que mandaba una flota corsaria holandesa envió a su segundo Henry Fong a la cercanía del Cabo de San Antonio para regresar cogiendo de popa a la flota española que venía de Veracruz, mientras él con la mitad de los barcos la enfrentaba por la proa. Esta hazaña de Piet Heyn seria imitada por otros, pues la estrategia de ubicar embarcaciones al sureste del Cabo de San Antonio donde no podían ser advertidos por los vigías resulto muy provechosa. Nótese en un mapa que precisamente esa es la ubicación de la Punta del Holandés.
También Pata de Palo, conocido pirata de origen holandés incursionó por estos lugares próximos a la Punta del Holandés y se cuenta cómo este pirata desarrollaba algunas batallas a partir de ese punto entre las cuales se destaca la ocurrida el 30 de agosto de 1638 según nos cuenta Francisco Mota. El capitán español Carlos Ibarra al frente de siete galeones y cuatro urcas, más un patache que se le unió a la altura del Cabo de San Antonio enfrentó a 16 embarcaciones holandesas al mando de Pata de Palo. El combate duro hasta el cinco de septiembre cuando Ibarra pudo escapar salvando el cargamento de más de 10 millones de pesos en oro que trasladaba hacia España.
No sólo en la toponimia como aspecto cultural influye la piratería, sino también en las tradiciones culturales y en toda una rica tradición oral sobre leyendas de tesoros y piratas, tales como las relacionadas con el tesoro de la catedral de Mérida y los del sanguinario pirata Bartolomé Portugués por sólo citar dos ejemplos. (9)
Regresemos pues al interior de la Isla y específicamente en ese período de nuestra historia que se extiende a partir de 1537 para analizar la evolución colonial en relación con la tierra y las clases sociales.
Antes de referirnos al proceso de mercedación y su relación con la oligarquía terrateniente habanera debemos señalar que en este territorio más occidental, se ubica al menos una de las propiedades conocidas por las haciendas de Velázquez a partir de 1515 y es por ello que a la muerte de éste en 1524 se establece un litigio encaminado a la distribución de la herencia de la misma.
Así pues, la primera mercedación de tierras aprobada y sancionada por el Cabildo de La Habana que se entregará en Guanahacabibes será el Corral de San Juan del Valle (actual valle de San Juan) exactamente el 1 de mayo de 1587 a Alonso Bazán, hijo de Juan Bazán, el favorecido por Guzmán ante la herencia de Velázquez, ello comprueba no solo la existencia de la famosa Hacienda sino su ubicación y región central aproximada.
Otra mercedación que se otorga antes de concluir el siglo XVI es el Corral de los Serranos, el 16 de marzo de 1597 al Marqués de la Real Proclamación. Y las demás serían, en el siglo XVII, las siguientes:
El Corral del Portugués el 27 de septiembre de 1652 concedido a Luis Antigua; El Hato de la Jaula el 13 de agosto de 1661 a Matías Sarmiento; El Corral de La Grifa el 2 de octubre de 1661 a Francisco Castañeda; El Hato de San Bolondrón el 9 de enero de 1664 a Luis Pedroso; El Corral de Sitio de Pimienta el 5 de febrero de 1664 a Francisco Herrera Pedroso; El Corral de San Julián el 14 de abril de 1664 al Conde Loreto; El Hato de Santa Bárbara el 14 de abril de 1664 a la viuda de Martín Pedroso; El Corral de la Jarreta el 5 de agosto de 1664 a Luis Pedroso; El Corral de San Ubaldo el 5 de agosto de 1664 a Luis Pedroso; El Hato de Melones el 27 de marzo de 1687 al Marqués de la Real Proclamación, quien recibirá además, con fecha 12 de diciembre de este mismo año 1687 las siguientes mercedes: Corral de la Carabela, Corral de Maspotón y Corral de Las Martinas. El Sitio de crianza de Pimienta se había entregado el 18 de abril de 1687 a Don Antonio José de Antigua, cerrando la etapa de mercedación de tierras en el siglo XVII.
Más tarde, se entregó el Corral de los Remates el 15 de mayo de 1729 cerrando de este modo la entrega de tierras en la zona y un capítulo más de la colonización en tierra adentro. (10)
Como en el resto de la Isla, aquí, se van mezclando los elementos autóctonos con los españoles; en esta zona se habían refugiado muchos aborígenes huyendo de la conquista y ello decidió que en la península subsistieran con más fuerza, por lo apartado del territorio, en más de una familia de criollos, los rasgos indígenas y éstos a su vez fueran más propensos andando el tiempo, a la unión con la raza negra.
Fue pues creándose el germen de la nacionalidad cubana o más bien la base etnográfica para esa nacionalidad, a partir de la zona del Saetial, debido a la agrupación de aborígenes allí encontrada, única existente en el territorio aparte de la vecina Aldea Guaní. De manera que al cuadro ya heterogéneo de aborígenes que radicaban en la zona, se sumó el colono español, el aventurero de otras nacionalidades y el negro prófugo de las plantaciones de azúcar y café que dejaba de ser perseguido en lo intrincado de la península; como nos cuenta José Luciano Franco. (11)
Y por su parte, Fernando Portuondo nos da una visión de la Isla, que se extrema seguramente para dar una idea de esta zona.
"... Se vivía en un aislamiento casi completo la escasez de los pobladores no permitía mantener caminos abiertos entre unos y otros pueblos, lo que hizo costumbre exigir a quienes recibían tierras para criar, que tuvieran permanentemente un bohío con agua y leña en el centro de sus haciendas la "casa de pasajeros" para alivio de los que se veían en el caso de transitar por aquellas soledades. Por mar se corría el peligro de caer en manos de piratas y por tierra se podía ser víctima de negros e indios alzados: los cimarrones " (12).
De la mano de la ganadería primero, lo que decidió la mercedación de tierras a la cual nos hemos referido y del tabaco después, se fue incrementando poco a poco la población.
La ganadería sin dudas prevaleció durante toda la primera etapa del siglo XVI y XVII sobre todo en función del contrabando, bien visto por los funcionarios del Cabildo de La Habana que se enriquecían con éste. Como muestra del mismo, a espalda del Gobernador General los Rojas se dedicaban a ese comercio de rescate desde sus posiciones más occidentales en la Isla.
Lo cierto es que el comercio de rescate no sólo con pieles sino también con las carnes y tasajos, mantuvo durante muchos años cierta actividad en esta zona que no era controlada por el Gobernador General y contaba con la anuencia de personeros de la municipalidad; ello puede asegurarse a pesar de la poca bibliografía al respecto, por el conocimiento del merodeo constante de estas costas por raqueteros, bucaneros y filibusteros durante todo el siglo XVII, así como por la salida al mar de varios caminos no oficiales, además, porque precisamente este hecho habrá de tenerse en cuenta para justificar la dotación de 30 soldados al Teniente Gobernador de la Filipina cuanto esta se constituya " Para enfrentar el comercio de contrabando ". (13)
Sin embargo, la historia de este territorio durante la llamada Primera Factoría (1511-1760) debe mucho, al menos a partir de 1606 a la historia del tabaco como actividad económica que comenzó rivalizando con la ganadería y la agricultura de subsistencia y de la cual fue despegándose poco a poco.
La Real Cédula del 26 de agosto de 1606, planteaba la prohibición de su siembra:
" Para que con esto los naturales traten de labrar minas y laboren en otras granjerías de más utilidad y beneficio para ellos y míos, rentas y derechos reales. "
...y ello provocó que el tabaco continuara cultivándose libremente pero fuera de la ley y por lo tanto alejándose de las villas principales y de la capital donde se incentivaba en sus inmediaciones algún tiempo atrás.
De manera que el camino ya andado por el contrabando de pieles, carnes y tasajos en la península de Guanahacabibes, comenzará pronto a ser utilizado por el tabaco.
Si el Estanco de 1636 habrá de ser sistemáticamente violado, el que impone la Real Célula del 11 de abril de 1717 resulta diferente. Incluso los hacendados y el clero se ven afectados y por ello fomentan el descontento de los vegueros usándolos como punta de lanza contra el Estanco, ello no significa desde luego un cambio de la estrategia clasista, pues tenía como objetivo final el control de la producción y la comercialización del tabaco por estos factores.
Por ello, se agudizan las contradicciones entre el Cabildo y la Gobernación y como segunda consecuencia se desarrolla e incrementa el comercio de contrabando del tabaco en las márgenes de los ríos más distantes de la Capital. Ese es el momento en que comienza a incentivarse el cultivo de esta planta a las orillas del Cuyaguateje y en algunas zonas periféricas de la península. (14)
El poblamiento del territorio de Guanahacabibes, se conformaba pues, a la altura de 1700, a los aborígenes consustanciados entre sí por los grupos que desde la parte oriental de la Isla han venido huyendo de la colonización, a los primeros colonos y a otros extranjeros que la piratería ha lanzado a sus costas y el negro cimarrón que ha escapado de las plantaciones de caña y de café. A partir de este cuadro, los criadores de cerdos con sus piaras y los vegueros (canarios en su mayoría) procedentes de las inmediaciones de La Habana, repujados como secuela de las sediciones ya comentadas, y de otros factores económicos, habitarían también este territorio.
El centro originario de ese poblamiento sería el Cayuco donde los españoles encontraron aborígenes suficientes para servirse de ellos. De la llegada de los primeros colonizadores a este lugar quedó constancia mucho después por la relación de uno de ellos a la que sería primera capital de la Filipina es decir Guane; tanto en esta noticia como en posteriores informes se leería " poblado de las Cayucas", de ahí que el nombre de este asentamiento no haya sido dado por sus primeros habitantes como en el caso de Guane, aunque sí por una palabra autóctona: Cayuca.
Seguramente llamó la atención de los españoles el uso de las Cayucas en un poblado indígena de esta parte de la Isla por lo inusual, conocían ya estas embarcaciones puesto que los aborígenes de las zonas más orientales horadaban al centro un grueso tronco de árbol ayudándose del fuego y lo echaban a los ríos o lagunas para trasladarse.
Este asentamiento, cuya derivación topónima se explica por sí sola, ubicado más al suroeste de lo que ahora se encuentra, en realidad eran dos pequeños grupos de bajareques indígenas en las orillas opuestas de una extensa laguna. La parte de la aldea que se encontraba del lado sur era la más populosa, todo ello según la tradición oral.
Las primeras construcciones españolas, lógicamente utilizando la fuerza de trabajo indígena y la de algún esclavo africano, se ubicaron en la zona próxima a ese lugar, y que hoy se conoce como El Saetial y donde, andando el tiempo, el 15 de mayo de 1729, como ya se ha informado se merceda con el nombre de Corral de Remates.
Fue pues, en el territorio que nos ocupa creándose el germen de la nacionalidad cubana, como en el resto de la Isla, a partir de ese mismo criollo que ya desde 1600 ha tomado presencia sobre el papel en la carta que envía el Capitán General y Gobernador de la Isla, Pedro Valdés a su Ilustrísima, el Rey de España Felipe III y donde menciona la existencia de incomprensiones entre " la gente de la tierra " y los españoles residentes en la Isla (15).
Abundando sobre el poblado de Cayuco, como primer asentamiento del territorio, el mismo debe haber tenido cierta configuración hacia finales del siglo XVII y resulta significativo que en este poblado siempre y hasta nuestros días ha sido abundante la raza negra, su relación con los ya mestizos aborígenes ha quedado expuesta también. Como se sabe la raza negra fue introducida en la Isla no sólo para el trabajo en los ingenios y las plantaciones de azúcar, sino para todo trabajo fuerte de la agricultura y las construcciones, incluso el servicio doméstico, lo que lleva a la presencia temprana en el territorio.
Además, la no-existencia de la persecución intensiva a los esclavos en fuga hacia estos lugares más apartados, apenas sin camino visible, por los riesgos que suponía para el rancheador y por lo poco que podía influir esta rebeldía esclava para las dotaciones tan distantes, hacía que los prófugos fueran abandonando poco a poco la vida selvática de la península de Guanahacabibes donde se habían ocultado y fueran sumándose a la periferia de la " civilización ", laborando con los más pobres habitantes de la zona del Cayuco y consustanciándose lenta y progresivamente con ellos.
Es pues, la migración, la huida, más que el traslado por los amos y señores lo que decidió en un primer momento la presencia de la raza negra en el territorio de la península. Ello había ocurrido antes con los aborígenes de la zona oriental de la Isla primero y después con los vegueros en sedición a partir de 1724.
Aparte de este poblado del Cayuco (andando el tiempo recibiría el nombre de uno de sus preclaros hijos, Oficial del Ejército Libertador Coronel Manuel Lazo) no se tienen noticias sobre otros asentamientos de importancia en el umbral del siglo XVIII.
Fuera de La Habana, o Santiago de Cuba, Bayamo, Puerto Príncipe y otras ciudades cuyo desarrollo protagonizaban la historia de la Isla durante el siglo XVIII, se vivía en un aislamiento atroz, y la escasez de pobladores no permitía mantener caminos abiertos entre uno y otro poblado. (16)
La historia no tiene muchas páginas para Guanahacabibes hasta más avanzado el siglo XVIII cuando, con mayor frecuencia se conocían testimonios sobre aquellos vegueros o tabaqueros que huyendo del estanco del tabaco en 1717 habían comenzado su migración en busca de tierras feraces y huyendo de la presión de la metrópoli y de los turbulentos sucesos de Jesús del Monte y de San Miguel del Padrón (17).
Estos iban ocupando cada vez más al poniente cuanta tierra le sirviera para la siembra de la hoja aromática y algunos mencionaban feraces tierras, riquezas naturales y ya la zona que pertenecería a la nueva Filipina gozaba de amplia reputación entre los tabaqueros de la Isla antes de 1774.
Poco antes, en 1743, autorizado por Bartolomé Lorenzo de Flores se realizó el plano del realengo que se le puso por nombre La Asunción, alias Malpotón, ubicado en Remates, sito entre el corral de Maspotón y el de San Juan del Valle. El hecho económico que justifica este realengo es la producción de tabaco. En 1745, también autorizado por Bartolomé Lorenzo de Flores se realizó el plano o los planos de Sitio de Pimienta, Asiento Viejo (San Juan del Valle), Asiento Nuevo (Vallecito), La Jarreta y Remates, correspondientes a las fincas o vegas autorizadas entre los hatos y corrales según se había dispuesto en las ordenanzas primero y en la redistribución de tierras de 1729 después. (18)
En 1762, desde agosto hasta julio de 1763, se produce la toma de La Habana por los ingleses; ello contribuye al incremento del contrabando en este territorio más occidental, el cual queda a la deriva administrativamente, pues el Cabildo de La Habana cesa lógicamente sus funciones y si bien la Corona Española se representa por la Capitanía de Cuba (Santiago de Cuba). Al este del territorio ocupado por los ingleses, en el oeste de la zona ocupada, no tiene representación alguna.
Al concluir la ocupación inglesa, Ambrosio Funes de Villalpando, Capitán General de la Isla firma un decreto por el cual autoriza el mejoramiento de los caminos en occidente, por esta medida, llegó la Vereda del Rey (camino real) a las márgenes del Cuyaguateje, luego a Guaní o Guane en 1772 y se internó después por un ramal estrecho desde Paso Real de Guane hasta el Embarcadero de Guadiana ya en la periferia de la península, durante el Gobierno del Marqués de la Torre. (19)
Entre los documentos que indican la actividad económica y social del territorio las cuales no eran muy diferentes de las del resto de toda la Isla, quizás la nota más interesante, relacionada con Guanahacabibes es la que encontramos en l771. Entre los oficios del Intendente del Ejército Miguel Altarriba enviados al Gobernador General Marqués de la Torre a partir de este año hasta 1774 se encuentra uno enumerado entre 877 y 1300 que comunica al Capitán General la necesidad de herramientas para abrir un camino a Cabo Corrientes con el objetivo de construir allí posteriormente un puesto de vigía, pues lo entendía sumamente necesario para enfrentar a los filibusteros y detener de alguna manera el comercio de contrabando que era significativo.
A pesar de las medidas adoptadas el contrabando no se podía eliminar y ello influyó para que se tomara como determinación la creación de la Jurisdicción de la Nueva Filipina, esto resultó un tanto a favor del Gobernador General frente al Cabildo el cual pierde la potestad de administración y toda decisión sobre el territorio.
El 22 de enero de 1775 Felipe de Fondesviela, Marqués de la Torre escribe al Rey Carlos III declarándole su decisión al respecto de la creación de la Nueva Filipina y pidiéndole su real concurso para las innovaciones realizadas y el nombramiento de Antonio Fernández, Capitán de Dragones Del Regimiento América como Primer Teniente Gobernador de Filipinas, el cual toma posesión de su cargo el 2 de noviembre de ese año en Guane, a 60 leguas de La Habana, con 30 hombres a su mando y teniendo como primer objetivo controlar y eliminar el comercio de rescate y hacer cumplir la Ley, en el territorio bajo su mando.
En 1776 se envían oficios por parte de Antonio Fernández al Capitán General Marqués de la Torre con los siguientes asuntos: Proposición de mudar " el puesto de vigía de Cabo Corriente para el Cabo de San Antonio”; naufragios cercanos, medidas para "la recaudación de mostrencos y a la prevención de forzados y negros fugitivos", relación de la cera recogida en cada partida, aprehensión y embarque de desertores, herramientas para abrir caminos, informe sobre flotilla inglesa avistada sobre el cabo de San Antonio, se hace un reconocimiento de la ensenada de Cortés, "relaciones que entregan los diputados de los vegueros (expresando) el número de vegas, los operarios que las cultivan y matas de tabaco que pueden sembrarse”. (20)
Poco después Filipinas ya se dirige desde el poblado capital de Pinar del Río, localidad que fue seleccionada por su posición central de la jurisdicción que queda conformada por 6 partidos (antecedentes de los municipios) y al frente de uno de ellos, estará, en Guane del Sur, Manuel del Castillo, a quien se subordinará la península.
La correspondencia enviada por parte de este Capitán del Partido refería: el ganado de cerdos existentes en cada hacienda, la orden para que el tabaco se remitiera directamente a la Real Factoría "sin otra desviación " y autos sumarios civiles y militares e informes sobre buques avistados desde el puesto de vigía del Cabo de San Antonio. Remisión de desertores. Bando de buen gobierno. Necesidad de construir puentes por cuenta de vecinos y haciendas. Tazmia de tabaco. Establecimiento de vigías en Punta Colorada, Cabo Corrientes y otros lugares etc.
En el año de 1780 desde Guane del Sur informa el Capitán del partido acerca de diversas denuncias de reses contramarcadas y el uso de monedas falsas en su territorio, así como la publicación de un bando notificando la expulsión de ingleses del Cabo de San Antonio.
Ya en 1783, el nuevo Teniente Gobernador Gabriel Mier ordena al Capitán del Partido de Guane del Sur que rastree y capture esclavos apalencados en la zona del Cabo los cuales escaparon del Partido de Consolación del Norte. Y encontramos recogidos los siguientes asuntos: Informe del Vigía de La Peña (Península de Guanahacabibes), rescate de náufragos en la zona. Tazmia de tabaco con expresión de vegas, dueños y operarios y otras cuestiones referentes a este ramo. Testamentarias. Diferencias entre los vegueros y los hacendados. Naufragios en Cabo Francés etc.
El 10 de junio de 1785 por Real Cédula es nombrado como Capitán General de la Isla de Cuba el Conde Gálvez y ello es comunicado al ya Teniente Gobernador de la Jurisdicción de Filipinas Don Joseph María de la Torre según consta en los documentos de su tenencia de Gobierno que se mantienen archivados en Sevilla. En este año se prohibe por el Ministerio Oficial a cargo de Troncoso y por mediación del Intendente del Ejército Colonial que
"no permita extraer tabaco del Partido de Guane del Sur y sus anexos, por ser el más apreciado de toda la Isla" (21)
Otra noticia de interés relacionada con la península ocurre en 1790 cuando el Gobierno de Don Luis de las Casas influye en esta Jurisdicción no sólo en el mejoramiento de los caminos sino también en las comunicaciones marítimas, autorizando una línea de vapores que incluirá los embarcaderos de Cortés y Guadiana rodeando la península.
En 1793 se confecciona un mapa de la Isla de Cuba clasificado por Santo Domingo según pudo comprobar César García del Pino en el archivo de Indias en Sevilla, con el número 574 y en el cual se encuentran señalados Cortés, Cabo Francés, Cabo Corrientes, La Peña y el Cabo de San Antonio, puntos importantes de nuestra costa Sur, sólo resulta significativa la ensenada de Guadiana al Norte.
Cayuco, como se había informado era pues hasta esta época el único poblado de todo este extenso territorio que conformaba los Remates de Guane y solo a partir del siglo XIX podemos hablar de nuevos poblados.
Uno de los tres caminos existente desde principios del siglo en esta zona partía desde Cayuco, atravesaba Malpotón e iba por las haciendas de Asiento Nuevo (Vallecito), Asiento Viejo (El Valle) y llegaba a la Ensenada de Corrientes; otro atravesaba el poblado y unía la Ensenada de Guadiana y el Puerto de Cortés y el tercer camino nacía desde este último, a unos cuatro kms de Cayuco en el lugar conocido por La Güira y pasaba por Marrero hasta salir al mar por La Cruz. (22)
Esta disposición de los caminos se debe entre otras cosas a que mediante ellos se completaba, además de las relaciones de este fértil emporio escondido de los vegueros y tabaqueros con el resto de la Isla, el comercio de contrabando con bucaneros y filibusteros que merodeaban las costas. Es decir por la Ensenada de Guadiana y por Cortés se establecía el comercio oficial con la tenencia de Gobierno y por La Cruz y Corrientes con los contrabandistas. Otros caminos se abrían hacia La Llana, el de Marín, carretero contrabandista que más tarde nombraría el lugar conocido como Pasada de Marín y varias ramificaciones de aquel que se internaban en la península.
Si los poblados de tierra adentro tienen características similares, los costeros tienen a su vez rasgos comunes entre sí, dependientes del modo de subsistir en las tierras altas por la pobre agricultura y en el mar mediante peces, tortugas, crustáceos, etc.
No obstante, presenta además características propias el poblado de la Fe llamado primeramente Juan López. Recibía este nombre porque alrededor de 1828 un exlatifundista arruinado en Vuelta Arriba llegó a este lugar y sentó plaza abriendo un almacén y una tienda y entrando de lleno como intermediario de la venta de tabaco en la zona. Más tarde, comenzó a hacerse de tierras cultivables convirtiéndose de nuevo en latifundista y prácticamente dueño del caserío que bajo su tutela y beneficiado por el cierre del embarcadero del Guadiana fue adquiriendo características de poblado a mediados del siglo.
Sin embargo, el pueblo, andando el tiempo no se llamó Juan López, sino La Fe, debido al vapor de ese nombre que luego de varias visitas al lugar quedó encallado allí. Su importancia además estaría dada por ser ruta comercial y pasaje obligatorio del camino real entre Paso Real de Guane y el Cayuco y toda la zona de la península.
Creemos que luego de haber expuesto en cuadro sucinto la existencia, surgimiento y desarrollo de los núcleos poblacionales más antiguos del territorio que nos interesa señalar que existían además de estos poblados, decenas de familias dispersas en toda la zona, quienes cultivaban además del tabaco pequeñas parcelas con viandas, frutos menores, hortalizas, especias, etc., las cuales matizaban las plantaciones de tabaco.
Por lo que queda dicho se comprende que la disposición de los poblados esté regida en primer término por este renglón económico es decir, los poblados de tierra adentro, rodeado de los campos de cultivos (Cayuco), y los poblados costeros convertidos en puertos para la pesca y embarque del tabaco (Cortés, La Fe).
El problema de la propiedad de la tierra en esta zona como en el resto de la isla, cambia radicalmente a partir de 1829 cuando se hace la redistribución de todas las tierras. En esa redistribución se respetan las Mercedes que en 1729, es decir cien años antes, se habían otorgado y en otros casos se respetaba la permanencia en el lugar del demandante por lo menos por 40 años, siempre que se tratara de un sitio no ratificado; todo ello, a falta de títulos que se hallaren en el Cabildo de La Habana y fueran otorgados entre 1729 y 1774. El Taxador de tierras (Tasador) Augusto Valdés había además actualizado en el período de 1776 a 1829 algunas tierras a favor del Capitán Pedáneo de Guane del Sur.
Este Capitán Pedáneo o Capitán del partido desde 1815 era Luis Pimienta y para el Gobierno de toda la zona conocida por Remates de Guane, es decir a partir de La Fe contaba con su subordinado el Teniente a Guerra Francisco Morales. Hijo de Francisco Morales quien había sido Capitán Pedáneo antes de Luis Pimienta.
Morales, representante de la corona en el territorio y con las manos bastante sueltas para hacer lo que quisiera, no tuvo dificultades para adueñarse de todas aquellas tierras que no fueran claramente defendidas por herederos o poseedores actuales cuando llegó el taxador de tierras. Así vendió o distribuyó las tierras que adquirió de este modo a otros tres Morales entre los cuales se destacó Roberto Morales. Ya en 1850 comienza a destacarse como terrateniente Contreras en la zona de Las Martinas y cerca de Cayuco era conocido un terrateniente de apellido Finlay, pariente del famoso Carlos J. Finlay descubridor del agente transmisor de Fiebre Amarilla. Esta gloria de la ciencia cubana pudo haber visitado la hacienda de su tío cercana al poblado de Cayuco, hacienda tabacalera que era arrendada a algunos de los vecinos alrededor de 1870, como se nos sugiere por una fuente viva, hijo de uno de esos arrendatarios, el cual nos informa acerca de lo común que resultaba la fiebre amarilla por la infección de las plagas en torno a la laguna de ese poblado, la cual todavía en esa fecha tenía una extensión considerable aunque ya era baja y pantanosa. (23)
Posteriormente estas tierras pasarían a Don Gregorio Palacios en su gran mayoría y a los Lazo y a los Contreras, en menor cuantía, ya que estos últimos controlaban la manufactura del tabaco extraído de esas tierras y Don Gregorio que era el magnate mayor manejaba la comercialización. En manos de estos se encontraban las mayores extensiones de tierras tabacaleras cuando arribamos a la guerra de 1895.
En los años 1819-1823 existen algunos litigios sobre tierras en la Filipina (Guane), en los cuales se denuncian a ciertos leñadores que en busca de madera para algunas construcciones dañan las propiedades de dueños de Haciendas, entre ellos Luis Antigua, descendiente de aquel antiguo hatero que había recibido algunas Mercedes en el territorio de la península desde el siglo XVII. (24)
Y tenemos el caso de Pablo Valdés quien en 1829 se adjudica por compras irrisorias, por "herencias fabricadas", por intimidaciones y otros medios, las tierras de La Jarreta y Los Sitios de Pimienta, entre otras. Dos años después, a su muerte, en 1831, su viuda María del Rosario Camejo arrienda a algunos familiares esas tierras. Entre ellos Pedro Valdés Rodríguez, José Valdés, Agustín Valdés y otros, los cuales a su vez continúan la política de su padre, pues José Valdés por ejemplo, aparece como dueño de la Hacienda de Remates la que comparte con su hermana Rosario Valdés Camejo, esposa de Luis Lazo Pérez de Oro, éstos, como se conoce, son los padres de los hermanos Lazo de los cuales se destacarán cinco oficiales mambises, los que protagonizarán el levantamiento en armas de enero de 1896 en esta zona.
De la otra rama familiar, es decir, de los hermanos de María del Rosario Camejo, también surgirán los Camejos que participarán en la guerra del 95, entre los cuales sería el más destacado Narciso Camejo. (25)
Poco después Isabel Pedroso de Herrera era dueña en 1844 de la Hacienda Los Melones, La Carabela, El Portugués y Bolondrón, este último era el único que pertenecía a su familia desde 1664. También el Sitio de Pimienta les pertenecía y entre las haciendas, hatos y corrales que aún se respetaban desde la redistribución de 1829, estaban las tierras de los Serranos, Malpotón, Cayuco, Julián y Melones, representadas por el Marqués de la Real Proclamación. (26)
Con respecto al resto de la península las tierras realengas y aquellas que no fueron esclarecidas en 1829 pasaron a la iglesia, pues según consta en los asientos de 1831 que se conservan en la Iglesia de Guane eran propiedades Jesuitas varios terrenos de la península antes que pasaran a ser regenteadas por Gregorio Palacios. En las transacciones oficiales con vistas a la construcción del faro del Cabo de San Antonio, no se hace constar la pertenencia de la tierra a nadie en particular como se acostumbraba hacer en casos similares. (27)
De todos modos, toda la extensa franja de tierra existente entre tremedales y diente de perro de tupida vegetación que se extiende desde La Bajada hasta el Cabo quedó para posibles asentamientos de cimarrones, cazadores furtivos, agricultores de autoconsumo y en pequeños conucos, proscritos y leñadores, sin olvidar las visitas periódicas que todavía hasta mediados del siglo XIX e incluso después harían piratas, filibusteros y raqueteros a la zona.
El Faro de San Antonio. Construido entre 1846 y 1849, es decir, autorizado por el Gobernador General O' Donnell y dirigidas las primeras gestiones por Martínez de la Rosa como Gobernador General Interino, se terminó de construir bajo Gobierno de Federico de Roncali, quien sólo prestó su apellido para nombrar esta obra que resulta el más antiguo monumento arquitectónico de toda la zona occidental de la Isla.
En sus primeros tiempos el rayo lumínico se originaba debido a la combustión de aceite de oliva. Mención aparte merece el hecho de que esta obra de singular importancia fue construida con el concurso de la mano de obra esclava, decenas de negros utilizados para cumplir este objetivo bajo la dirección de un grupo de ingenieros del Cuerpo de Bomberos Españoles encabezados por Don José Pérez Malo.
Administrativamente la península, en 1847 se encontraba regida por el Partido de Guane al cual se le reconocían entonces 4 poblados. Baylén o Garay, Guane o Filipinas, Paso Real y El Sábalo. Es decir que según el censo de este año no podían catalogarse aún como poblados Las Martinas, Cayuco, Cortés La Grifa, La Fe. (28)
Independientemente que todavía en 1847 no eran considerados como poblados los correspondientes a Guanahacabibes, conocemos de la existencia de planos y mapas que muestran la importancia de ciertos lugares del territorio, como por ejemplo el titulado Cabo Corrientes 1786, de Realengo denunciado en este año por el Doctor Martín de Zayas y su hijo José Joaquín en La Peña y el Cabo de San Antonio, colindantes con las haciendas La Jarreta, Remates, Pimienta, La Jaula y Cabo Corrientes. (29).
También en 1799, elaborado por el agrimensor Antonio Hermoso y autorizado por José Entralgo y Mendoza, abogado de la Escribanía de Marina aparece el plano general de dos Cabos: Corrientes y San Antonio. Según la denuncia hecha por Martín de Zayas y cedida por Mariano Carbó, que para mayor explicación de toda la dicha y para demostrar lo que corresponde a cada una, muestra las diferentes zonas del Cabo. (30).

De manera que la península de Guanahacabibes, se encuentra a mediados del siglo XIX relativamente habitada y presenta cierto desarrollo económico aunque todo él basado en una economía rural, agrícola y específicamente en el ramo del tabaco y alguna explotación de los bosques maderables, sin olvidar la agricultura de subsistencia y en menor medida la producción de miel y cera y la pesca; y debemos anotar que el comercio de contrabando no había concluido del todo
Pero, para que pueda valorarse el desarrollo económico social y cómo sería el poblado del Cayuco en estos años, traslado aquí cómo era el de Guane, cabeza de todo el gran territorio que abarcaba los Remates y el propio Cayuco:
"Se compone el pueblo de una sola calle, con siete casas de embarrado y teja, 12 de embarrado y guano y una de madera: una escuela de primeras letras, una botica, seis tiendas mixtas, una fonda, una posada, cuatro panaderías, dos cafés y billares, una zapatería, una carpintería y una talabartería, tiene una población de 157 blancos, 21 de color libres 27 esclavos, total 205 habitantes". (31)
Y así finalizamos la historia de Guanahacabibes hasta mediados del siglo XIX; escenario que en lo adelante, habrá de entrar de lleno en la historia mayor por sus aportes a la lucha independentista, los alzamientos mambises efectuados, el alijo de expediciones revolucionarias, la presencia de Antonio Maceo en el territorio, los combates contra las fuerzas españolas y otros aspectos factográficos de importancia durante el resto de la Colonia y el período republicano posterior. (32).

Diseño y webmaster:
 
 
Sitio del historiador Gerardo Ortega dedicado a Pinar del Río
Regrese al Inicio