|
LA
PENÍNSULA DE GUANAHACABIBES: SU HISTORIA
(1494-1844)
Los
antecedentes más remotos que existen acerca
de la península de Guanahacabibes, están
dados por el diario de navegación del Almirante
Cristóbal Colón.
Fernando Portuondo en su obra "El segundo
viaje de descubrimiento" abunda al respecto
comentando la carta de Miguel de Cúneo
y acepta, conocedor de las investigaciones de
Feliberto Ramírez Corría, la apreciación
de Ramiro Guerra acerca de la Ensenada de Cortés
como lugar más al Occidente visitado por
Colón. (1)
El Almirante de la Mar Océana se acercó
a la Ensenada que más tarde se llamaría
de Cortés por la visita de ese otro intrépido
navegante. Allí dicta al escribano Fernando
Pérez de Luna que “de aquí
adelante va la costa della al mediodía”,
es decir, que la costa viraba bruscamente al sur
y creyó haber llegado al Quersoneso Aureo;
es así cómo en un punto de la ensenada
de Cortés, el jueves l2 de junio de l494
se origina el primer documento histórico
que interesa a este territorio, esa costa que
viraba bruscamente al sur, era la parte sur oriental
de la península de Guanahacabibes. (2)
Después, al ser descubierto durante el
bojeo de la Isla, el Cabo de San Antonio, esta
acta carecería de valor, pues se demostraba
que Cuba no era parte de un continente.
El bojeo se desarrolló entre finales de
l508 y principios de l509, la fecha más
apropiada para la llegada al cabo de San Antonio
se acerca a mediados de enero y por ello nos permitimos
sugerir que haya sido el día l7 ya que
esa fecha indica en el santoral la fiesta de Antón
Abad, esto explicaría el porqué
de su nombre. (3)
El bojeo contribuyó a que las miradas de
los colonizadores de La Española comenzaran
a dirigirse hacia el oeste. Poco después
se iniciaría la Conquista de Cuba. Diego
Velázquez sería Adelantado y Gobernador
de la Isla y la otra figura que se hará
fundamental por su importancia en la conquista
de la zona más occidental es Pánfilo
de Narváez, éste descuella desde
el principio de su llegada a Cuba dentro del grupo
guerrero, es el segundo hombre de la conquista
y quien concluye la misma; porque, entre los meses
de octubre y de noviembre de 1514, sojuzgará
a los aborígenes de Guanahacabibes. Al
menos en este último mes, está en
los Cayos de la Leña, al norte de la península
de Guanahacabibes. Y su ilustre acompañante,
Bartolomé de Las Casas nos dice que estos
aborígenes:
"Guanahatabeyes según se llaman, vivían
en un estado de salvajismo más avanzado"(4)
Las tierras “conquistadas” por Narváez
en el extremo occidental Velázquez las
convierte en sus famosas Haciendas y con ello
completa la conquista y da inicio a la Colonización.
A partir de l5l7, cuando Velázquez piensa
en anexarse las tierras del continente utilizando
esta parte más occidental como trampolín
en sus incursiones, este territorio adquiere relevancia
y entra con un nuevo impulso a la Historia, su
nombre en varias oportunidades será recogido
por diferentes viajeros en sus crónicas.
Francisco Hernández de Córdoba por
ejemplo, al frente de la primera expedición
que viaja hacia la conquista de la Nueva España
dobla por el Cabo de San Antón o de San
Antonio, según nos cuenta Bernal Díaz
del Castillo, el 20 de febrero de l5l7.
También Bernal Díaz, el l8 de abril
de l5l8, esta vez acompañando a Juan de
Grijalva, en la segunda expedición al continente,
menciona al Cabo de San Antonio y su viaje hacia
la Isla de Cozumel a la cual arriba dos días
después.
Y el 11 de febrero de l5l9 este cronista nos dice
que el piloto conocido por Camacho no cumple lo
indicado por Cortés acerca de esperarlo
a la altura del Cabo de San Antonio, donde él
esperaba reunir su flotilla antes de continuar
hacia la conquista del continente. Esta vez dos
embarcaciones, bajo las órdenes de Pedro
de Alvarado irían por la costa norte y
las restantes acompañarían a Cortés
por el Sur. Bernal Díaz, que venia en la
nave con Pedro de Alvarado anota en su historia
que al ver que Camacho no hacía caso de
lo instruido, optó por seguirlo, de manera
que aventajaban a Hernán Cortés
en cerca de dos días de navegación
en dirección a Méjico. (5)
En realidad, el l3 de febrero el intrépido
capitán se encontraba carenando una de
sus embarcaciones en la albúfera que a
partir de entonces se denominaría con su
apellido: Cortés. Ese día hubo que
arreglar el gobernalle de la nave de Pedro de
Morla, uno de sus hombres. Antón de Alaminos;
el navegante experimentado que ya durante el segundo
viaje de Colón había estado en ese
lugar, sirvió de práctico.
Y entre otras crónicas sobre Guanahacabibes
debe tenerse en cuenta el testimonio de Alvar
Núñez Cabeza de Vaca quien tuvo
que protegerse en la Ensenada de Corrientes, al
sur de este territorio, huyendo de una tormenta,
en l527, para ello aprovechó las corrientes
marinas que lo llevaron hasta allí, de
ahí que llamara a esa Ensenada de las Corrientes,
al igual que al Cabo que le permitió encontrar
su refugio.
Las Haciendas de Velázquez fueron utilizadas
como base de aprovisionamiento para los barcos
que se dirigían al continente, ello implicaría
el traslado hacia ésta zona de aborígenes
más desarrollados, para la cocción
de alimentos, la preparación del casabe
y de carnes saladas, etc. y la siembra de cultivos
de subsistencia, la cría de caballos y
de cerdos, así como la preparación
de tocinos. Hernán Cortés, se abastece
en una población agrícola que parece
haber existido cerca de la desembocadura del Cuyaguateje,
la noticia nos la da Bernal Díaz, cuando
estando Cortés en San Cristóbal
de La Habana (del sur) en los primeros días
de febrero de 1519 nos dice que envió a
un hombre suyo, a un lugar cercano...
"a la punta de Guaniguanico, a un pueblo
que allí estaba de indios, donde hacían
casabe y tenían muchos puercos para que
cargase el navío de tocino, porque aquella
estancia era del gobernador Diego Velázquez
". (6)
Encontramos también la referencia en el
libro “Por la ruta de Hernán Cortés”
de Fernando Benítez, pero mayor claridad
y precisión tiene la cita de Fernando Ortiz:
"Se funda una población agrícola
al oeste, en la Ensenada de Cortés, para
avituallar las empresas de Yucatán y México
y apenas estas se realizan, aquella desaparece,
y Cuba y La Española casi se despueblan
para acudir a loa fabulosos alicientes de tierra
firme y del mar del sur ". (7)
Otra característica que tipifica el territorio
de la península de Guanahacabibes, además
de su carácter de trampolín hacia
“tierra firme”, es la relacionada
con la historia del corso y la piratería,
ello se constata en su toponimia, leyendas y tradiciones
culturales.
" La piratería - Guerra sin archivos
- ha ido dejando su anécdota en decenas
y decenas de lugares de nuestro archipiélago.
La escasez de documentos impide llegar a lo que
pudiera considerarse historia en el sentido científico
de la misma. Se trata de una crónica de
la tan violenta como extraordinaria aventura".
De este modo se explica en la introducción
a su libro " Piratas en el Caribe "
Francisco Mota y corresponde a la península
Guanahacabibes haber sido el lugar más
visitado por esos aventureros del corso y la piratería...
estas costas y sus accidentes, serían:
" Refugio y cuartel de bucaneros y piratas".
(8)
Precisamente, la presencia de los piratas franceses
alrededor de 1550 en las costas de este territorio
más occidental debe haber decidido el nombre
de Cabo Francés; los piratas ingleses relacionaron
el Farallón del Inglés y la Playa
de los Ingleses y los holandeses, quizás
el famoso Olonés, el de Punta del Holandés.
Asimismo, Carabelitas, Cueva del Pirata, María
la Gorda, Resguardo, Perjuicio, La Barca, Caleta
de Antonio, son nombres de la toponimia de Guanahacabibes
que proceden del corso y la piratería.
Al respecto podemos anotar en relación
con la Playa de los Ingleses y Farallón
del Inglés: " John Hawkin, pionero
de la piratería inglesa visitó en
sus correrías varias veces la Isla de Cuba,
el 12 de agosto de 1568 hace la visita a La Habana,
pero una fuerte tormenta lo arrastra hacia el
Golfo de México y avería fuertemente
al Jesús, desarbolándole; echa anclas
al sur de la península de Guanahacabibes
para carenar y sustituir los mástiles quebrados
".
Es significativo que al sur de Guanahacabibes
el lugar que se presta para refugio de tales tormentas
es la gran bolsa que presenta la Ensenada de Corrientes
y precisamente al centro interior de la misma
se encuentran los lugares conocidos por Farallón
del Inglés y Playa de los Ingleses.
También Francis Drake fue avistado a fines
de mayo de 1586 por los vigías del Cabo
de San Antonio cuando abandonaba el sur de la
península donde se había abastecido
de agua y leña. Uno de sus buques en 1595
acabó sus días en el litoral de
la península. Estas noticias, son dadas
por los centinelas que en diversos puntos fueron
ubicados de manera permanente en el Cabo de San
Antonio y en el de Corrientes desde 1585 (andando
el tiempo habría de emplazarse en esos
puntos sendos faros).
En cuanto a los piratas holandeses, su presencia
en las costas de la península de Guanahacabibes
y el nombre de Punta del Holandés sugiere
las siguientes posibilidades enmarcadas en estos
datos históricos.
En 1627 el teniente Diego Vázquez de Hinostrosa
fue atacado por unos piratas holandeses que surgieron
de las costas meridionales de la península
y lo hostigaron desde las proximidades del Cabo
de San Antonio hasta La Habana. Por esto España
refuerza su presencia en el Cabo Corrientes y
al año siguiente, el Gobernador General
Don Lorenzo Cabrera dispone establecer guardia
armada y algunas embarcaciones rápidas
en dicho lugar debido a la presencia, cerca del
Cabo de San Antonio, de una escuadra holandesa
al mando de Pietre Andreus Ita.
En ese año Piet Heyn que mandaba una flota
corsaria holandesa envió a su segundo Henry
Fong a la cercanía del Cabo de San Antonio
para regresar cogiendo de popa a la flota española
que venía de Veracruz, mientras él
con la mitad de los barcos la enfrentaba por la
proa. Esta hazaña de Piet Heyn seria imitada
por otros, pues la estrategia de ubicar embarcaciones
al sureste del Cabo de San Antonio donde no podían
ser advertidos por los vigías resulto muy
provechosa. Nótese en un mapa que precisamente
esa es la ubicación de la Punta del Holandés.
También Pata de Palo, conocido pirata de
origen holandés incursionó por estos
lugares próximos a la Punta del Holandés
y se cuenta cómo este pirata desarrollaba
algunas batallas a partir de ese punto entre las
cuales se destaca la ocurrida el 30 de agosto
de 1638 según nos cuenta Francisco Mota.
El capitán español Carlos Ibarra
al frente de siete galeones y cuatro urcas, más
un patache que se le unió a la altura del
Cabo de San Antonio enfrentó a 16 embarcaciones
holandesas al mando de Pata de Palo. El combate
duro hasta el cinco de septiembre cuando Ibarra
pudo escapar salvando el cargamento de más
de 10 millones de pesos en oro que trasladaba
hacia España.
No sólo en la toponimia como aspecto cultural
influye la piratería, sino también
en las tradiciones culturales y en toda una rica
tradición oral sobre leyendas de tesoros
y piratas, tales como las relacionadas con el
tesoro de la catedral de Mérida y los del
sanguinario pirata Bartolomé Portugués
por sólo citar dos ejemplos. (9)
Regresemos pues al interior de la Isla y específicamente
en ese período de nuestra historia que
se extiende a partir de 1537 para analizar la
evolución colonial en relación con
la tierra y las clases sociales.
Antes de referirnos al proceso de mercedación
y su relación con la oligarquía
terrateniente habanera debemos señalar
que en este territorio más occidental,
se ubica al menos una de las propiedades conocidas
por las haciendas de Velázquez a partir
de 1515 y es por ello que a la muerte de éste
en 1524 se establece un litigio encaminado a la
distribución de la herencia de la misma.
Así pues, la primera mercedación
de tierras aprobada y sancionada por el Cabildo
de La Habana que se entregará en Guanahacabibes
será el Corral de San Juan del Valle (actual
valle de San Juan) exactamente el 1 de mayo de
1587 a Alonso Bazán, hijo de Juan Bazán,
el favorecido por Guzmán ante la herencia
de Velázquez, ello comprueba no solo la
existencia de la famosa Hacienda sino su ubicación
y región central aproximada.
Otra mercedación que se otorga antes de
concluir el siglo XVI es el Corral de los Serranos,
el 16 de marzo de 1597 al Marqués de la
Real Proclamación. Y las demás serían,
en el siglo XVII, las siguientes:
El Corral del Portugués el 27 de septiembre
de 1652 concedido a Luis Antigua; El Hato de la
Jaula el 13 de agosto de 1661 a Matías
Sarmiento; El Corral de La Grifa el 2 de octubre
de 1661 a Francisco Castañeda; El Hato
de San Bolondrón el 9 de enero de 1664
a Luis Pedroso; El Corral de Sitio de Pimienta
el 5 de febrero de 1664 a Francisco Herrera Pedroso;
El Corral de San Julián el 14 de abril
de 1664 al Conde Loreto; El Hato de Santa Bárbara
el 14 de abril de 1664 a la viuda de Martín
Pedroso; El Corral de la Jarreta el 5 de agosto
de 1664 a Luis Pedroso; El Corral de San Ubaldo
el 5 de agosto de 1664 a Luis Pedroso; El Hato
de Melones el 27 de marzo de 1687 al Marqués
de la Real Proclamación, quien recibirá
además, con fecha 12 de diciembre de este
mismo año 1687 las siguientes mercedes:
Corral de la Carabela, Corral de Maspotón
y Corral de Las Martinas. El Sitio de crianza
de Pimienta se había entregado el 18 de
abril de 1687 a Don Antonio José de Antigua,
cerrando la etapa de mercedación de tierras
en el siglo XVII.
Más tarde, se entregó el Corral
de los Remates el 15 de mayo de 1729 cerrando
de este modo la entrega de tierras en la zona
y un capítulo más de la colonización
en tierra adentro. (10)
Como en el resto de la Isla, aquí, se van
mezclando los elementos autóctonos con
los españoles; en esta zona se habían
refugiado muchos aborígenes huyendo de
la conquista y ello decidió que en la península
subsistieran con más fuerza, por lo apartado
del territorio, en más de una familia de
criollos, los rasgos indígenas y éstos
a su vez fueran más propensos andando el
tiempo, a la unión con la raza negra.
Fue pues creándose el germen de la nacionalidad
cubana o más bien la base etnográfica
para esa nacionalidad, a partir de la zona del
Saetial, debido a la agrupación de aborígenes
allí encontrada, única existente
en el territorio aparte de la vecina Aldea Guaní.
De manera que al cuadro ya heterogéneo
de aborígenes que radicaban en la zona,
se sumó el colono español, el aventurero
de otras nacionalidades y el negro prófugo
de las plantaciones de azúcar y café
que dejaba de ser perseguido en lo intrincado
de la península; como nos cuenta José
Luciano Franco. (11)
Y por su parte, Fernando Portuondo nos da una
visión de la Isla, que se extrema seguramente
para dar una idea de esta zona.
"... Se vivía en un aislamiento casi
completo la escasez de los pobladores no permitía
mantener caminos abiertos entre unos y otros pueblos,
lo que hizo costumbre exigir a quienes recibían
tierras para criar, que tuvieran permanentemente
un bohío con agua y leña en el centro
de sus haciendas la "casa de pasajeros"
para alivio de los que se veían en el caso
de transitar por aquellas soledades. Por mar se
corría el peligro de caer en manos de piratas
y por tierra se podía ser víctima
de negros e indios alzados: los cimarrones "
(12).
De la mano de la ganadería primero, lo
que decidió la mercedación de tierras
a la cual nos hemos referido y del tabaco después,
se fue incrementando poco a poco la población.
La ganadería sin dudas prevaleció
durante toda la primera etapa del siglo XVI y
XVII sobre todo en función del contrabando,
bien visto por los funcionarios del Cabildo de
La Habana que se enriquecían con éste.
Como muestra del mismo, a espalda del Gobernador
General los Rojas se dedicaban a ese comercio
de rescate desde sus posiciones más occidentales
en la Isla.
Lo cierto es que el comercio de rescate no sólo
con pieles sino también con las carnes
y tasajos, mantuvo durante muchos años
cierta actividad en esta zona que no era controlada
por el Gobernador General y contaba con la anuencia
de personeros de la municipalidad; ello puede
asegurarse a pesar de la poca bibliografía
al respecto, por el conocimiento del merodeo constante
de estas costas por raqueteros, bucaneros y filibusteros
durante todo el siglo XVII, así como por
la salida al mar de varios caminos no oficiales,
además, porque precisamente este hecho
habrá de tenerse en cuenta para justificar
la dotación de 30 soldados al Teniente
Gobernador de la Filipina cuanto esta se constituya
" Para enfrentar el comercio de contrabando
". (13)
Sin embargo, la historia de este territorio durante
la llamada Primera Factoría (1511-1760)
debe mucho, al menos a partir de 1606 a la historia
del tabaco como actividad económica que
comenzó rivalizando con la ganadería
y la agricultura de subsistencia y de la cual
fue despegándose poco a poco.
La Real Cédula del 26 de agosto de 1606,
planteaba la prohibición de su siembra:
" Para que con esto los naturales traten
de labrar minas y laboren en otras granjerías
de más utilidad y beneficio para ellos
y míos, rentas y derechos reales. "
...y ello provocó que el tabaco continuara
cultivándose libremente pero fuera de la
ley y por lo tanto alejándose de las villas
principales y de la capital donde se incentivaba
en sus inmediaciones algún tiempo atrás.
De manera que el camino ya andado por el contrabando
de pieles, carnes y tasajos en la península
de Guanahacabibes, comenzará pronto a ser
utilizado por el tabaco.
Si el Estanco de 1636 habrá de ser sistemáticamente
violado, el que impone la Real Célula del
11 de abril de 1717 resulta diferente. Incluso
los hacendados y el clero se ven afectados y por
ello fomentan el descontento de los vegueros usándolos
como punta de lanza contra el Estanco, ello no
significa desde luego un cambio de la estrategia
clasista, pues tenía como objetivo final
el control de la producción y la comercialización
del tabaco por estos factores.
Por ello, se agudizan las contradicciones entre
el Cabildo y la Gobernación y como segunda
consecuencia se desarrolla e incrementa el comercio
de contrabando del tabaco en las márgenes
de los ríos más distantes de la
Capital. Ese es el momento en que comienza a incentivarse
el cultivo de esta planta a las orillas del Cuyaguateje
y en algunas zonas periféricas de la península.
(14)
El poblamiento del territorio de Guanahacabibes,
se conformaba pues, a la altura de 1700, a los
aborígenes consustanciados entre sí
por los grupos que desde la parte oriental de
la Isla han venido huyendo de la colonización,
a los primeros colonos y a otros extranjeros que
la piratería ha lanzado a sus costas y
el negro cimarrón que ha escapado de las
plantaciones de caña y de café.
A partir de este cuadro, los criadores de cerdos
con sus piaras y los vegueros (canarios en su
mayoría) procedentes de las inmediaciones
de La Habana, repujados como secuela de las sediciones
ya comentadas, y de otros factores económicos,
habitarían también este territorio.
El centro originario de ese poblamiento sería
el Cayuco donde los españoles encontraron
aborígenes suficientes para servirse de
ellos. De la llegada de los primeros colonizadores
a este lugar quedó constancia mucho después
por la relación de uno de ellos a la que
sería primera capital de la Filipina es
decir Guane; tanto en esta noticia como en posteriores
informes se leería " poblado de las
Cayucas", de ahí que el nombre de
este asentamiento no haya sido dado por sus primeros
habitantes como en el caso de Guane, aunque sí
por una palabra autóctona: Cayuca.
Seguramente llamó la atención de
los españoles el uso de las Cayucas en
un poblado indígena de esta parte de la
Isla por lo inusual, conocían ya estas
embarcaciones puesto que los aborígenes
de las zonas más orientales horadaban al
centro un grueso tronco de árbol ayudándose
del fuego y lo echaban a los ríos o lagunas
para trasladarse.
Este asentamiento, cuya derivación topónima
se explica por sí sola, ubicado más
al suroeste de lo que ahora se encuentra, en realidad
eran dos pequeños grupos de bajareques
indígenas en las orillas opuestas de una
extensa laguna. La parte de la aldea que se encontraba
del lado sur era la más populosa, todo
ello según la tradición oral.
Las primeras construcciones españolas,
lógicamente utilizando la fuerza de trabajo
indígena y la de algún esclavo africano,
se ubicaron en la zona próxima a ese lugar,
y que hoy se conoce como El Saetial y donde, andando
el tiempo, el 15 de mayo de 1729, como ya se ha
informado se merceda con el nombre de Corral de
Remates.
Fue pues, en el territorio que nos ocupa creándose
el germen de la nacionalidad cubana, como en el
resto de la Isla, a partir de ese mismo criollo
que ya desde 1600 ha tomado presencia sobre el
papel en la carta que envía el Capitán
General y Gobernador de la Isla, Pedro Valdés
a su Ilustrísima, el Rey de España
Felipe III y donde menciona la existencia de incomprensiones
entre " la gente de la tierra " y los
españoles residentes en la Isla (15).
Abundando sobre el poblado de Cayuco, como primer
asentamiento del territorio, el mismo debe haber
tenido cierta configuración hacia finales
del siglo XVII y resulta significativo que en
este poblado siempre y hasta nuestros días
ha sido abundante la raza negra, su relación
con los ya mestizos aborígenes ha quedado
expuesta también. Como se sabe la raza
negra fue introducida en la Isla no sólo
para el trabajo en los ingenios y las plantaciones
de azúcar, sino para todo trabajo fuerte
de la agricultura y las construcciones, incluso
el servicio doméstico, lo que lleva a la
presencia temprana en el territorio.
Además, la no-existencia de la persecución
intensiva a los esclavos en fuga hacia estos lugares
más apartados, apenas sin camino visible,
por los riesgos que suponía para el rancheador
y por lo poco que podía influir esta rebeldía
esclava para las dotaciones tan distantes, hacía
que los prófugos fueran abandonando poco
a poco la vida selvática de la península
de Guanahacabibes donde se habían ocultado
y fueran sumándose a la periferia de la
" civilización ", laborando con
los más pobres habitantes de la zona del
Cayuco y consustanciándose lenta y progresivamente
con ellos.
Es pues, la migración, la huida, más
que el traslado por los amos y señores
lo que decidió en un primer momento la
presencia de la raza negra en el territorio de
la península. Ello había ocurrido
antes con los aborígenes de la zona oriental
de la Isla primero y después con los vegueros
en sedición a partir de 1724.
Aparte de este poblado del Cayuco (andando el
tiempo recibiría el nombre de uno de sus
preclaros hijos, Oficial del Ejército Libertador
Coronel Manuel Lazo) no se tienen noticias sobre
otros asentamientos de importancia en el umbral
del siglo XVIII.
Fuera de La Habana, o Santiago de Cuba, Bayamo,
Puerto Príncipe y otras ciudades cuyo desarrollo
protagonizaban la historia de la Isla durante
el siglo XVIII, se vivía en un aislamiento
atroz, y la escasez de pobladores no permitía
mantener caminos abiertos entre uno y otro poblado.
(16)
La historia no tiene muchas páginas para
Guanahacabibes hasta más avanzado el siglo
XVIII cuando, con mayor frecuencia se conocían
testimonios sobre aquellos vegueros o tabaqueros
que huyendo del estanco del tabaco en 1717 habían
comenzado su migración en busca de tierras
feraces y huyendo de la presión de la metrópoli
y de los turbulentos sucesos de Jesús del
Monte y de San Miguel del Padrón (17).
Estos iban ocupando cada vez más al poniente
cuanta tierra le sirviera para la siembra de la
hoja aromática y algunos mencionaban feraces
tierras, riquezas naturales y ya la zona que pertenecería
a la nueva Filipina gozaba de amplia reputación
entre los tabaqueros de la Isla antes de 1774.
Poco antes, en 1743, autorizado por Bartolomé
Lorenzo de Flores se realizó el plano del
realengo que se le puso por nombre La Asunción,
alias Malpotón, ubicado en Remates, sito
entre el corral de Maspotón y el de San
Juan del Valle. El hecho económico que
justifica este realengo es la producción
de tabaco. En 1745, también autorizado
por Bartolomé Lorenzo de Flores se realizó
el plano o los planos de Sitio de Pimienta, Asiento
Viejo (San Juan del Valle), Asiento Nuevo (Vallecito),
La Jarreta y Remates, correspondientes a las fincas
o vegas autorizadas entre los hatos y corrales
según se había dispuesto en las
ordenanzas primero y en la redistribución
de tierras de 1729 después. (18)
En 1762, desde agosto hasta julio de 1763, se
produce la toma de La Habana por los ingleses;
ello contribuye al incremento del contrabando
en este territorio más occidental, el cual
queda a la deriva administrativamente, pues el
Cabildo de La Habana cesa lógicamente sus
funciones y si bien la Corona Española
se representa por la Capitanía de Cuba
(Santiago de Cuba). Al este del territorio ocupado
por los ingleses, en el oeste de la zona ocupada,
no tiene representación alguna.
Al concluir la ocupación inglesa, Ambrosio
Funes de Villalpando, Capitán General de
la Isla firma un decreto por el cual autoriza
el mejoramiento de los caminos en occidente, por
esta medida, llegó la Vereda del Rey (camino
real) a las márgenes del Cuyaguateje, luego
a Guaní o Guane en 1772 y se internó
después por un ramal estrecho desde Paso
Real de Guane hasta el Embarcadero de Guadiana
ya en la periferia de la península, durante
el Gobierno del Marqués de la Torre. (19)
Entre los documentos que indican la actividad
económica y social del territorio las cuales
no eran muy diferentes de las del resto de toda
la Isla, quizás la nota más interesante,
relacionada con Guanahacabibes es la que encontramos
en l771. Entre los oficios del Intendente del
Ejército Miguel Altarriba enviados al Gobernador
General Marqués de la Torre a partir de
este año hasta 1774 se encuentra uno enumerado
entre 877 y 1300 que comunica al Capitán
General la necesidad de herramientas para abrir
un camino a Cabo Corrientes con el objetivo de
construir allí posteriormente un puesto
de vigía, pues lo entendía sumamente
necesario para enfrentar a los filibusteros y
detener de alguna manera el comercio de contrabando
que era significativo.
A pesar de las medidas adoptadas el contrabando
no se podía eliminar y ello influyó
para que se tomara como determinación la
creación de la Jurisdicción de la
Nueva Filipina, esto resultó un tanto a
favor del Gobernador General frente al Cabildo
el cual pierde la potestad de administración
y toda decisión sobre el territorio.
El 22 de enero de 1775 Felipe de Fondesviela,
Marqués de la Torre escribe al Rey Carlos
III declarándole su decisión al
respecto de la creación de la Nueva Filipina
y pidiéndole su real concurso para las
innovaciones realizadas y el nombramiento de Antonio
Fernández, Capitán de Dragones Del
Regimiento América como Primer Teniente
Gobernador de Filipinas, el cual toma posesión
de su cargo el 2 de noviembre de ese año
en Guane, a 60 leguas de La Habana, con 30 hombres
a su mando y teniendo como primer objetivo controlar
y eliminar el comercio de rescate y hacer cumplir
la Ley, en el territorio bajo su mando.
En 1776 se envían oficios por parte de
Antonio Fernández al Capitán General
Marqués de la Torre con los siguientes
asuntos: Proposición de mudar " el
puesto de vigía de Cabo Corriente para
el Cabo de San Antonio”; naufragios cercanos,
medidas para "la recaudación de mostrencos
y a la prevención de forzados y negros
fugitivos", relación de la cera recogida
en cada partida, aprehensión y embarque
de desertores, herramientas para abrir caminos,
informe sobre flotilla inglesa avistada sobre
el cabo de San Antonio, se hace un reconocimiento
de la ensenada de Cortés, "relaciones
que entregan los diputados de los vegueros (expresando)
el número de vegas, los operarios que las
cultivan y matas de tabaco que pueden sembrarse”.
(20)
Poco después Filipinas ya se dirige desde
el poblado capital de Pinar del Río, localidad
que fue seleccionada por su posición central
de la jurisdicción que queda conformada
por 6 partidos (antecedentes de los municipios)
y al frente de uno de ellos, estará, en
Guane del Sur, Manuel del Castillo, a quien se
subordinará la península.
La correspondencia enviada por parte de este Capitán
del Partido refería: el ganado de cerdos
existentes en cada hacienda, la orden para que
el tabaco se remitiera directamente a la Real
Factoría "sin otra desviación
" y autos sumarios civiles y militares e
informes sobre buques avistados desde el puesto
de vigía del Cabo de San Antonio. Remisión
de desertores. Bando de buen gobierno. Necesidad
de construir puentes por cuenta de vecinos y haciendas.
Tazmia de tabaco. Establecimiento de vigías
en Punta Colorada, Cabo Corrientes y otros lugares
etc.
En el año de 1780 desde Guane del Sur informa
el Capitán del partido acerca de diversas
denuncias de reses contramarcadas y el uso de
monedas falsas en su territorio, así como
la publicación de un bando notificando
la expulsión de ingleses del Cabo de San
Antonio.
Ya en 1783, el nuevo Teniente Gobernador Gabriel
Mier ordena al Capitán del Partido de Guane
del Sur que rastree y capture esclavos apalencados
en la zona del Cabo los cuales escaparon del Partido
de Consolación del Norte. Y encontramos
recogidos los siguientes asuntos: Informe del
Vigía de La Peña (Península
de Guanahacabibes), rescate de náufragos
en la zona. Tazmia de tabaco con expresión
de vegas, dueños y operarios y otras cuestiones
referentes a este ramo. Testamentarias. Diferencias
entre los vegueros y los hacendados. Naufragios
en Cabo Francés etc.
El 10 de junio de 1785 por Real Cédula
es nombrado como Capitán General de la
Isla de Cuba el Conde Gálvez y ello es
comunicado al ya Teniente Gobernador de la Jurisdicción
de Filipinas Don Joseph María de la Torre
según consta en los documentos de su tenencia
de Gobierno que se mantienen archivados en Sevilla.
En este año se prohibe por el Ministerio
Oficial a cargo de Troncoso y por mediación
del Intendente del Ejército Colonial que
"no permita extraer tabaco del Partido de
Guane del Sur y sus anexos, por ser el más
apreciado de toda la Isla" (21)
Otra noticia de interés relacionada con
la península ocurre en 1790 cuando el Gobierno
de Don Luis de las Casas influye en esta Jurisdicción
no sólo en el mejoramiento de los caminos
sino también en las comunicaciones marítimas,
autorizando una línea de vapores que incluirá
los embarcaderos de Cortés y Guadiana rodeando
la península.
En 1793 se confecciona un mapa de la Isla de Cuba
clasificado por Santo Domingo según pudo
comprobar César García del Pino
en el archivo de Indias en Sevilla, con el número
574 y en el cual se encuentran señalados
Cortés, Cabo Francés, Cabo Corrientes,
La Peña y el Cabo de San Antonio, puntos
importantes de nuestra costa Sur, sólo
resulta significativa la ensenada de Guadiana
al Norte.
Cayuco, como se había informado era pues
hasta esta época el único poblado
de todo este extenso territorio que conformaba
los Remates de Guane y solo a partir del siglo
XIX podemos hablar de nuevos poblados.
Uno de los tres caminos existente desde principios
del siglo en esta zona partía desde Cayuco,
atravesaba Malpotón e iba por las haciendas
de Asiento Nuevo (Vallecito), Asiento Viejo (El
Valle) y llegaba a la Ensenada de Corrientes;
otro atravesaba el poblado y unía la Ensenada
de Guadiana y el Puerto de Cortés y el
tercer camino nacía desde este último,
a unos cuatro kms de Cayuco en el lugar conocido
por La Güira y pasaba por Marrero hasta salir
al mar por La Cruz. (22)
Esta disposición de los caminos se debe
entre otras cosas a que mediante ellos se completaba,
además de las relaciones de este fértil
emporio escondido de los vegueros y tabaqueros
con el resto de la Isla, el comercio de contrabando
con bucaneros y filibusteros que merodeaban las
costas. Es decir por la Ensenada de Guadiana y
por Cortés se establecía el comercio
oficial con la tenencia de Gobierno y por La Cruz
y Corrientes con los contrabandistas. Otros caminos
se abrían hacia La Llana, el de Marín,
carretero contrabandista que más tarde
nombraría el lugar conocido como Pasada
de Marín y varias ramificaciones de aquel
que se internaban en la península.
Si los poblados de tierra adentro tienen características
similares, los costeros tienen a su vez rasgos
comunes entre sí, dependientes del modo
de subsistir en las tierras altas por la pobre
agricultura y en el mar mediante peces, tortugas,
crustáceos, etc.
No obstante, presenta además características
propias el poblado de la Fe llamado primeramente
Juan López. Recibía este nombre
porque alrededor de 1828 un exlatifundista arruinado
en Vuelta Arriba llegó a este lugar y sentó
plaza abriendo un almacén y una tienda
y entrando de lleno como intermediario de la venta
de tabaco en la zona. Más tarde, comenzó
a hacerse de tierras cultivables convirtiéndose
de nuevo en latifundista y prácticamente
dueño del caserío que bajo su tutela
y beneficiado por el cierre del embarcadero del
Guadiana fue adquiriendo características
de poblado a mediados del siglo.
Sin embargo, el pueblo, andando el tiempo no se
llamó Juan López, sino La Fe, debido
al vapor de ese nombre que luego de varias visitas
al lugar quedó encallado allí. Su
importancia además estaría dada
por ser ruta comercial y pasaje obligatorio del
camino real entre Paso Real de Guane y el Cayuco
y toda la zona de la península.
Creemos que luego de haber expuesto en cuadro
sucinto la existencia, surgimiento y desarrollo
de los núcleos poblacionales más
antiguos del territorio que nos interesa señalar
que existían además de estos poblados,
decenas de familias dispersas en toda la zona,
quienes cultivaban además del tabaco pequeñas
parcelas con viandas, frutos menores, hortalizas,
especias, etc., las cuales matizaban las plantaciones
de tabaco.
Por lo que queda dicho se comprende que la disposición
de los poblados esté regida en primer término
por este renglón económico es decir,
los poblados de tierra adentro, rodeado de los
campos de cultivos (Cayuco), y los poblados costeros
convertidos en puertos para la pesca y embarque
del tabaco (Cortés, La Fe).
El problema de la propiedad de la tierra en esta
zona como en el resto de la isla, cambia radicalmente
a partir de 1829 cuando se hace la redistribución
de todas las tierras. En esa redistribución
se respetan las Mercedes que en 1729, es decir
cien años antes, se habían otorgado
y en otros casos se respetaba la permanencia en
el lugar del demandante por lo menos por 40 años,
siempre que se tratara de un sitio no ratificado;
todo ello, a falta de títulos que se hallaren
en el Cabildo de La Habana y fueran otorgados
entre 1729 y 1774. El Taxador de tierras (Tasador)
Augusto Valdés había además
actualizado en el período de 1776 a 1829
algunas tierras a favor del Capitán Pedáneo
de Guane del Sur.
Este Capitán Pedáneo o Capitán
del partido desde 1815 era Luis Pimienta y para
el Gobierno de toda la zona conocida por Remates
de Guane, es decir a partir de La Fe contaba con
su subordinado el Teniente a Guerra Francisco
Morales. Hijo de Francisco Morales quien había
sido Capitán Pedáneo antes de Luis
Pimienta.
Morales, representante de la corona en el territorio
y con las manos bastante sueltas para hacer lo
que quisiera, no tuvo dificultades para adueñarse
de todas aquellas tierras que no fueran claramente
defendidas por herederos o poseedores actuales
cuando llegó el taxador de tierras. Así
vendió o distribuyó las tierras
que adquirió de este modo a otros tres
Morales entre los cuales se destacó Roberto
Morales. Ya en 1850 comienza a destacarse como
terrateniente Contreras en la zona de Las Martinas
y cerca de Cayuco era conocido un terrateniente
de apellido Finlay, pariente del famoso Carlos
J. Finlay descubridor del agente transmisor de
Fiebre Amarilla. Esta gloria de la ciencia cubana
pudo haber visitado la hacienda de su tío
cercana al poblado de Cayuco, hacienda tabacalera
que era arrendada a algunos de los vecinos alrededor
de 1870, como se nos sugiere por una fuente viva,
hijo de uno de esos arrendatarios, el cual nos
informa acerca de lo común que resultaba
la fiebre amarilla por la infección de
las plagas en torno a la laguna de ese poblado,
la cual todavía en esa fecha tenía
una extensión considerable aunque ya era
baja y pantanosa. (23)
Posteriormente estas tierras pasarían a
Don Gregorio Palacios en su gran mayoría
y a los Lazo y a los Contreras, en menor cuantía,
ya que estos últimos controlaban la manufactura
del tabaco extraído de esas tierras y Don
Gregorio que era el magnate mayor manejaba la
comercialización. En manos de estos se
encontraban las mayores extensiones de tierras
tabacaleras cuando arribamos a la guerra de 1895.
En los años 1819-1823 existen algunos litigios
sobre tierras en la Filipina (Guane), en los cuales
se denuncian a ciertos leñadores que en
busca de madera para algunas construcciones dañan
las propiedades de dueños de Haciendas,
entre ellos Luis Antigua, descendiente de aquel
antiguo hatero que había recibido algunas
Mercedes en el territorio de la península
desde el siglo XVII. (24)
Y tenemos el caso de Pablo Valdés quien
en 1829 se adjudica por compras irrisorias, por
"herencias fabricadas", por intimidaciones
y otros medios, las tierras de La Jarreta y Los
Sitios de Pimienta, entre otras. Dos años
después, a su muerte, en 1831, su viuda
María del Rosario Camejo arrienda a algunos
familiares esas tierras. Entre ellos Pedro Valdés
Rodríguez, José Valdés, Agustín
Valdés y otros, los cuales a su vez continúan
la política de su padre, pues José
Valdés por ejemplo, aparece como dueño
de la Hacienda de Remates la que comparte con
su hermana Rosario Valdés Camejo, esposa
de Luis Lazo Pérez de Oro, éstos,
como se conoce, son los padres de los hermanos
Lazo de los cuales se destacarán cinco
oficiales mambises, los que protagonizarán
el levantamiento en armas de enero de 1896 en
esta zona.
De la otra rama familiar, es decir, de los hermanos
de María del Rosario Camejo, también
surgirán los Camejos que participarán
en la guerra del 95, entre los cuales sería
el más destacado Narciso Camejo. (25)
Poco después Isabel Pedroso de Herrera
era dueña en 1844 de la Hacienda Los Melones,
La Carabela, El Portugués y Bolondrón,
este último era el único que pertenecía
a su familia desde 1664. También el Sitio
de Pimienta les pertenecía y entre las
haciendas, hatos y corrales que aún se
respetaban desde la redistribución de 1829,
estaban las tierras de los Serranos, Malpotón,
Cayuco, Julián y Melones, representadas
por el Marqués de la Real Proclamación.
(26)
Con respecto al resto de la península las
tierras realengas y aquellas que no fueron esclarecidas
en 1829 pasaron a la iglesia, pues según
consta en los asientos de 1831 que se conservan
en la Iglesia de Guane eran propiedades Jesuitas
varios terrenos de la península antes que
pasaran a ser regenteadas por Gregorio Palacios.
En las transacciones oficiales con vistas a la
construcción del faro del Cabo de San Antonio,
no se hace constar la pertenencia de la tierra
a nadie en particular como se acostumbraba hacer
en casos similares. (27)
De todos modos, toda la extensa franja de tierra
existente entre tremedales y diente de perro de
tupida vegetación que se extiende desde
La Bajada hasta el Cabo quedó para posibles
asentamientos de cimarrones, cazadores furtivos,
agricultores de autoconsumo y en pequeños
conucos, proscritos y leñadores, sin olvidar
las visitas periódicas que todavía
hasta mediados del siglo XIX e incluso después
harían piratas, filibusteros y raqueteros
a la zona.
El Faro de San Antonio. Construido entre 1846
y 1849, es decir, autorizado por el Gobernador
General O' Donnell y dirigidas las primeras gestiones
por Martínez de la Rosa como Gobernador
General Interino, se terminó de construir
bajo Gobierno de Federico de Roncali, quien sólo
prestó su apellido para nombrar esta obra
que resulta el más antiguo monumento arquitectónico
de toda la zona occidental de la Isla.
En sus primeros tiempos el rayo lumínico
se originaba debido a la combustión de
aceite de oliva. Mención aparte merece
el hecho de que esta obra de singular importancia
fue construida con el concurso de la mano de obra
esclava, decenas de negros utilizados para cumplir
este objetivo bajo la dirección de un grupo
de ingenieros del Cuerpo de Bomberos Españoles
encabezados por Don José Pérez Malo.
Administrativamente la península, en 1847
se encontraba regida por el Partido de Guane al
cual se le reconocían entonces 4 poblados.
Baylén o Garay, Guane o Filipinas, Paso
Real y El Sábalo. Es decir que según
el censo de este año no podían catalogarse
aún como poblados Las Martinas, Cayuco,
Cortés La Grifa, La Fe. (28)
Independientemente que todavía en 1847
no eran considerados como poblados los correspondientes
a Guanahacabibes, conocemos de la existencia de
planos y mapas que muestran la importancia de
ciertos lugares del territorio, como por ejemplo
el titulado Cabo Corrientes 1786, de Realengo
denunciado en este año por el Doctor Martín
de Zayas y su hijo José Joaquín
en La Peña y el Cabo de San Antonio, colindantes
con las haciendas La Jarreta, Remates, Pimienta,
La Jaula y Cabo Corrientes. (29).
También en 1799, elaborado por el agrimensor
Antonio Hermoso y autorizado por José Entralgo
y Mendoza, abogado de la Escribanía de
Marina aparece el plano general de dos Cabos:
Corrientes y San Antonio. Según la denuncia
hecha por Martín de Zayas y cedida por
Mariano Carbó, que para mayor explicación
de toda la dicha y para demostrar lo que corresponde
a cada una, muestra las diferentes zonas del Cabo.
(30).
De
manera que la península de Guanahacabibes,
se encuentra a mediados del siglo XIX relativamente
habitada y presenta cierto desarrollo económico
aunque todo él basado en una economía
rural, agrícola y específicamente
en el ramo del tabaco y alguna explotación
de los bosques maderables, sin olvidar la agricultura
de subsistencia y en menor medida la producción
de miel y cera y la pesca; y debemos anotar que
el comercio de contrabando no había concluido
del todo
Pero, para que pueda valorarse el desarrollo económico
social y cómo sería el poblado del
Cayuco en estos años, traslado aquí
cómo era el de Guane, cabeza de todo el
gran territorio que abarcaba los Remates y el
propio Cayuco:
"Se compone el pueblo de una sola calle,
con siete casas de embarrado y teja, 12 de embarrado
y guano y una de madera: una escuela de primeras
letras, una botica, seis tiendas mixtas, una fonda,
una posada, cuatro panaderías, dos cafés
y billares, una zapatería, una carpintería
y una talabartería, tiene una población
de 157 blancos, 21 de color libres 27 esclavos,
total 205 habitantes". (31)
Y así finalizamos la historia de Guanahacabibes
hasta mediados del siglo XIX; escenario que en
lo adelante, habrá de entrar de lleno en
la historia mayor por sus aportes a la lucha independentista,
los alzamientos mambises efectuados, el alijo
de expediciones revolucionarias, la presencia
de Antonio Maceo en el territorio, los combates
contra las fuerzas españolas y otros aspectos
factográficos de importancia durante el
resto de la Colonia y el período republicano
posterior. (32).
|