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JOSÉ VALCARCE GUTIÉRREZ
Entre los inmuebles que prestigian La Habana Moderna se encuentra el conocido edificio “Rodríguez Vázquez”; sito en La Calzada de Galiano, entre Neptuno y Concordia, del cual forma parte el magnífico y suntuoso Teatro “América”; el que fuera calificado por la opinión pública y por los técnicos y especialistas en la materia, como el mejor Coliseo de la Isla de Cuba, en una seria publicación de 1945. Considerado como el más notable y de mayor alcurnia debido a las mejores atracciones artísticas y valiosos espectáculos de la más alta cotización en el mundo, que desfilaron por él desde antes y durante la década del cincuenta. Y si la existencia de esa obra arquitectónica, el inmueble todo, se debe a la impronta del comerciante y empresario gallego, nacionalizado como cubano en 1916, Don Antonio Rodríguez Vázquez; le corresponde al leonés, también nacionalizado cubano, pero en 1941, Don José Valcarce Gutiérrez; el mérito de inaugurar el Teatro América en 1940 y de ser el artífice de todo el esplendor que alcanzará este y que hoy se reconoce 65 años después.
Durante once años dirigió este Teatro desde su inauguración, al mismo tiempo que administraba también el Teatro Radio Cine, el cual edificó en 1936 donde estuvo el antiguo Teatro Regina, el cual había comprado en 1931. Y desde el 31 de diciembre de 1931 se dedicó por entero a llevar adelante su más grande obra, la que realizaría ya apoyado por su hijo desde la vicepresidencia de la Sociedad que dirigiera al frente del Teatro Payret. Otras tres Sociedades Empresariales dirigiría Valcarce y fue considerado internacionalmente como un verdadero experto en materia de espectáculos y asuntos cinematográficos; y por su técnica, experiencia, buen gusto y certera visión para tales negocios fue conocido como el más prestigioso empresario teatral de La Habana.
Esta estampa o viñeta, relacionada con el 65 aniversario del Teatro América, el cual cumplimos ahora, pudiera concluir aquí si no nos interesara destacar que todos esos conocimientos de Valcarce llevan la impronta pinareña, que toda esa sabiduría y habilidad la ganó durante los más de veinte años que José Valcarce Gutiérrez fue perfilando su pericia e inteligencia a la sombra de los Del Pino entre 1910 y 1931 como empresario del teatro Milanés; época durante la cual administró otras salas pinareñas como la del Teatro Dolz.
Seis años llevaba en Cuba este hijo de León, Castilla, cuando vino a vivir a Pinar del Río. Y en esos seis años, este castellano que sólo vino con los deseos de abrirse paso en la vida y contando nada más que con su esfuerzo y talento natural, fue todo lo que pudo para no morir de hambre, desde simple peón de ferrocarriles limpiando de malezas las vías con el machete en la mano, luego reparando las traviesas en dirección a Matanzas, más tarde como mozo de limpieza en la Estación Ferrocarrilera de la Bahía y después conductor de una de las máquinas, tarea esta última que deja por la de encargado del comedor particular del Presidente ferrocarrilero de esa provincia. Todo eso en seis meses.
Regresa a La Habana y siguiendo la tónica de su último empleo se contrata como mozo durante algunos meses en el Restaurante “Dos Hermanos” de la Manzana de Gómez y de allí pasa a trabajar en Guanabacoa a otro restaurante y al fin reúne los trescientos pesos con los que decide independizarse y tener su primer negoio. Compra un carrito de helados y se estaciona a venderlos en el parque de diversiones que existía por entonces en la populosa esquina de Belascoaín y Cuatro Caminos. Con esa instalación ambulante se arriesgaría, ferrocarril de por medio, a recorrer toda la Isla y así reúne la cifra de 6000 pesos, por lo que al llegar a Camagüey y al cabo de un año, decide vender su negocio y trasladarse de lugar; por lo que se decide por Pinar del Río donde comienza vendiendo helados en las esquinas hasta que selecciona el portal del Milanés como su base de operaciones.
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