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UNA SANJUANERA DE LEY Y SU APORTE A LA HISTORIA LOCAL

Una sanjuanera de ley es Irene Collazo Ortiz, la conocí a tenor de la pesquisa histórica realizada sobre Martín Herrera y sus descendientes. Ella había dado el primer paso en este acercamiento cuando me confesó que se había emocionado al conocer de mis esfuerzos por salvar del olvido tanta gloria pinareña, ha leído algunos de mis artículos y a su vez me ha emocionado al contarme cómo al enterarse del fallecimiento de uno de los descendientes de Martín, allá en San Juan, echó manos a mi último trabajo publicado en la prensa y fue al velorio para convencer a esa familia, con la cual tiene lazos indisolubles, para que me brindaran mayor información sobre ellos, para que mi artículo tuviera continuidad.

Así fue cómo conocí todavía más sobre América León, la sin igual mujer que acompañó a Martín Herrera durante sus últimos años y crió como suyas a sus hijas Pensilvania y Pocahontas; así obtuve mayor información sobre esta última y escuché de nuevo lo que ya me había contado Celima Bernal acerca de su matrimonio con Quino Trinchería y sobre su hija América Libertad, Ameriquita, de quien obtuve numerosas fotos y testimonios allí, en la finca que recuerda a su abuela con el nombre de América.

Estuve en esa casa que fue sitio martiano, donde cada fecha patriótica era celebrada por todos cuando se adornaba la comadrita donde se sentara el apóstol y después, con orgullo se sentaban los alumnos de la sin par maestra Emilia Delgado que excursionaban con ella desde la villa hasta la finca, para la inolvidable ocasión patriótica, cada 28 de enero.

A Irene le debo tanta satisfacción espiritual por haberme vinculado de este modo con la familia Guevara Trinchería y sus continuadores Guevara Febles; y le debo la oportunidad de rescatar de la memoria, esa casi mítica excursión, que la doctora Emilia me había narrado más de una vez a finales de la década del sesenta, cuando trabajamos juntos, impartiendo clases de Literatura en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río.

Irene Collazo es una sanjuanera de ley, no hay dudas, eclipsó su vida misma, cargada de Historia, para hablarme de esta otra Historia. Pero, a pesar de su modestia, he decidido cruzar la barrera y descubrirla para ustedes, como la mujer revolucionaria y combatiente clandestina que desde su adolescencia casi, tomó la vía más honorable y se unió a otros jóvenes de entonces, para enfrentar la situación denigrante que la dictadura de Batista había traído a la Patria. Sus primeros pasos la cruzan con lo más noble y puro de la juventud sanjuanera; por ello junto a Luis Saíz escenifica en la Logia Fiat Lux, en franca rebeldía, la obra Abdala y guarda como tesoro en la memoria (y me brinda el texto, para que lo compruebe) cuando Luisito exclama que muere feliz porque Cuba y no Nubia, es libre. Ella era su hermana en la obra y en sus sentimientos revolucionarios.

Por todo ello su padre se asusta de lo que pueda ocurrirle y la envía a Nueva York, con la esperanza de apartarla del peligro, sin embargo Irene se incorpora allá a numerosas actividades en favor de la lucha que se desarrolla en Cuba contra la tiranía, forma parte de los emigrados del Ramal 40 en el Bronx de Nueva York y allí participa en veladas artísticas que como aquellas que nos recuerda Martí, desarrollaban los emigrados de entonces para recaudar fondos a favor de la revolución. Así se destaca Irene como declamadora y vende vinos y golosinas y bonos, cuyos ingresos se suman a los esfuerzos para la compra de armas y municiones. Allí conoce a Celso Maragoto y de él nos brinda un testimonio valioso que deberemos exponer en espacio aparte; allí se entera del asesinato de Luis y su hermano Sergio, por la prensa local neuyorkina y nos muestra el recorte. Por eso regresa y se incorpora a la clandestinidad hasta que su padre la obliga a salir de nuevo, aunque regresará poco antes de la victoria nuevamente, como lo muestra su pasaporte.

Irene es una mujer de armas tomar, la placa, el disco, el cual se escuchaba en las veladas artísticas de la emigración con la versión que ofrece del himno del 26 de julio, la trajo consigo y en tono bajo lo escuchaba en su casa, antes que cayera la tiranía y en momentos en los cuales le hubiera costado la vida de haber sido descubierta. Esa pieza histórica, la he convencido de ello, la hemos llevado a l centro de la música Argeliers León de nuestra ciudad y se ha convertido en parte de nuestro patrimonio más querido junto a valiosas piezas que allí se conservan.

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