¿QUIÉNES
HAN ESCRITO LA HISTORIA DE PINAR DEL RÍO?
Mucho
tenemos que agradecer a un grupo de historiadores
y publicistas que a lo largo del tiempo han dedicado
esfuerzos, para desentrañar el pasado y
enjuiciar el presente de cada uno, en relación
con el devenir histórico de nuestra provincia.
Si nos atenemos sólo a los pinareños,
Cirilo Villaverde, nuestro más grande novelista,
resulta iniciador con su Excursión
a Vuelta Abajo al llevar a la memoria
colectiva, no sólo el paisaje y las gentes
de Pinar del Río, si no su Historia. Pero,
si bien es cierto que esta obra, así como
algunos pasajes de sus novelas y sus artículos
de costumbres, lo hacen pionero de nuestra historiografía,
el hecho de haber tenido como principal interés
el artístico, hace que no se le califique
como historiador.
En su lugar, Tranquilino Sandalio de Noda resulta
conocido como el primero, desde el punto de vista
de sus intereses científicos, sus precisiones
naturalistas y paisajísticas, etnográficas,
demográficas; y porque recoge leyendas,
tradiciones y relatos tomados de la narrativa
oral de los vueltabajeros. Sus publicaciones en
la Revista Bimestre Cubano acerca
de la primera etapa de la Colonización
Española en la provincia, su libro Cartas
a Silvia y otros documentos que se conservan
aún en la Biblioteca de la Sociedad Económica
de Amigos del País, así lo demuestran.
Realmente, ambos inauguran la Historiografía
Pinareña desde la tercera década
del siglo XIX, y no sólo como cronistas,
pues arrojan luz sobre el siglo XVIII y Tranquilino
incluso escruta el período precolombino
en nuestra zona.
José Victoriano Betancourt, a partir de
la misma década redacta ya artículos,
que irán conformando un verdadero cuadro
costumbrista de nuestros campos; y junto con Noda
y Villaverde nos presenta al guajiro como héroe
en muchos de sus textos, aunque imprime un mayor
desenfado en relación con el tratamiento
de los temas, y encuentra la comicidad y la ironía
en cada trance que refiere.
Por su parte Manuel de Ortega nos lega en 1860
el primer impreso pinareño que se conserva
y trata específicamente sobre Pinar del
Río, todavía Villa en ese año;
nos habla allí de sus edificaciones, sus
calles –no pavimentadas aún y recientemente
rotuladas entonces -y plantea las mejoras necesarias,
brindando un cuadro interesante de nuestro pasado
histórico, donde añade un tono de
defensa de la localidad, que luego será
divisa de nuestros historiadores hasta hoy.
Ello se corrobora en la obra de Nicolás
Martínez y Suárez quien habría
de publicar numerosos artículos dedicados
a rescatar del olvido cada fragmento de nuestra
historia local; y en varias de las actas del Ayuntamiento
Pinareño deja su impronta, pues era Secretario
del Consejo de la Administración y pueden
leerse varias notas relativas a hechos significativos
acontecidos en la Ciudad. Es él quien da
a conocer por primera vez nuestros orígenes
más remotos al divulgar que “Melchor
de Rojas fundó a Pinar del Río en
1571”.
Estas cinco figuras anteceden a nuestro más
grande historiador de entonces, el leonés
naturalizado pinareño que cierra el siglo
XIX y trasciende al XX reconociendo la obra de
los iniciadores y recopilando, en libro fundacional, “Datos para la Historia de Vuelta
Abajo”, la mayor riqueza histórica
de nuestro terruño hasta su aparición
en 1902. Me refiero a Leandro González
Alcorta, autor además de “Vuelta
Abajo Intelectual y Mambí” y de numerosos folletos, artículos, discursos,
etc.; y además promotor de la primera Biblioteca
Pública entre otras muchas instituciones
culturales y empeños que llevó adelante
como educador de magisterio ejemplar.
Luego de esta primera promoción, fue Emeterio
Sandalio de Santovenia y Echaide nuestro historiador
más destacado. Trascendió los límites
de la provincia y al frente de la Academia de
la Historia y del Archivo Nacional, emuló
con nuestros más grandes historiadores.
Santovenia escribió más de un centenar
de obras, entre las cuales “La Historia
de Mantua”, su pueblo natal, y “La Historia de Pinar del Río”,
son las más significativas, publicó
además una decena de biografías
de notables pinareños y un voluminoso fechario,
junto a numerosos artículos y discursos,
sumamente valiosos para nuestra Historia Local.
Cuando en 1946, el Gobernador Provincial le entrega
el pergamino como “Hijo Eminente
de la Provincia” y lo nombra su Historiador, con modestia declara
ser simplemente un continuador de la labor emprendida
por su antiguo maestro del Instituto, el Doctor
Leandro González Alcorta.
Ya por esa fecha se habían destacado también
José M Collantes, Guillermo de Montagú,
Fernando G. Campoamor y otros, pero la palma en
este sentido correspondería a Pedro García
Valdés, destacado educador, superintendente
de escuelas y exdirector –el primero- de
la Escuela Normal para Maestros en Pinar del Río.
Este investigador representó a la provincia
ante los primeros Congresos Nacionales de Historia,
llegó a ser Vicepresidente de la Academia
y tuvo como raro homenaje el haber sido recibido
por el entonces Director de la misma, Don Fernando
Ortíz, quien lo sorprendió refutando
su discurso de acreditación; ante lo cual,
García Valdés haciendo uso de su
derecho a réplica, expuso su tesis de manera
más fundamentada de tal modo, que se le
consideró miembro efectivo (y admirado
por su victoria). También fue homenajeado
como Hijo Eminente de la Provincia por haber divulgado, en opúsculo magistral
y poético, las bellezas del Valle de Viñales,
y fue llamado por ello “El Cantor
del Valle” y se le otorgó
el diploma como “Historiador de
la Ciudad”, comparándolo
con Emilio Roig de Leushenring, entonces Historiador
de la Ciudad de La Habana.
Una nueva promoción de historiadores y
publicistas se destacará en la década
del 40: Manuel Herrera Fernández, Abel
Prieto Morales, Edmundo Alemany Poch, Efraín
Martínez Andreu, Bernabé Martínez
Pacheco y Antonio R. Delgado Villa, nucleados
en torno del Comité Todo por Pinar
del Río y de su revista
homónima.
De todos ellos, vive aún Efraím
Martínez Andreu, quien además de
una hermosa trayectoria como martiano, luchador
antifacista, miembro del primer partido comunista
cubano, expresidente del Comité Todo Por
Pinar del Río y director de su revista
Pinar del Río, al triunfo de la Revolución
fue uno de los tres comisionados locales que gobernaron
la ciudad y después el primer director
de Cultura en la provincia. Atesora también
una rica historia escrita en obras fundamentales
sobre héroes pinareños, de lo cual
es un ejemplo su obra sobre Rafael Morales y González,
principal figura de nuestra Historia, así
como el ensayo biográfico dedicado al héroe
internacionalista Alberto Sánchez Méndez
y numerosos artículos periodísticos
similares a los que Delgado Villa llamará
sus Apuntes.
Si bien es cierto que Manuel Herrera es quien
se tituló como Historiador durante más
de veinte años y su obra –de obligada
lectura para el conocimiento de la Historia de
la Ciudad- es la más voluminosa y significativa;
Abel Prieto trasciende como historiador local
por sus artículos en la sección “Ribetes del Terruño” de la Revista Pinar del Río y por varios
Artículos Históricos; aunque se
destacó más por sus obras de corte
pedagógico. Y para mí, por contar
con la colaboración de ambos en 1970, fueron
Edmundo Alemany Poch y Antonio R. Delgado Villa,
con “Los Orígenes de Pinar
del Río”, el primero, y
sus “Apuntes”, el
segundo, los historiadores que trascendieron en
la localidad, de una generación a otra.
Justo es reconocer, que en ese período
de salto generacional algunos diletantes y autodidactas
me antecedieron, como René Prieto, con
sus famosas libretas escolares donde anotaba todo
cuanto le resultaba interesante de nuestra historia
local, como un verdadero cronista, al igual que
Tata Negrín y poco después quien
se ha reincorporado de nuevo a la palestra, esa
individualidad multidisciplinaria que resulta
Jorge del Valle.
Pero, fueron Alemany y Delgado Villa quienes me
acompañaron en la tarea de dotar a la provincia
con su primer tabloide de temas históricos,
al que pusimos por nombre “Guaniguanico”.
El tabloide en cuestión, del cual fui cofundador
–pues el empeño tuvo a su frente
a quien dirigía desde años atrás
la primera comisión de activistas de historia-
y cuyo Consejo de Redacción encabecé,
sólo apareció en cuatro ocasiones.
.Además de Edmundo Alemany y de Delgado
Villa, formaban parte del Consejo de Redacción
Ramón Rodríguez Corona y Julio César
Valdés, el uno periodista y el otro funcionario
de cultura; y un joven, algo mayor que yo, hoy
Doctor en Ciencias Arqueológicas, Enrique
Alonso Alonso, quien preside el Consejo Técnico
Asesor del Partido para la redacción de
la Historia Provincial y ha contribuido con numerosos
trabajos al enriquecimiento de la misma.
Sin embargo, puedo asegurar que la labor de Delgado
Villa desde las páginas del Periódico
Provincial y a partir del crecimiento de su actividad
como autor de los “Apuntes” en Guaniguanico, le conceden
a él, por encima de los demás, el
reconocimiento oficial que sólo Santovenia,
Pedro García Valdés y Manolo Herrera
habían disfrutado. Por eso, en 1976 cuando
la Editorial Oriente publica el libro “Provincia
de Pinar del Río” es a él
a quien adjudican la autoría de la síntesis
histórica, (aunque Enrique Alonso tuvo
que ver además con tal publicación);
también en 1979, la Editora del Partido
publica sus “Apuntes”;
y en el marco de la actual batalla por impulsar
la cultura general, integral y masiva, yo seleccioné
parte de su obra para conformar el libro “Estampas
de la Vuelta Abajo”, el cual prologué
con palabras similares a estas.
Pero, no termina con Delgado Villa la Historiografía
Pinareña. Habría que considerar
la obra que desde 1980 comienza a gestarse por
nuevos historiadores y publicistas que se nuclearían
en torno de los espacios brindados por el Periódico
Provincial y de la segunda publicación
con temas de carácter histórico
que recibiría el nombre de “Nuestra
Historia”, así como en los
libretos transmitidos por la radio pinareña
y mas recientemente por su telecentro
Se destacarían en esta etapa, además
de los ya aludidos: Pablo Pedroso Linares, ,Milagros
Fernández Vera (quien desarrollaría
la obra más sólida y frisa hoy ya
los 76 años de edad), Lidia Montoro y quien
ya había colaborado conmigo en Guaniguanico,
Enrique Alonso y Wilfredo Denis Valdés
(quien tanto se ha desentendido en los últimos
tiempos de sus propias ideas planteadas entonces).
Ellos conformarían el Comité Gestor
para la creación de la Filial del Instituto
de Historia en Pinar del Rio desde 1980 y la primera
presidencia de la UNHIC, en 1983; así como
el Consejo Editorial de Nuestra Historia;
(segundo tabloide dedicado a la Historia Local,
aunque en sus primeros números tenía
el formato de pequeña revista); mientras
que en las páginas de Guerrillero se mantendrían los Apuntes de Delgado Villa
y se incorporarían los de Pedro Roger Marro,
Manuel Rodríguez Cla y Rafael Azcuy entre
otros destacados investigadores.
El CITMA, con sus talleres científicos
de Ciencias Sociales, desde 1995 y la conjunción
de importantes centros docentes (Universidad,
Escuela Provincial del Partido, otros Centros
Universitarios y sobre todo el Pedagógico)
bajo la Dirección del Partido, primero
desde su Oficina de Historia, dirigida por Marta
Iglesias y más recientemente desde la Oficina
de Asuntos Históricos, tendrían
la mayor parte del quehacer historiográfico,
aunque no todo el universo posible, atendiendo
a la labor desplegada por organismos como Educación,
Cultura, Deportes, Organizaciones Juveniles y
de Masas (en diferentes eventos históricos)
y las instituciones especializadas como la Escuela
de Superación de Cultura del Centro Comunitario
Provincial, los Museos, el Departamento de Patrimonio,
la Biblioteca Provincial, el Archivo Provincial,
el Centro de la Música, la Casa de Pedro
Pablo Oliva y otros archivos no estatales y particulares
de cierta consideración.
Durante los últimos 15 años el Doctor
Francisco Romero Ríos, quien preside la
UNHIC desde el deceso del compañero Pablo
Pedroso y el Doctor Enrique Alonso quien lo precede
en el empeño, se han acompañado
de otros especialistas como los Doctores Clemente
González, Alejandro Collado y José
María Sánchez, así como los
compañeros Enrique Giniebra, Juan Carlos
Rodríguez, María Elena Castillo,
Juan Carlos Alfonso, Pedro Luis Hernández
y José Madera entre otros y han sumado
esfuerzos para dotar a la provincia de una historiografía
científicamente documentada, asesorando
además las monografías de historia
local de cada municipio, (en lo cual han sido
continuadores de la actividad iniciada por Milagros
Fernández Vera desde 1980); y participan
en una primerísima versión de la
Historia Provincial de Pinar del Rio, recientemente
presentada, pero inédita aún.
Y este último empeño, el de las
monografías locales, ha abierto las puertas
a nuevas figuras que han contribuido desde diferentes
municipios con la Historiografía Provincial,
como hicieron en primer lugar los Doctores Luis
Saíz y Reynaldo Acosta Medina, ya fallecidos,
y Carmen Fernández, Jorge Freddy, Enrique
Pertierra, Ricardo Noriega, Armando Abreu y otros
(que solo por desconocimiento de obra mayor y
no por mala intención, no incluyo aún
en esta galería de historiadores).
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