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ENRIQUE ROSELL MARTÍNEZ
CIENTÍFICO GRACIAS A LA REVOLUCIÓN
“La historia de Enrique Rosell no se puede separar de la historia de la propia Revolución, del hilo conductor que es el pensamiento de Fidel” -con estas palabras inicia Marcia González Álvarez la síntesis biográfica que de manera original nos presenta sobre un vecino nuestro, amigo y padre de un amigo, hombre singular que debe ser conocido como una de nuestras figuras pinareñas-. “En nuestro modesto estudio biográfico –sigue diciendo Marcia, quien obtuvo el Premio Nacional Zoilo Marinello del Sindicato de las Ciencias y una mención nacional en el concurso de la CTC Rubén Martínez Villena con este trabajo- tratamos de expresar el paralelismo entre el hombre devenido en científico y la obra que lo transforma y a su vez, cómo contribuye el hombre a enriquecer la Obra y formar nuevas generaciones de científicos, de hombres buenos, como soñara Martí”..
Enrique Rosell Martínez nace en el municipio de Pinar del Río el 11 de marzo de 1941. Proviene de una familia pobre, compuesta de nueve hijos. Con solo ocho años de edad, cuando culmina su primer grado, tuvo que abandonar la escuela por tener que ayudar económicamente a su familia. Y lo hizo vendiendo viandas, frutas y billetes de la lotería; también realizaba trabajos agrícolas.
Ni la mente más soñadora y fantasiosa podía imaginar que este niño que llegó a los dieciocho años siendo un semianalfabeto, sería poco más de dos décadas un Doctor en Ciencias. Solo un “milagro” podría lograr semejante hazaña. Y el milagro se hizo:
¡ triunfó la Revolución Liderada por Fidel ¡
Enrique era uno más del pueblo, según el concepto de pueblo dado a conocer en el histórico alegato, La historia me absolverá. Era uno de los “seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente …“ Enrique era uno más “ de la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa….” (1)
Un año después del desembarco del Granma logra trabajar como obrero en la Congeladora La Conga y después del triunfo de la Revolución, en 1959, en ECOPEMAR; posteriormente en el Instituto Nacional de la Pesca. En esta empresa trabajó como obrero, jefe de turno, almacenero, y cajero pagador.
Fidel en su alegato se refiere a un artículo de la Constitución que “ordena categóricamente al Estado emplear todos los medios que este a su alcance para proporcionar ocupación a todo el que carezca de ella y asegurar a cada trabajador manual o intelectual una existencia decorosa” (1)
Ya gracias a las oportunidades de la Revolución Educacional, había aprobado el sexto grado por examen libre; después estuvo un año en la Escuela de Artes y Oficios y dos cursos en Secretariado y Comercio. Posteriormente cursó tres años en la Facultad Obrera Campesina. Fidel había expresado: “A ese pueblo no le vamos a decir “te vamos a dar” sino: ¡aquí tienes, lucha ahora con todas tu fuerzas para que sea tuya la libertad y la felicidad!” (1). Y Enrique luchó por esa libertad que da el conocimiento y por esa felicidad que ofrece el esfuerzo cotidiano para lograr el desarrollo pleno y la construcción de una sociedad digna. Y en esa lucha también estuvo como algo primordial la defensa de su patria, la defensa de la Revolución. Fue fundador de la Milicias Nacionales Revolucionarias, cursó la Escuela de Morteros de 120 mm, graduándose de artillero. Y fue movilizado desde el 10 de abril hasta octubre del 1961, en la costa norte de las provincias de La Habana y Pinar del Río. Participó posteriormente en múltiples movilizaciones y cursó otras escuelas militares.
“Y nosotros debemos saber, como revolucionarios, que cuando decimos de nuestro deber de defender esta tierra, de defender esta patria, de defender esta revolución, hemos de pensar que no estamos defendiendo la obra de diez años, hemos de pensar que no estamos defendiendo la revolución de una generación; ¡Hemos de pensar que estamos defendiendo la obra de cien años! ¡Hemos de pensar que no estamos defendiendo a aquello por cual cayera miles de nuestros compañeros, sino aquello por lo cual cayeron cientos de miles de cubanos a lo largo de cien años!” (2)
“Enrique se encontraba dentro del grupo vanguardia de los estudiantes de la Facultad Obrera Campesina “Julio Antonia Mella”. Allí se destacaba por su afabilidad, modestia, rectitud, amor al estudio y solidaridad con sus compañeros... Tenía el poder de aglutinar a los compañeros a su alrededor, dando el ejemplo por su actitud ante todas las tareas durante los años que estuvo en este Centro….” “Participó activamente en tres zafras del pueblo, en los campos de caña, movilizado por la Facultad Obrera Campesina” “Siempre fue la labor de Enrique muy destacada”. También cuenta su compañero de aula – hoy profesor de la Universidad de Pinar del Río “Hnos. Saíz Montes de Oca”, Ingeniero Raúl Acosta Palacio, “que cuando estaban en los cortes de caña de Cayajabos, en Artemisa, en el central “Abraham Lincohn” las madrugadas eran muy frías y a Enrique que no usaba guantes, se le entumecían las manos pero no dejaba de cortar caña por su estoicismo en cualquier tarea.” “ En otra ocasión realizando la siembra de caña en el municipio los Palacios, la brigada se puso como meta la siembra de una caballería diaria y en saludo al “1ro de mayo” nos propusimos sembrar dos caballerías que se finalizaron sobre las dos o tres de la madrugada y era Enrique quién alentaba a todos para llegar a la meta”
Asimismo, este compañero recuerda como Enrique “cuando terminaba el trabajo en el campo se enfrascaba en el estudio hasta cerca de las doce de la noche y como los profesores que nos acompañaban el trabajo voluntario lo ayudaban; pues él era de los compañeros que necesitaban ayuda profesional o sea que debía realizar un esfuerzo extra, por ello no perdía tiempo.
Otro de sus compañeros en la Facultad Obrero Campesina el hoy Doctor en Medicina Veterinaria, Dagoberto Sánchez Rodríguez opina “que Enrique se mostró siempre afectivo con todos los compañeros que lo rodeaban siempre presto a ayudarlos con sus recursos, que participaban en todas las actividades que se planificaron mostrándose muy entusiasta.“ “que adquirió la amistad y confianza de todos los compañeros que le rodeaban y pronto llegó a ser el centro del grupo de estudiantes.”
En 1967 se acoge a la Resolución no. 258 e ingresa a la Facultad de Ciencias Agropecuarias, en La Habana, donde se destacó ampliamente en el estudio y formó parte de la dirección del Partido en dicho Centro. Fue miembro de las UES, de las Brigadas Universitarias “José Antonia Echeverría” y de la Federación Estudiantil Universitaria. (Ver anexo 1)
“Hoy la posibilidad de estudiar es una realidad, es una prerrogativa de cualquier joven. Porque si en el pasado era la lucha del individuo por llegar a la universidad o por poder costear sus estudios universitarios, hoy puede decirse que, a la inversa, la lucha es de la sociedad para que el máximo de jóvenes llegue a la universidad…” (3)
En 1971, siendo alumno ayudante, ocupa en esa propia Facultad una plaza de Instructor no Graduado. En 1972 fue seleccionado para formar parte del claustro fundador de la Sede Universitaria en Pinar del Río.
En 1974 se gradúa de Ingeniero Agrónomo y dos años después, dada sus características personales es nombrado decano de la Facultad de Agronomía y Forestal del Centro Universitario de Pinar del Río, cargo que ocupa hasta 1980.
Su alumno de entonces, hoy Ingeniero Carlos Manuel Lopetegui Moreno, relata lo siguiente:
“Mis primeras impresiones del profesor Enrique Rosell las recuerdo al ingresar en el primer año de la carrera de Ingeniería Agronómica en la Facultad de Agronomía de la Sede Universitaria de Pinar del Río, en septiembre del año 1979. Los primeros intercambios con el personal docente de la carrera fueron necesariamente con su presencia, debido a que se desempeñaba como decano de la Facultad.
Dada su condición y debido al respeto que inspiraba por su carácter los estudiantes tenían de él una imagen de un hombre recio e inaccesible; sus palabras salían del bigote graves pero a la vez tan tenues y pausadas que en ocasiones resultaba difícil entenderlas. En general, las impresiones iniciales del colectivo respecto a su persona fueron cambiando ya que en realidad, se trataba de un hombre serio, sencillo, noble y justo. Criterio que se fue ratificando en la medida que avanzaba el curso y que llegó a su momento culminante durante el proceso de profundización de la conciencia de los estudiantes universitarios. Este fue un proceso muy riguroso para resolver serios problemas de disciplina que presentaban los estudiantes universitarios de todo el país, durante el mismo se analizaba críticamente en cada colectivo la actitud de cada estudiante y en esos análisis, sus criterios, críticos pero a la vez justos, contribuyeron a que la totalidad de los estudiantes apreciaran en él a una persona sensible y respetable.
En el tercer año fue nuestro profesor de prácticas de Fisiología Vegetal y en varias ocasiones nos impartió conferencias. Ese mismo año un grupo de compañeros nos vinculamos aún más con él, ya que nos propuso realizar las prácticas en los experimentos que realizaba como parte de sus trabajos de doctorado. Los experimentos los realizábamos en áreas de investigación del Instituto Politécnico de Agronomía “Tranquilino Sandalio de Noda”. Se montaron simultáneamente cinco experimentos de campo para estudiar varios aspectos relativos a la fisiología y la fitotecnia del cultivo del tomate. En ellos participamos estudiantes de tercero, cuarto y quinto año, uno o dos de cada año.
En la organización del grupo la proyección de los experimentos y su ejecución, nos demostró sus cualidades como formador, como guía profesional, pues logró primeramente constituir un colectivo de trabajo muy cohesionado; nos fue transmitiendo importantes experiencias e incluso conocimientos teóricos y nos incentivó el interés por la investigación científica como base fundamental en nuestra formación.
Recuerdo que los tres años que trabajamos en la ejecución de los experimentos fueron muy adversos, desde el punto de vista climático, debido a que en los períodos de siembra se produjeron eventos de intensas lluvias que afectaron los mismos, por ello fue necesario en ocasiones demoler y volver a sembrar y en otras realizar considerables esfuerzos para recuperar las siembras realizadas y que cumplieran los objetivos de los experimentos. Cerca de las áreas de nuestros experimentos se habían establecido otros de maíz, frijoles y pimientos, la única sombra con que contábamos próxima a nuestros experimentos era la que proyectaba la siembra también experimental de maíz. Allí se producían nuestras reflexiones y discusiones técnicas sobre la solución a los problemas presentados en los experimentos, estos encuentros en el maíz constituyeron para nosotros importantísimas experiencias tanto en lo profesional como en nuestras propias relaciones. Cada vez que el profesor Enrique decía vamos para el maíz, unos de modo jocoso decían: “qué se traerá entre manos” y otros, de algún modo, comenzaban a preocuparse porque quizás implicase una nueva tarea, una nueva demolición o el incremento de la complejidad de las acciones pero a la larga era una nueva y fructífera jornada.
Tanto en la ejecución práctica de los experimentos como en su culminación mediante un resultado científico, el profesor Enrique nos fue guiando de manera acertada, pues cada uno de nosotros siempre estuvo presente en las Jornadas Científicas Estudiantiles, muchos de nuestros trabajos fueron premiados en las mismas, incluso en las Jornadas Nacionales de estudiantes de las Ciencias Agropecuarias y además, en la mayoría de los casos pudimos contar en nuestro haber con publicaciones, aún sin graduarnos.
Todos los esfuerzos realizados durante esos tres años contaron con la máxima intensidad y de ellos participaron incluso nuestras familias, en especial la del profesor Enrique que en ocasiones tenía que soportarnos hasta altas horas de la noche.
Me atrevo a asegurar que nuestra formación como profesionales, nuestras proyecciones un vez graduados y nuestras aspiraciones han estado significativamente influenciadas por sus enseñanzas; él ha hecho de nosotros profesionales con una gran inclinación hacia la investigación científica. Al menos en mi caso, aseguro que los modestos resultados que en estos menesteres me he propuesto y he logrado han sido siempre, inspirados en su ejemplo.
En 1978 viajó a la República Democrática Alemana con el objetivo de comprar equipos e instrumentos de laboratorios para el Centro Universitario de Pinar del Río.
Posteriormente en 1980, se traslada a la Unión Soviética para iniciar su doctorado, el cual concluye en 1985. Es la hazaña de un obrero cubano, pero es un símbolo del nuevo sistema social imperante en Cuba, es un sueño convertido en realidad del alegato, La Historia me adsorvera; es un fruto del pensamiento promisor de Fidel cuando solo 14 años antes sentenciara: “El futuro de nuestra país tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencias, de hombres de pensamiento “. ( 4 )
El hombre que a los dieciocho años sólo contaba con un primer grado, a los cuarenta y cuatro era un Doctor en Ciencias Agrícolas. (Ver anexo 2) Obtiene además en el propio año la categoría principal de Profesor Auxiliar y en 1987 la de investigador Auxiliar. (Ver anexos 3 y 4)
Obtuvo en tres ocasiones el Premio al Mérito Científico Técnico: 1983, 1984 y 1988. En este último año obtiene la Distinción Especial del Ministro de Educación Superior. (Ver anexo 5) Obtiene anualmente desde 1986 a 1989 la categoría de Asesor Más Destacado en el trabajo de las Brigadas Técnicas Juveniles, a nivel provincial. Se le otorga entre otras distinciones y reconocimientos la Moneda XXX Aniversario de Academia de Ciencias de Cuba, en 1993.
Posee más de 20 publicaciones científicas a nivel provincial, nacional e internacional. Ha sido tutor de 36 trabajos de Diploma y de 86 para Jornadas Científicas Estudiantiles. También ha sido tutor de 25 trabajos de Diploma de técnicos medios.
Según criterio del Ingeniero Aldo Luis Ramos Hernández:
“El profesor Enrique Rosell contribuyó decisivamente al resultado final del trabajo de investigación, incluyendo a otros estudiantes; fue muy paciente en nuestro aprendizaje y colaboró con todos nosotros en el resultado tanto práctico como teórico de la investigación. Su dedicación fue al máximo, incesante. Durante las horas de descanso nos recibía en su hogar para ayudarnos y orientarnos…” “……Sin su ayuda el resultado de mi trabajo, en la tesis de Diploma, no habría podido obtener la calificación de excelente, Fue un profesor, un compañero, un amigo.
Una vez concluido su doctorado se le nombra metodólogo del Departamento Docente Metodológico y se le responsabiliza con la actividad científica estudiantil y las prácticas de producción a nivel de Centro; cargo que desempeñó satisfactoriamente a la vez que se desempeñaba como secretario general del núcleo de la Vicerrectoría Docente. Enrique ha sido políticamente un líder natural por su trayectoria ejemplar de militante desde 1962, su desempeño en cargos de dirección en núcleos y comités del partido, por su humanismo y solidaridad hacia sus compañeros y alumnos, por su modestia, la firmeza de sus convicciones revolucionarias, su intransigencia ante lo mal hecho unido a su poder de comprensión y colaboración hacia los demás.
En 1989, a solicitud de la instancia provincial del Partido, pasó a laborar en la Delegación Provincial de la Academia de Ciencias de Cuba como especialista principal para el control de la actividad investigativa, hasta 1994 y como director de la Unidad de Ciencia y Tecnología, hasta 1997. Actualmente se desempeña como especialista para el control de la actividad científico investigativa.
Ha realizado 26 investigaciones científicas, destacándose entre otros los resultados siguientes:
- Máquina Peletizadora de semillas Modelo RA-1 y EH-2.
- Tecnología para el peletizado de semillas.
- Profundidad de siembra de las semillas hortícolas.
- Siembra directa del tomate.
En general ha participado en 8 Zafras del Pueblo y en más de 20 cosechas tabacaleras, así como en innumerables trabajos voluntarios en distintos lugares y objetivos de la provincia y el país.
En su vida personal, siendo alumno de la Facultad Obrera Campesina, estableció relaciones con su compañera de aula María Dolores Morales Prieto, con quien contrajo matrimonio en 1970, con ello se formaba una perdurable y bella familia revolucionaria. Ya en 1972 nace su hijo Enrique que es hoy Licenciado en Diseño Industrial y en 1973, su hija Lollien, Licenciada en Ciencias Farmacéuticas
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
1-Castro Ruz F. La historia me absolverá. La Habana: Editora Política; 1983.
2-Castro Ruz F. Discurso. Velada conmemorativa de los Cien años de lucha. En: Castro Ruz F. Discursos – T. I. La Habana: Editorial Ciencias Sociales; 1975. pp. 60–97.
3-Castro Ruz F. Discurso. Acto de graduación de estudiantes de la Universidad de La Habana. En: Castro Ruz F. Discursos. T. II. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales; 1975. pp. 46-66.
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