| DON TIBURCIO PÉREZ DE CASTAÑEDA: EL MARQUÉS DE LAS TAIRONAS
Quizá la carta de presentación de mayor importancia que pudiera utilizar, para que este pinareño-canario sea reconocido como figura ineludible en la galería de los benefactores de la Ciudad de Pinar del Río, es la que se refiere a su impronta sobre la llegada del ferrocarril a este lugar el 15 de abril de 1894.
Porque, quien decidió el traspaso de la compañía Española constructora del camino de hierro hacia el oeste, a la compañía inglesa The Western Railway of Havana Limited”, fue este pinareño, hijo de Don José Pérez Castañeda.
Gracias a su intervención y apoyo financiero se produjo la transferencia de compañías y de ese modo se salvó una situación de impas que mantenía en un verdadero caos al proyecto del cual se habían agotado los tres millones de pesos fuertes del capital inicial…y las deudas contraídas habían aumentado la cifra en otros tres millones; por ello, los acreedores, sin esperanza de cobros; tan preocupados como los empresarios, por la caducidad de la licitación, desesperaban ante la detención de las obras, que tan lentamente se venían realizando, mientras cobraban en impuestos y productos líquidos lo que podían, para salvar al menos por esta vía una mínima parte de los créditos y las acciones. Para ellos también, sin duda alguna, la impronta de Don Tiburcio, significó una intervención milagrosa.
El comprador inglés conocía ya el prestigio de Tiburcio y ello lo motivó para atender sus propuestas y más aún, para aportar un nuevo caudal más sólido todavía para que el proyecto fuera, -como en definitiva fue- un éxito para sus arcas…y para el desarrollo de toda la región que contaba como núcleo o capital, desde junio de 1878, a Pinar del Río.
Quien salva toda esta situación era Diputado a Cortes por Pinar del Río, el Marqués de Las Taironas Tiburcio Pérez de Castañeda, quien dirige con precisión de consabido economista la transferencia a la Compañía Inglesa, hecho que se produce el 6 de octubre de 1892. El camino de hierro, como era conocido, había iniciado su construcción el 19 de noviembre de 1857, 35 años atrás; y había llegado con muchas dificultades hasta Puerta de Golpe donde parecía quedar para siempre en medio de su agónico desplazamiento…esos 17 kilómetros finales hasta llegar a esta capital, bajo la dirección del ingeniero inglés David Simpson y la vigilancia constante de Tiburcio, resultaron de un terminado espectacular y en poco más de un año y cinco meses la obra concluyó con la calidad que venía faltando ya en su trayectoria anterior y por si fuera poco, los tres puentes de hierro y cemento sobre los ríos Ajiconal, Paso Viejo y Guamá, así como las veinte alcantarillas de igual constitución material y las estaciones de Las Ovas y Pinar del Río, todavía hoy son ejemplares entre las obras de ingeniería ferrocarrilera 115 años después de construidas.
Esta introducción sobre una de las gestiones de Tiburcio acerca de su singular desempeño vital, sería pues una carta de presentación adecuada para exponer nuestro esbozo o semblanza histórico-biográfica de esta figura de pinareño y canario; pero no es la única para este escenario, como se comprenderá por la nota que desarrollo a continuación…
Resulta que cuando se desarrollan los festejos “de semana y media” como se recoge en acta del Ayuntamiento local, a partir del 15 de abril de 1894, por la llegada de la primera locomotora a Pinar del Río, entre los tantos visitantes y habitantes distinguidos de la Ciudad que allí estaban, no aparece su nombre…ello, por supuesto, nos pareció extraño pues según lo que hemos expuesto, Tiburcio resultaba protagonista principal de tal acontecimiento y debía estar allí junto al Capitán General y Gobernador de la Isla de Cuba Don Emilio Callejas y otros connotados visitantes que fueron recibidos por las autoridades de la provincia presididas por el Teniente Gobernador y el Presidente de la Diputación Provincial tal y como publiqué en mi Fechario Pinareño:
“…el 15 de abril de 1894, llega al fin el ferrocarril a Pinar del Río. También ese día se inaugura la fonda y posada que se llamará “El Ferrocarril” y estaba en la entrada al Paradero por la Calzada de la Coloma, donde después existió el Hotel Coloma. En el periódico pinareño “La Alborada” puede leerse un trabajo crítico del maestro Ciprián Valdés sobre los acontecimientos de esta fecha”.
Precisamente, acudiendo a la prensa local supe del porqué de la ausencia de Tiburcio a tan fausto acontecimiento, cinco días después, en la página dos del periódico “El Corresponsal” fechado ese 20 de abril de 1894, pude leer la siguiente nota:
“El Diputado a Cortes por esta circunscripción, Señor Don Tiburcio Castañeda (SIC) ha hecho un donativo de mil pesos para el ensanche del Hospital Civil de esta población, según cablegrama que recibió anoche el Gobernador Civil, del citado diputado, residente ahora en Madrid”.
Ello nos explica por qué no aparece su nombre entre los presentes durante los festejos que duraron más de tres días en Pinar del Río a la llegada del ferrocarril, pero nos habla además de su carácter filantrópico sin búsquedas de la notoriedad que por sí le acompañaba de manera sistemática a lo largo de su vida como fundamentaremos en lo adelante en el presente trabajo con más elementos de los que ya aportamos…y nos habla también de otra valiosa contribución a la Ciudad de Pinar del Río, aunque de mucha menor connotación que la del servicio ferrocarrilero, el cual ahorró veinte horas de viaje a La Habana, para todos los pinareños de entonces que antes tenían como vía rápida la que por mar hacían desde La Coloma a Batabanó, luego de trasladarse de la Ciudad a ese embarcadero y complementar más tarde ese viaje por tierra desde el sur de la provincia habanera hasta la Ciudad Capital.
Aunque la faceta que hemos tomado para carta de presentación de Tiburcio Pérez Castañeda la relacionamos con el escenario pinareño, otra quizá más interesante por su impronta en el desarrollo de la electricidad en la Isla, pudiera apreciarse de manera más adecuada si nos encontramos exponiendo este esbozo biográfico en La Habana, por ejemplo; pues él es el causante de que los habaneros hayan disfrutado de ese servicio por primera vez, el de la electricidad, como nos gustaría exponer mediante los documentos que obran en nuestro poder, o que hayan conocido el tranvía eléctrico y ambas cosas hayan modificado hábitos y comportamientos urbanos desconocidos hasta entonces en los habitantes de la gran ciudad, que por otra parte se modernizó gracias a estos adelantos y otros en los cuales influyó Don Tiburcio, menciónese por ejemplo el acueducto que solamente reconoce hoy a su mayor impulsor, el ingeniero Francisco de Albear y tanto le debe al pinareño canario que nos ocupa hoy…
Incluso, si el escenario fuera otro, por ejemplo Canarias, donde cada 16 de octubre se celebra una recordación muy especial, de homenaje a Tiburcio, quizá la carta de presentación esté dada por su enorme sabiduría y el hecho insólito de haberse diplomado como Doctor en Medicina en cinco universidades del mundo, antes de doctorarse también como abogado y alcanzar la pericia como economista.
La historia de la medicina recoge su nombre precisamente por las brillantes ideas que en ese campo hace prevalecer entre los conocedores, al respecto de la cirugía moderna y sus textos fueron durante mucho tiempo de obligatorio estudio en varias universidades del mundo.
Como bibliófilo de una bien dotada biblioteca personal, también se conocería en su tiempo como articulista sagaz y creativo que quiso escribir en la gaceta del Rhin, revista donde el joven Carlos Marx había expuesto sus primeras ideas transformadoras de la filosofía moderna, hecho insólito que no ha sido objeto de estudio pormenorizado aún pero que queda para inquietar a los investigadores que decidan profundizar en el mundo personal de Don Tiburcio en lo adelante.
He dicho en más de una oportunidad al hablar sobre él que es pinareño y canario, guardo una interesante biografía escrita por un profesor universitario que me escribe desde Las Palmas, Canarias, donde se asegura que nació en ese lugar, aunque no me brinda la Fe de Bautismo ni ningún documento probatorio, otorgo al respecto el beneficio de la duda y lo pido para mí antes de pasar a brindar algunas precisiones en ese sentido.
Me consta por ejemplo que Tiburcio Pérez de Castañeda nació el 16 de octubre de 1866 en la finca “La Casualidad”, en esa gran casa-vivienda que tanta historia guarda para la historia local por haber servido de cuartel donde pernoctara la noche del 17 al 18 de enero de 1896 el Titán de Bronce, luego de desarrollar el más grande combate que conociera el entorno de esta ciudad durante la campaña de La Invasión y el último de esa gesta con tal connotación, antes de su fin en Mantua seis días después.
Esa misma heredad ubicada a la altura del kilómetro 8 de la carretera que va desde Pinar del Río a habría sido visitada casi cincuenta años atrás por el sabio vueltabajero Tranquilino Sandalio de Noda, pues para su padre preparó un herbario y lo visitaba a menudo cuando de paso hacia San Luis y San Juan marchaba el connotado agrimensor y naturalista que desde 1946 se recuerda al nombrar la Granja Escuela que allí existía desde 1913 y que hoy todavía se conoce como Instituto Politécnico del Tabaco Tranquilino Sandalio de Noda.
Allí nació Tiburcio, como hemos dicho, en 1866. Su padre era el rico hacendado y terrateniente vueltabajero que desde la década del veinte se había radicado en ese lugar de Las Taironas. José Pérez Castañeda era oriundo de La Palma, Canarias. Y fue ultimado a balazos en la cercanía del kilómetro 5 de la carretera a La Coloma (tres kilómetros antes de llegar a su hacienda, en un lugar conocido por San Vicente, según divulga el periódico habanero “La Quincena” del 30 de agosto de 1873, en la columna tres de su página tercera, así lo cita el decano de nuestros historiadores César García del Pino en su libro “Carlos García, Comandante General de la Vuelta Abajo”; leamos su palabras:
“El 20 de agosto era ejecutado en Las Taironas Don José Pérez Castañeda, Coronel que fue del Batallón de Voluntarios de Infantería de Pinar del Río. Había sido uno de los pilares del integrismo en Vuelta Abajo y su muerte fue una advertencia de que la justicia mambisa podía alcanzar a los más encumbrados enemigos. Las autoridades trataron de desvanecer el mal efecto causado entre sus parciales con unos ostentosos funerales y honores militares “debidos a su clase”.
Otra versión de los hechos se ha mantenido en la tradición oral acerca de la muerte de Don José, pero esta dada por César García del Pino es reforzada por la información que puede constatarse en el Archivo Nacional de Cuba, en el Departamento de La Colonia, Sección Asuntos Políticos, Legajo 58, Número 14…allí se lee: “Se informa que en la suscripción realizada en Pinar del Río para costear una compañía de soldados para enfrentar a los mambises, en 1869, el máximo contribuyente o donante había sido José Pérez Castañeda, quien aportó poco más de quinientos pesos fuertes”.
Tiburcio tiene solamente siete años cuando muere su padre y es enviado primero a casa de sus abuelos y más tarde a estudiar en la metrópoli. Allí en Madrid transcurriría toda esa primera parte de su vida en que aparece atendido por sus abuelos canarios y da viajes sistemáticos a Las Palmas…ello quizá haya dado pábulo a la noticia de su nacimiento en dicho lugar.
Regresaría a Pinar del Río en 1883, a los 17 años, ya graduado increíblemente de las carreras de medicina y Derecho. Debido al asombro causado por su precocidad e inteligencia perfeccionó sus estudios de medicina en París, Londres, Alemania y en Méjico, exigiendo en todas esas universidades su ratificación como doctor en medicina, viajando a tales instituciones docentes y viviendo en esos sitios durante cortos períodos de tiempo a fin de demostrar su valía. En la Universidad de La Habana, obtuvo por oposición desde 1883 una cátedra y hasta 1887 desempeñó las de Clínica Quirúrgica y Medicina Legal y después de haber recibido la borla al graduarse también como Doctor en Derecho, tuvo además a su cargo las cátedras de Derecho Natural, Derecho Internacional, Público y Privado y la Cátedra de Historia de los Tratados.
Ya para entonces había ganado varios premios por sus mociones ante la Academia de la cual era miembro numerario y cuando publica su libro de “Doctrina de los Estatutos en el Derecho Internacional Moderno” es cuando obtiene su mayor premio y reconocimiento público que lo convierte en el más asediado entre los abogados de ultramar cuando se divulga el premio consistente en la medalla de oro que otorga el concurso internacional convocado por el Colegio de Abogados de La Habana, certamen al cual envía su obra.
A partir de entonces, se le considera connotado jurisconsulto además y se convierte en un importante hombre de negocios en la Isla…es la etapa en que se hace imprescindible para la Capital y ejerce influencia internacionalmente como por ejemplo cuando visita Londres y logra la aceptación para salvar el negocio fracasado ya del camino de hierro hacia su Vuelta Abajo…no solamente hasta Pinar del Río, sino en su continuidad hasta Guane posteriormente.
Ya antes había colocado grandes sumas en adelantos relacionados con la electricidad y los tranvías y el acueducto de La Habana como hemos explicado y en relación con Pinar del Río no solamente resultó benefactor por sus gestiones en cuanto al ferrocarril y la ampliación del hospital, si no también en la construcción, reparación y mejoramiento de las calles de la Ciudad, como por ejemplo, la Calzada de La Coloma, por lo que en acto de agradecimiento, el Ayuntamiento de Pinar del Río decide nombrar a la Calle Virtudes, con el nombre de Tiburcio Pérez Castañeda.
Como benefactor público, sin embargo, su figura no se circunscribe a Pinar del Río, como ya hemos expuesto, en la capital de la Isla conformó diversas compañías de gran importancia financiera para el capitalismo y la alta burguesía local que habría de desarrollarse a partir de los primeros monopolios como es el que comenzó a encargarse de la distribución de las aguas del canal de Albear, aquel que se encargaba de los medios de transporte en la Ciudad y específicamente de los tranvías eléctricos, dio inicio a la construcción de los soterrados eléctricos y quizá donde más experiencia acumuló haya sido en el transporte ferroviario donde sus habilidades llegaron a ser tales que causaba admiración en Londres por su sapiencia al respecto; en ese campo de la industria del transporte ferroviario se destaca el haber estado a cargo de la compra de ferrocarriles para Cienfuegos, Sagua y Caibarién, los cuales integrarían después el Ferrocarril Central de Cuba. También incursionaría Tiburcio en el transporte marítimo organizando y estableciendo una línea de vapores que enlazarían la porción occidental de Cuba con Cabo Catoche en la península mejicana de Yucatán.
Y por si fuera poco Tiburcio Pérez de Castañeda se destacó como prosista de primera línea y articulista de mérito tal y como había demostrado desde su adolescencia cuando a los quince años de edad publicaba en perfecto alemán unas crónicas sociales en el periódico la Colonne y en la Gazeta del Rihn…donde el joven Carlos Marx publicara sus primeros textos…y lo seguiría haciendo ya en el ocaso de su vida cuando mantenía una columna como redactor fijo en el periódico más importante de La Habana en ese entonces: El Diario de La Marina.
Otras aristas quedan por señalar en la interesante vida de este políglota, culto bibliófilo, hombre de abolengo que inaugura el marquesado de Las Taironas, prestigioso abogado y Jurisconsulto, no menos afamado médico clínico, y cirujano competente, descendiente de canarios, pero nos satisface haber contribuido en la divulgación de sus méritos e historia personal con la ambición de haber indicado la posibilidad de un trabajo mayor y consciente de que solamente hemos dado un paso en esa escalera de conocimientos sobre su vida y obra que seguramente continuará enriqueciéndose por otros colegas e investigadores.
Baste por el momento con esta semblanza biográfica del Marqués de Las Taironas.
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