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EL REINADO DE CORONA

Ramón Rodríguez CoronaNuestro colega Ramón Brizuela -escribió Daima Cardoso- lo calificó en cierta ocasión como un Jack London criollo porque acuna en su personalidad e historia la larga lista de varias profesiones: actor dramático, narrador de novelas radiales de la Cuba neocolonial, periodista en la época revolucionaria, cronista deportivo, galán de portadas de cancioneros, piloto de avionetas cuando era joven y muchas más.

Y es que Ramón Rodríguez Rodríguez, conocido por Ramón Rodríguez Corona y Món Corona alternativamente en el ámbito del periodismo y la radiodifusión, es un hombre que ama la diversidad. Para él el saber no ha ocupado nunca tiempo, es como si hiciera suyo el refrán que asegura: "estudia, estudia y cuando mueras serás un cadáver culto".

Sin ser absoluta pudiera afirmar que hoy no puede hablarse de la historia de la radio y el periodismo en Pinar del Río sin referirse a Corona, pues en los lejanos años de la década del 40 del siglo pasado se inició en la radio en la RHC Cadena Azul, que era en aquel entonces la más poderosa emisora del país.

Aquí consiguió una plaza de actor libre en el género dramático. Su desempeño actoral, dotado de una formación empírica, fue no pocas veces aplaudido por los oyentes. A su vez estaba también en Radio Cadena Habana donde hacía de suplente.

De igual manera inaugurò Cadena Insular de Radio y paralelo a ello trabajaba en Radio Caribe y en la CMCK.

"Desde el punto de vista profesional me fue muy bien en La Habana, pero económicamente no, por eso decido regresar para Pinar del Río y es en un baile en la Colonia Española (donde hoy radica el Palacio de Computación) que conozco a Gustavo Correa Olivera, quien era operador en la CMAB. Él me habló de una plaza que iba a quedar vacante y para allá fui. Me aceptaron. Era el año 1945", cuenta Corona.

En esta época se produce el primer movimiento de reclamo por mejores condiciones de trabajo y aumento salarial en Pinar del Río, que tuvo en este protagonista de la radio a su principal gestor.

Esa participación y protesta le costó dos meses fuera de la emisora, pero logró que se hicieran realidad las exigencias. Se aumentó el salario de los trabajadores y en su caso particular comenzó a ganar 45 pesos.

HOMBRE DE LA PALABRA

El 18 de junio de 1947 el periódico Heraldo Pinareño recogía en sus páginas el nacimiento de la emisora CMAW, que operaba en la frecuencia de 1 340 kilos. Al equipo de locutores se sumaría prontamente Corona.

Una anécdota curiosa de aquel período nos narra Ramón:

"En esa época la empresa que operaba el estadio del Cerro (hoy el Latinoamericano) por divergencias de carácter financiero no suscribió contrato con las emisoras nacionales que llevaban la pelota, jugada por jugada, a todo el país. Sólo la Cadena Oriental de Radio obtuvo el derecho para cubrir estos eventos. El problema era que la estación oriental no se escuchaba en la provincia pinareña.

"Para lograr el propósito de la Radio W de transmitir la pelota a los pinareños se buscó un equipo receptor Hamerlund que tenía 11 bandas. El técnico Carlos Manuel Serantes hizo una antena polidireccional que se podía hacer girar a la dirección conveniente. Fue entonces que comenzó a entrar con más nitidez la emisión que venía de ese rumbo y de esa forma nosotros pudimos captar la Cadena Oriental de Radio.

"Utilizamos entonces un disco de ambientación y un dispositivo para simular el batazo, acompañado de un par de audífonos. Yo oía la transmisión de Cadena Oriental de Radio y la iba reproduciendo en la cabina para retransmitirla por Radio W, que a veces formaba un ruido tremendo por interferencia, pero nosotros continuábamos transmitiendo. De esa forma los pinareños pudieron escuchar toda la Serie Nacional de Béisbol entre los equipos Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao.

"Todo ese esfuerzo fue una proeza tremenda, ya que transmitía todos los días de la semana, excepto el lunes; los obstáculos a vencer eran enormes".

En esta onda radial Ramón vivió en su carrera el privilegio de narrar los juegos de la Liga Semiprofesional de Béisbol y la Liga Nacional Amateur de Cuba; también narró boxeo y hay pinareños que recuerdan su voz y lo señalan como un puntal importante y un referente obligado en este tipo de actividad.

Amante tenaz de explorar campos desconocidos, matriculó un curso de mecánica y navegación aérea en 1945, que realizó por correspondencia en el California Aircraft Institute. A la ciudad de Los Ángeles tuvo que ir para hacer el examen final y sobre los campos vueltabajeros volaría en pequeñas avionetas de fumigación.

A lo largo de su carrera profesional, trabajó en el Diario de la Tarde, El Socialista, Guerrillero, LPV, y en el primer periódico de Historia Local de Pinar del Río, llamado Guaniguanico, del que formò parte de su Consejo de redacción y fue además el primer corresponsal que tuvo Prensa Latina en Pinar del Río. De igual forma fue enviado especial de varios diarios y revistas como Revolución y Agro, esta última especializada en temas de agricultura.

Con marcado orgullo rememora su primer artículo para Agro: "Versó sobre la compra que Cuba le hiciera a Canadá de un toro Holstein, que nombraron Rosafé, que costó 10 000 dólares y que se ubicó en la finca "El Canal" de Candelaria".

Para algunos pinareños Corona es el mejor locutor de la provincia. "Voz de bardo", dijo alguien que tenía, y es cierto, porque a pesar de los años conserva un estilo y un tono de voz que no envejece.

La radio pinareña tendrá siempre el orgullo de saber que Corona junto al también periodista Pedro Viñas Alfonso fueron los creadores del grupo dramático con que cuenta actualmente Radio Guamá, y que inició a figuras como Nersys Felipe, Aurora Martínez, Isora Llanes, entre otras.

Portador de una personalidad multifacética ayudó al INDER en la preparación de sus historiadores y corresponsales deportivos y fue profesor de la cátedra preuniversitaria de Periodismo.

Igual desempeño tuvo -pero en el arte de la fotografía científica- con la Dirección Provincial de Salud Pública, sector este al que le dedicó 17 años en los cuales renunció a sus vacaciones, fines de semana y festividades para cubrir eventos y prestar servicios como traductor al idioma español de documentos científicos escritos en inglés y francés.

Actor en películas y teleseries, ha sido nuestro Corona, y en el año 1990 filmó la teleserie Capitán Rolando donde junto a René de la Cruz, Albertico Pujol, Rubén Breña y otros resaltó la memoria histórica de una de las figuras más representativas de la historia nacional: Eliseo Reyes, el Capitán San Luis.

Programas que han tenido un elevado raiting como Operación secreta y Reencuentro tuvieron la mano y la voz de Corona durante años. "Por la primera estuve 13 meses sin cobrar un centavo", manifiesta.

Pero su sacrificio no fue en vano. El caso Suela, transmitido en Operación secreta le valió varios premios nacionales y con Amor a sombra y sol se agenció el tercer premio como mejor actuación dramática.

El locutor y periodista Ramón R. Corona fue el conductor del programa "Bajo las Estrellas", considerado el mayor y más prestigioso espectáculo del género artístico musical jamás realizado en la radiodifusión vueltabajera. Se transmitía de lunes a sábado ante numeroso público que colmaba la sala teatro de la veterana CMAB. Por este programa desfilaron las principalísimas figuras de la cancionística nacional.

Gozó el privilegio, además, nuestro biografiado, de que su voz surcara el éter llamando a los trabajadores a la huelga general del histórico 9 de abril de 1957.

Fue, y aún es, un destacado declamador que brilló en un programa dedicado a la lectura y declamación de versos; en Cadena Insular de Radio, y en Radio Guamá titulado Reencuentro programa con el cual alcanzó la excelencia del género.

Fue también director administrativo de la radioemisora CMAC, de San Cristóbal, después de su intervención, y director general de programas de CMAB en esta misma etapa. Asimismo incursionó como actor en el campo del humorismo, actuando en el programa público de ese género que salió al aire con el nombre "Carcajadas", escrito por Reynaldo Huergo Ledesma, consagrado escritor de crédito nacional. Recuerda con cierta nostalgia que el último juego de béisbol que narró fue un encuentro entre los equipos Vegueros y Las Villas en terrenos del Ateneo Deportivo en 1962.

En el periódico El Socialista, convertido ahora en periodista, atendió primero Cultura y Deportes, por poco tiempo, después le confiaron el sector agropecuario con todos sus perfiles, hasta que años después regresó a la radiodifusión, lo que sin dudas refleja su versatilidad. No obstante, en 1969 regresó una vez más a la prensa plana, esta vez como reportero del diario Guerrillero, donde más tarde pasó al departamento de redacción y aquí realizó cuanta tarea se le confió, desde jefe de planas hasta corrector de pruebas y estilo.

Alrededor de 1983, la dirección de Radio Guamá solicitó sus servicios como narrador del espacio Operación Secreta, el de mayor audiencia en ese momento y aceptó un contrato ante lo que la jefatura de redacción dramática de esa entidad lo definió como una situación de emergencia, lo que sin otras consideraciones, incluidas las de carácter económico, motivó el compromiso del periodista locutor. Allí, sin compensación alguna, durante algún tiempo, intervino como actor, narrador en diversos programas, muchos de los cuales alcanzaron primeros y grandes premios en concursos nacionales y provinciales.

En cuanto a LPV prestó servicios en esa revista especializada aproximadamente por casi cinco años, con el compromiso de enviar a esa publicación cuatro reportajes cada mes, incluidos textos y fotos, sin reconocimiento o compensación de ninguna índole, mientras simultáneamente brindaba asesoría en materia de administración al departamento de propaganda y relaciones públicas del INDER en la provincia.

Fue presidente de la Comisión de Ética Periodística y de los consejos de trabajo, paralelamente, más tarde secretario general del Sindicato de los Trabajadores de la Cultura en el Centro. Miembro fundador de la Unión de Periodistas de Cuba y de la radiodifusión en la provincia.

Ramón R. Corona intervino como narrador en más de una docena de combates en los torneos provinciales de boxeo aficionado mientras cursaba estudios de nivel Preuniversitario. Pronto abandonó el campo de la narración deportiva del pugilismo para convertirse en juez y árbitro de ese deporte como colaborador durante unos años. En el curso de su vida laboral practicó el béisbol en los campeonatos provinciales de la denominada Liga Popular adscrito a la nómina del conjunto que patrocinaba la fábrica de tabacos La Ceiba, donde se desempeñó como camarero regular y lanzador de relevo.

Participó, por último, en los certámenes provinciales de ajedrez para mayores de 40 años, en los que conquistó dos premios a la combatividad. No fue ajeno, asimismo, a las lides de softbol que se realizaban por esa época, defendiendo la bandera del periódico Guerrillero.

En cuanto a los servicios que prestó como colaborador voluntario, durante más de 17 años en la esfera de la docencia médica del Ministerio de Salud Pública en Pinar del Río, es justo destacar su gran derroche de voluntad y sacrificio, pues basta imaginar que el cuarto oscuro donde laboraba varias horas, carecía de aire acondicionado o cualquier otro sistema de ventilación, en ocasiones con temperaturas superiores a los 32 grados centígrados.

No se olvide que toda esta labor la realizaba el locutor y periodista paralelamente a sus tareas de redacción en el periódico Guerrillero.

CORONA A LOS 80

Nadie puede advertir que su cuerpo lleva consigo ocho décadas, tampoco la mente, pues le acaba de regalar a quienes acostumbran a leer sus amorosos versos una hermosa colección de relatos que tituló Clara luz y otros cuentos sobre la cual escribió Gerardo Ortega: "Así se llama la colección de relatos que pone en mis manos un viejo amigo para reclamar mi opinión.

Hay cuentos breves e impactantes como el de ese guardián que no se borrará fácilmente de la memoria y otros, como el que ilumina el título desde la sonrisa megárica de la protagonista Clara Luz.

Pero, no es la forma ni la mayor o menor extensión, lo que llama mi atención en estas obras que recoge Ramón Rodríguez Corona en su libro, sino la intencionalidad marcada de la trascendencia de la anécdota, el querer ir más allá de un mensaje primario y marcar cierto entorno filosófico, cierto humanismo implícito en la comunicación de una experiencia... y es que ha vivido quien escribe; y por eso puede ubicarse con cierto alejamiento de cada trama y no se deja llevar con cada jalón narrativo de quien comienza un derrotero signado por la sorpresa de lo nuevo, de lo inimaginable - tan común entre escritores noveles arrastrados por cada inspiración durante el acto de la escritura -.Rodríguez Corona escribe desde hace décadas y se acomoda por ello en la síntesis, en el lenguaje directo, elimina ripios y adornos innecesarios; y cuando esto se hace sin alarde de tecnicismos, se encuentra uno ante una lectura de fácil comprensión, la cual permite una comunicación cabal del mensaje... eso es lo que se propone y logra con sus cuentos. Agradezco la confianza de este amigo que hace unos treinticinco años compartió una de mis primeras aventuras editoriales; y como Historiador del Deporte y periodista del diario provincial Guerrillero colaboró en las páginas del primer suplemento de carácter histórico de Pinar del Río "Guaniguanico"... y le auguro éxitos en este nuevo empeño suyo de historiar ahora vivencias diferentes; en el campo, también diferente, de la ficción".

Como el propio Ramón asegura, esta muestra está dedicada a la Naturaleza en su doble connotación, aquella que nos rodea y la humana que subsiste bajo la piel de los individuos.

El amor que siente por los animales y las plantas y el límite que existe entre el ser y el actuar de las personas, cobran vida en páginas que están impregnadas de un lenguaje sencillo y de fácil aprehensión, "despojado de retórica y desbordamiento".

Hoy cuando todos estamos necesitados de disfrutar de invitaciones a una lectura que nos recuerde al niño que llevamos dentro, sería muy provechoso que Clara luz y otros cuentos llegara a nuestras manos en forma de libro.

Como también quisiera este incansable creador que sus dos últimas aventuras literarias, la una relacionada con "La Lidia de Gallos" y la otra con "La Veda del Orisha", ambas escritas en coautoría con Gerardo Ortega vieran la luz; pues resultan una visión acerca de elementos que desde el punto de vista social, acompañan la vida de todo cubano medio, por estar enraizados con sus costumbres y buena parte de su filosofía ante la vida, confesada o no. Libros estos últimos que, asegura Ramón, complementan su órbita autoral.

Obra que, apunta como lectora Daima Cardoso, quedará en ella además por ciertos versos de ocasión donde sobra lirismo, versos suyos tales como "todo lo que de alto y noble hay en mi vida es obra tuya" o "te amo con una adoración rayana en el culto".

Este texto ha sido revisado y llevado a término por Gerardo Ortega, el cual partió de la crónica de la periodista Daima Cardoso Valdés y comentarios al margen del propio Ramón Rodríguez Corona y fue impreso por Martín Ortega.

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