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CARIDAD NO ESTÁ
Caridad se fue, ya no estará para atenderlo cuando usted regrese a este lugar; y aunque otra persona acuda a su llamado, solícita como ella, usted sentirá el vacío dejado por esa dulce anciana, como algo irremplazable.
En tanto que investigador, yo frecuento este espacio de la Catedral de San Rosendo en el cual, afanosa, Caridad se desvivía por encontrar cada Fe de Bautismo o Partida de Matrimonio o Defunción, que le solicitaba con el objetivo de fundamentar mis textos sobre alguna figura pinareña de connotación o relevancia. Recuerdo que se contrariaba tanto como yo si no encontraba en los libros, el apunte indicado, el dato necesario… Tanto era su afán y voluntad de servicio, tanta su necesidad de servir al prójimo y de ser útil.
Compartimos además amistades comunes y alguna que otra vez comentaba con ellas mi aprobación y respeto por Caridad y la empatía que despertaba en todo el que la trataba, ya fuere durante el desempeño de sus funciones en este local, a cargo de los libros del Archivo Parroquial, o simplemente en la calle o en el barrio.
Andaba de prisa, como quien no tiene tiempo para cumplir con todo.
En tanto que vecino suyo, la veía pasar camino a sus compras o nos cruzábamos al ir o venir del trabajo, por la misma calle de siempre.
Al mirar su puesto vacío tras el buró, esta tarde, y pensar que ya no está, ni estará en lo adelante, he reflexionado que nadie tal vez escribirá su biografía, que quizá su nombre figure en el cuerpo de una de esas solicitudes de misas de honras fúnebres que ella anotaba en su humilde libreta escolar…y nada más…He reflexionado también, sin embargo, que Caridad es uno de esos personajes que pueblan nuestra Historia Local; y que se hacen imprescindibles en la memoria colectiva, a pesar de no trascender por hechos espectaculares, debido a que encarnan la esencia misma de su quehacer cotidiano.
Como “no debe el cronista dejar de hacer su oficio” anoto que nuestro mayor historiador local Emeterio de Santovenia, escribió en su ensayo Pinar del Río que el pinareño se caracterizaba “por su bondad, el amor a la tradición, religiosidad, la fuerza moral, la tolerancia, el respeto a la verdad” y yo agregaría: el desprendimiento, solidaridad, hospitalidad, humildad, entereza y nobleza de alma y espíritu… y pienso que acaso sea Caridad, en su callada existencia, uno de los mejores reflejos de la “pinareñidad”. Honremos como tal su memoria, recordemos que no es la muerte la que acaba con la vida, sino el olvido. No la olvidemos, aunque ya no esté…aunque se haya ido.
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