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SEMBLANZA
DIFERENTE: ADELA AZCUY
Este
18 de marzo hemos conmemorado, en otro aniversario,
el nacimiento de Gabriela de la Caridad Azcuy
Labrador. Ello ocurrió en Ojo de Agua,
San Cayetano, donde pasó la primera parte
de su vida entre 1865, pues posteriormente se
traslada su familia a la casona de Los Baños
de San Vicente, propiedad de su abuela.
Allí alcanzó la adolescencia y como
amazona inquieta practicó la caza y la
equitación, con tanto desenfado, que llegó
a preocupar a su familia el carácter montaraz
que iba adquiriendo. Por eso fue enviada a La
Habana, a un buen colegio, donde adquirió
realmente una esmerada educación.
Regresó a Viñales ya mujer, joven,
hermosa, que lucía sus galas y sus correctos
ademanes en giras, paseos y bailes, resaltando
su belleza y cultura, pero también sus
ideas liberales. En el campo se imponía
en carreras de caballos y demostraba su puntería
porque sabía tirar muy bien con el revólver
o el rifle.
El doctor Ernesto Labrador la describe así
recordando esa época:
“Era
de elevada estatura, delgada pero envuelta en
carnes, erecta como una palmera de ojos pardos
y expresivos, nariz más bien larga, boca
regular, labios delgados, tez blanca y caballera
dorada, abundosa y tan larga que le llegaba al
suelo”.
Después de la guerra, cuando ya era la
famosa Adela, por su épica trayectoria,
sus 49 combates y sus grados de capitán,
otorgados por el general Pedro Díaz, cuyas
estrellas (y presumiblemente la figura que las
portaba) llamaron la atención del Generalísimo
Máximo Gómez, una nueva descripción
nos la presenta de este modo:
“Es una mujer más bien alta, de color
blanco mate, de ojos pardos, grandes, expresivos,
nariz pronunciada, labios gruesos que dibujaban
al cerrarse un rictus de firmeza; los pómulos
algo salientes, el mentón ligeramente hacia
atrás, y el pelo largo y de un matiz indefinido,
quizás descolorido en la manigua. En fin,
una mujer hermosa, bien proporcionada, de ademanes
delicados y correctos, fácilmente irritable
y de un magnetismo personal asombroso”.
Estas notas de Abel Prieto Morales, prestigioso
educador que la sabe ya Secretaria de la Junta
de Educación en Viñales, nos acerca
más a la Adela que puede insertarse en
las bellas palabras de Armando Guerra, pronunciadas
en sesión pública de la Academia
de Historia, el siete de febrero de 1950.
“Bandera y verso, machete en alto y cabellera
al viento, que tremojan en un soplo y a una sola
emoción, Mujer al fin, pone fe y pasión
como una de las maneras de hacer patria”.
También el poeta pinareño Francisco
Robaina nos habla de “...las maneras dependientes
de la ejemplar criolla, que en lo primaveral de
la junventud la llevaban a recorrer largas distancias
por parajes agrestes y solitarios, dedicándose,
como hermoso pasatiempo, a la recolección
de flores y objetos de la naturaleza, hastas poseer
entonces la más hermosa colección
de helechos indígenas que se pudiera conocer”.
El sabio cubano Don Carlos de la Torre departió
en más de una ocasión con esta “gran
investigadora” como le llamó, por
conocer acerca de los fósiles de la secundaria.
A él lo acompañó Adela varias
veces en su recorridos por la región.
Poseía esta mujer conocimientos de medicina
y de farmacia – que utilizó provechosamente
en sus funciones sanitarias durante la campaña-
y gustaba de la literatura, de manera tan decisiva
que también cultivó la poesía.
Por eso quiero concluir esta semblanza de la patriota
pinareña Adela Azcuy Labrador, con uno
de sus sonetos:
A MACEO, EN EL VIEJO CAMPAMENTO
Aquí
luchó. Las palmas altaneras,/ centenarias,
ciclópeas, más erguidas/ para verle
pasar, estremecidas/ alzaron sobre el monte sus
cimeras.// Los árboles le hicieron sus
trincheras juntando ramas de verdor teñidas,/
y a su paso marcial, entretejidas,/ se formó
un pabellón de enredaderas.// Y con la
nota que el arroyo crea/ juntándola del
pájaro a la nota/ una diana triunfal al
aire onda.// Y hoy en la niebla que en las tumbas
brota,/ sobre el mismo lugar de la pelea,/ !Aún
me parece que se agita y flota!.
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