Granitos de Canela para los que saben querer

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Bárbara Martínez Mena pocos la conocen por ese nombre. Lleva 12 años trabajando para los niños, y a sus 54 abriles canta y baila en los espectáculos como si tuviera 20. Aunque reconoce que a veces termina cansada, le reconforta saber que logra transmitir valores y alegría con sus números.

Así conocí a Canela, una payasita que ha hecho de su personaje una forma diferente de ver la vida.

INICIOS

«Tuve una infancia muy triste. Quedé huérfana de madre a los dos meses de edad y mi papá nos crió sin ponernos madrastra. Él era músico, director de la orquesta Renovación en San Juan y Martínez y desde chiquita me llevaba a las tarimas.

«Nunca viví eso de los cumpleaños, de leer un libro; salté las etapas normales en la vida de un niño. Me gradué en gimnasia rítmica, fui atleta y luego laboré como profesora en la Eide, para después pasar a la parte de Cultura Física y Recreación.

«La pedagogía me abrió un espacio para que el trabajo con los niños se me diera fácil. Empecé animando en Villa Guamá. Un amigo, el payaso Pepino, se me acercó un día y me dijo: ‘Bárbara, por qué no te haces de un nombre artístico’ y dije, como soy mulata, gordita, bajita y me gusta bailar, me voy a llamar Canela. Entonces, con ayuda de mi esposo, creé el personaje. Él es quien hace el arreglo de la música, todo queda en la familia».

¿Qué haces en tus presentaciones?

«Bailo, canto, intento transmitir valores. No agarro al niño para hacer chistes y que se rían los demás, para mí ellos son muy importantes. Tienen que escuchar un cuento, porque conlleva conocimientos, pero si a ese cuento le pones fantasía a través de la música, es una forma diferente de que les llegue el mensaje.

«Yo voy a un cumpleaños y a veces los pequeños están como predispuestos, por eso de que los payasos se pintan con muchos colores y algunos hasta se asustan. Hay otros tímidos, pero con mi manera de trabajar hago que se sumen a lo que hago. Lo disfruto mucho, me fascina mi trabajo.

«Además de hacer espectáculos, visito a pacientes pediátricos ingresados en la sala de Oncología, pues pasé un curso de payaso terapéutico. Es una labor muy diferente, tengo dos días para prepararme, pero me reconforta hacerlos sentir mejor».

¿Crees que el personaje tiene aceptación del público?

«Hasta a los padres les gusta. Siempre trato de dejar los números que más prefieren, pero también de hacer cosas nuevas. Me encanta vestirme y peinarme para notarme, que digan: ‘Ahí va Canela’. La infancia que no tuve la estoy disfrutando ahora y te digo que llegó cuando debía llegar. Me he quedado impactada con la explosión del personaje, a veces estoy agotada, pero pienso que me están esperando y todo se olvida».

¿Tienes alguna inspiración, algún paradigma?

«No me gusta parecerme a nadie, aunque es muy importante escuchar, nutrirse de lo que puedan aportar los demás. Cuando actuaba con el payaso Cocuyo me ponía hasta nerviosa, porque era tan grande y yo tan pequeña. De él aprendí mucho, fue una escuela.

También de Evelyn Gómez, la directora artística de Artex, y de Lázaro, de Artes Escénicas, ambos me han ayudado bastante a resolver las cosas que tenía sueltas.

«Voy a Artes Escénicas para que me asesoren en la parte de teatro, porque no poseo esa base. Con mis compañeros de trabajo he adquirido mucho conocimiento. Somos muy pocos payasos en Pinar del Río, pero funcionamos como una familia. Me gusta hacer las cosas a mi forma, sin copiar, con la ayuda de mi esposo y mi hija. Tampoco me importa que hagan mis números, al final son de todos y a nadie le queda igual».

¿Por qué no abundan los payasos?

«Me parece que eso nace con uno. Hay una escuela mediante la cual te puedes perfeccionar, pero por mucha técnica que adquieras, hacer reír no es fácil y a los niños menos, eso no lo logra cualquiera. Cuando no le llegas a un pequeño te lo dice o te lo demuestra. Ahora hay instructores de arte que se están dedicando a este oficio y los admiro por eso».

Eres parte del sector cuentapropista…

«Sí, tengo un espectáculo para cumpleaños con muñecos que cantan y bailan, un mago y actividades que incluyen romper piñatas, entre otras variedades. El paquete completo es de 150 CUC. Los precios pueden variar en dependencia de lo que soliciten.

«Sé que hay padres que no tienen dinero para pagar un espectáculo del paquete que yo ofrezco, pero te confieso que el dinero no es lo más importante. Por ejemplo, un día estaba en el Bazar y se me acercó una mujer que quería celebrarle el cumpleaños a la hija, me pregunta si soy Canela y con una nobleza me dice: ‘Yo tengo un cochinito allá y lo estoy engordando para eso’. Le respondí ‘cuando usted me llame me recuerda ‘yo soy la mulata del Bazar que empecé a engordar un cochinito para el cumpleaños de la niña’ y me paga con lo que tenga a la mano, como si no lo tiene, yo le voy a hacer su cumpleaños, pero llámeme con tiempo. Yo sé lo que es eso, porque pasé muchas necesidades y no todo el mundo puede destinar dinero para una fiesta».

Pero también te presentas en espacios estatales…

«Hace dos años y medio que estoy en Luces de ciudad todos los sábados a las 10:00 a.m. con el espectáculo Cuando el baúl se abre, dirigido por Evelyn Gómez.

«El mes que trae 31 días me presento en La Piscuala con la peña Granitos de Canela, y el primer domingo del mes en el mismo lugar con Titirivida, en el espacio Había otra vez.

«También actúo en la sala de teatro Virgilio Piñera con el payaso Cocuyo. Ya en el periodo vacacional trabajo en la casa de Artex en Viñales todos los domingos.

«Además, hago un show para adultos que se llama Pinar tonight, me encanta la animación, pero los niños son el plato fuerte».

¿Qué es lo más difícil de tu trabajo como cuentapropista?

«Yo no tengo problemas con los inspectores, porque lo mismo voy a un monte que a la sala de un hospital, que a una escuela, que hago un donativo. Pero a veces haces un trabajo y hay que darle mil vueltas a un papel para poder pagarle a Canela un dinero que al final no es tanto y solo se dificulta por temor a una ley que cambió.

«Por ejemplo, en Turismo no puedo trabajar porque no es la misma forma de pago; sin embargo, he hecho espectáculos gratis en el Hotel Pinar del Río.

«Lo que me golpea es eso, que quiero hacer cosas y se limitan a llamarme por el simple hecho de que no me gradué en la Escuela de Arte y soy licenciada en Cultura Física».

Al preguntarle si piensa dejar de actuar para los pequeños no duda en responder aprisa: «Seguiré trabajando, el día que no pueda levantar el pie, levantaré la mano».

Casi con lágrimas en sus ojos concluye la entrevista, pero la sonrisa contagiosa que posee vuelve a aflorar en su rostro. Así nos despedimos de esta mujer, diminuta de tamaño, pero grande en emociones e ideas que guarda en un baúl listo para hacer soñar a los que saben querer.

Tomado de Guerrillero

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